Europa, Putin y la Mano del Muerto.

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La Mano del Muerto es el nombre que se da a las dobles parejas de ases y ochos en el póker. Este apelativo proviene de la Historia del salvaje Oeste.

Se trata de una vieja superstición entre los jugadores de póker y es que se dice que esa jugada trae mala suerte al que latiene.

La Mano del Muerto recibe tan fúnebre nombre por la forma en que murió Wild Bill Hickok, conductor de caravanas, explorador, espía, agente de la ley y… jugador de póker. Se dice que era norma no escrita entre los jugadores profesionales de póker de esa época procurar sentarse dando la espalda a la pared del local. Al parecer, a Hickok, no le fue posible en esa ocasión observar dicha regla y hubo de sentarse de espaldas a una puerta trasera. Por ella se coló su asesino, un tal Jack McCall le descerrajó un mortal disparo. Según la leyenda, Hickok murió sin soltar las cartas: dobles parejas de ases y ochos, la mano fatídica.

Europa está jugando una peligrosa partida de póquer con Putin y está a falta de que le entre un 8 para tener la Mano del Muerto y no es que Putin vaya ganando, es que Europa apenas se da cuenta del riesgo que corre.

Parece obvio que una buena parte de la culpa de la inestabilidad en la Unión Europea proviene de los despachos de gobierno de Vladimir Putin. Europa, y el mundo, acusa ya sin disimulo al presidente ruso de entrometerse en las elecciones de otros países, de apoyar ataques cibernéticos, de divulgar “noticias falsas” y de los movimientos estratégicos en el tablero bélico mundial de las tropas rusas.

Putin es hoy el hombre más poderoso de la Rusia poscomunista, pero hubo un tiempo, antes de iniciar su meteórica carrera política, en que Vladímir Putin fue un simple y oscuro agente del desaparecido KGB en la extinta Unión Soviética.

Al acabar la universidad, Putin fue reclutado por la agencia de inteligencia y tras una década formándose entre Leningrado y el Instituto Andrópov de Moscú –donde adoptó un apellido falso, Plátov–, en 1985 sería enviado con el grado de teniente coronel a ejercer labores de contraespionaje en Dresde (República Democrática Alemana). Como él mismo ha confesado, los años pasados en la RDA fueron una de las experiencias más trascendentales de su vida.

Quizás fuera en esta época cuando Platov (Putin) aprendiera a jugar al póker, pero sobre todo a manejar los hilos bajo la mesa y a cómo dirigir acciones tendentes a la intervención e injerencia en los asuntos de otros países por no decir cómo, desde la invasión de Crimea, Putin ha promovido el conflicto en la zona, ha violado, de forma repetida el espacio aéreo de varios países europeos y ha llevado a cabo una campaña sostenida de espionaje cibernético.

Mientras esto ocurría la Unión Europea se ha ido manteniendo a fuerza de titulares y buenas intenciones pero cada vez más desunida y criticada por sus miembros, cada vez más amenazada por los populismos de izquierda y derecha que desean eliminarla y cada vez más estática y atenazada por las precauciones diplomáticas que frenan cualquier medida que afecte los intereses particulares de cada país socio.

Europa es, en resumen, un pésimo jugador de póker en una partida trascendental en la que se enfrenta a un jugador de ventaja habituado a los peores garitos y casinos y a los escenarios más complejos. Putin se mueve desde su personalismo con una decisión única mientras que las jugadas de la UE son lentas, necesariamente consensuadas,  pero sobre todo nunca son unitarias siempre hay alguna asintonía si no global si parcial. Y es que en el enfrentamiento con Platov (Putin) Europa resulta de una bisoñez alarmante.

Para muestra un botón: Con la que estaba cayendo, y cae, a finales de Julio de 2016 la UE envió una dura advertencia a Estados Unidos por su plan de imponer nuevas sanciones a Rusia, abriendo una brecha entre los dos aliados sobre cómo manejar la supuesta intromisión de Moscú en las elecciones.

La Unión Europea temía que las sanciones pudieran golpear a las compañías que están involucradas en el financiamiento de un nuevo y controversial gasoducto, el Nord Steam 2, que llevaría gas desde Rusia hasta Alemania, en semejante escenario la UE se plegaba ante Putin.

Una vez más el “oso ruso” manejaba la situación y repartía cartas y Europa estuvo a punto de que le sirvieran el segundo ocho. Por segundos Europa casi tiene en sus manos la Mano del Muerto, pero no fue así.

Pues eso

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