El odio y la venganza

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Una historia que una vez leí, me ha permitido encontrar claridad en muchas ocasiones a diversas circunstancias profesionales que, a simple vista, carecerían de explicación suficiente.

Traigo esta historia a colación, con permiso del lector, porque los tiempos que corren la hace especialmente relevante. El odio, la revancha, la venganza se han convertido en algo habitual, casi un sello propio, de la política española y ante esto cuentos como el que a continuación refiero ayudan a pensar en ciertos aspectos de la actualidad patria:

Un día, después de clase, un niño entró enfadado en su casa. Su padre al verlo entrar lo llamó para hablar. Antes que su padre dijera nada, el niño irritado grito: “Papá, estoy rabioso y cabreado con uno que decía ser mi amigo”. Su padre, un hombre sencillo, escuchaba al niño mientras este seguía con su queja. “Este “supuesto” amigo me ha humillado delante de mis amigos. ¡Ojalá le pasase algo malo!”

El padre escuchó al chaval callado mientras cogía una bolsa de carbón. Llevó la bolsa hasta el patio y le dijo a su hijo: “Mira te propongo algo. Imaginemos que aquella camisa blanca que está colgada es tu amigo y que cada trozo de carbón es un pensamiento malo que tú le envías. Quiero que tires este carbón a la camisa y dentro un rato volveré para ver como queda”.

Al niño le pareció un juego divertido, la camisa estaba colgada lejos y pocos trozos acertaban al blanco. Al fin, el padre volvió y le preguntó: ”¿Qué?, ¿cómo vas?. El niño le contestó: “Estoy cansado, pero feliz porque he acertado con algunos trozos de carbón en la camisa”. El padre miró a su hijo, que no entendía el por qué de aquel juego y dijo: “Ven, quiero que veas una cosa”.

Ambos fueron hasta su cuarto y le pidió al hijo que se mirara en un espejo. De repente el niño se dio un susto enorme, no se reconocía, solo conseguía ver sus dientes y ojos, estaba todo ennegrecido y sucio.

Su padre entonces le dijo: “Viste que la camisa casi no se ensució….
ahora fíjate en ti mismo”.

“Todo lo malo que deseamos a los otros acaba como lo que te pasó a ti. Aunque la venganza, la grosería, la mentira, el insulto, nos haga sentirnos algo mejor momentáneamente, nosotros quedamos mucho más manchados”.

Entenderá el lector que haya traído esta historia a colación, y es que algunos políticos en este país se mueven manchados de carbón y apenas lo saben. No pasa un solo día en el que el odio no forme parte del discurso o acción de nuestros actores políticos. Ya sea desde los parlamentos o asambleas, la calle, los medios o incluso los juzgados, el odio y la venganza trascienden lo correcto y lo que es peor la verdad y con ello se saltan lo democrático.

La mediocridad de muchos personajes de nuestra política ha hecho que como toda respuesta el “y tú mas” sea todo lo que tengan que decir en determinadas ocasiones.

En cualquier caso la venganza se vuelve algo más abyecto cuando, como en más de una ocasión, va acompañada de la mentira y la difamación. Es entonces cuando “el carbón” mancha aun más y huele aun peor.

Últimamente mas de uno ha optado por tratar de cubrir culpas lanzando cortinas de humo que ciertos periodistas compran en su permanente búsqueda de titulares y escándalos. Hay mucha bajeza en esta práctica, pero lo peor es que hay gente dispuesta a tragársela.

En más de una ocasión la dictadura del titular está haciendo que la ética periodística desaparezca a favor de los intereses espurios de algunos personajes. La falta de criterio ha llegado a comprometer incluso la discreción en las vistas de algunos juzgados que se convierten en altavoces para el político que busca venganza aunque sea a costa de engañar a la opinión pública dando titulares que le alejen de su verdadera responsabilidad y culpa. Lo malo es que algunos periodistas se lo compran, sabe Dios por qué o por cuánto.

No es censurable escribir buscando rentabilidad para su medio, pero el periodismo debería exigirse ser ejemplo de ética siendo más crítico con lo que publica. Hay demasiados intereses creados entre ciertos políticos y cierto periodismo que en ocasiones diseminan información cuestionable, cuando no mentiras.

La venganza para algunos políticos, o incluso generar cortinas de humo aunque sea a base de mentiras o de masacrar como persona al contrario, o al compañero, requiere no solo de falta de escrúpulos por parte del político sino de la complicidad de cierta ralea de periodistas y medios.

Es por eso que no siempre lo que se lee en ciertos medios es la verdad. Algunos medios saben incluso que ni se acercan a ella pero prefieren el titular grueso, si con eso dan altavoz a esa cortina de humo del político y su medio gana algunos lectores ávidos consumidores de escándalos, antes que a saber y difundir la verdad.

Maquiavelo era un fiel defensor de que el fin justifica los medios, ya fueran éticos o no. Si alguien siente curiosidad por entender este principio le aconsejo que lea el capitulo VIII de “El príncipe”. Un capitulo de excepcional actualidad incluso desde su título (“De los que llegan al principado mediante crímenes”) en el que Maquiavelo habla del buen y mal uso que se hace de la crueldad.

Pues bien, hoy Maquiavelo se vería superado por la actualidad política española.

Pues eso

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