Sánchez o como no gobernar bajo el influjo de la luna de sangre

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“Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes de que venga el día grande y espantoso de Jehová”.

La luna de sangre de la semana pasada agitó España que vio en el fenómeno astronómico un motivo, nuevo y estimulante, para hablar de algo que no fueran Sánchez, Casado, Iglesias y demás monótonos protagonistas de la machacona actualidad política y mediática del país.

Como si de algo mágico y excitante se tratara, la luna y su efecto astronómico se coló en nuestras vidas y nos hizo salir a las calles en busca del astro y su ocultación unos con el afán de ver en ello una premonición otros simplemente deseosos de ver un espectáculo único del que al día siguiente hablar, algo que no fuera lo de siempre, lo lamentablemente tedioso de nuestra cotidiana realidad.

La luna de sangre fue espectacular pero tiene en su haber numerosas predicciones, visiones y profecías muchas de ellas concentradas en teorías sobre el fin del mundo.

España, lamentablemente, pareciera estar en estos días bajo la sombra de la luna de sangre y como si de la frase bíblica se tratara, si nada ni nadie lo frena, un apocalipsis político puede estar acercándose.

El artero Sánchez comienza a ser víctima de su propia mentira y debilidad y con él, lamentablemente, toda España. Ya no es que use los aviones del Estado para ir a festivales de música que eso más que ilegal es zafio y hortera. Ya no es que se haga fotos e incluso que las prepare para dar la impresión de lo que no es, un hombre de Estado. Y tampoco es que sea incapaz en estos meses que lleva de gobierno de dar una sola conferencia de prensa, él que tanto se quejaba del plasma de Rajoy.

No, el problema es que sus socios polemistas y secesionistas han iniciado ya la cuenta atrás para arrastrarle a él y su gobierno a una mesa, de negociación inmediata.

Por su lado los polemistas quieren forzarle a tomar posturas mucho mas cercanas a su ideario nacional populista. Podemos le da a Sanchez un mes para que ceda en el deficit o se lanzará a degüello contra el advenedizo presidente.

Para materializar esta amenaza y conscientes de que el Gobierno podrá llevar nuevamente al Congreso el techo de gasto, en un plazo de 30 días según marca la ley de 2012, los podemitas tomaron la decisión de tumbar en la primera votación la propuesta diseñada por la titular de Hacienda. Este movimiento no es más que “un aviso a navegantes” y la presión para que los socialistas buscasen su apoyo y se sentasen a negociar.

Por su lado Puigdemont avisaba a Sánchez, con carácter de ultimátum,  que se pusiera inmediatamente a hacer los “deberes pendientes” porque su “periodo de gracia se acababa”. Justo el mismo día, la portavoz del Gobierno socialista, Isabel Celaá, aseguraba que el Gobierno estaba encontrando “reciprocidad” en el dialogo con el Govern y en el inefable Quim Torra, a la vez que aseguraba que el Gobierno de Sánchez era “autónomo y no sentía ninguna amenaza, ni era objeto de chantaje por parte de nadie”. Alguien miente o no dice la verdad.

El cambio de gobierno ha abierto un nuevo escenario. El PSOE necesita a los independentistas y populistas para gobernar y los independentistas y populistas son conscientes de la debilidad de Sánchez y, por ello, de su propia fuerza. En otras palabras España se encuentra amenazada por los que buscan su parcela de poder sabedores de que Sánchez es un presidente absolutamente débil con apenas 84 diputados fieles y por los secesionistas que van a los suyo y lo suyo es destrozar España.

La revista británica The Economist acaba de considerar que sería “sabio” que se convocaran elecciones anticipadas en España, porque el país “no puede permitirse dos años más sin hacer nada”, dada la minoría parlamentaria del Gobierno.

Así lo destaca la publicación en un artículo titulado “Lecciones españolas”, que lleva como subtítulo “un país que superó la crisis del euro corre riesgo de quedar paralizado por sus consecuencias políticas”.

Es verdad, España está nuevamente en riesgo y la llegada de la luna de sangre hace que la premonición ajuste la realidad. Mejor no esperemos pues a que “…venga el día grande y espantoso de Jehová” y confiemos en que este paso, caprichoso y frívolo de Sánchez por el Gobierno, acabe pronto en unas elecciones aunque como él mismo le dijo a Iglesias hace unos días “haga que vuelva la derecha”.

Mejor que sean los españoles quienes decidan y no los juegos de salón en los pasillos del Congreso.

Pues eso

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