Aquella última cena en Dallas hace 55 años

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El pasado día 22 de Noviembre se cumplieron 55 años de la muerte de John F. Kennedy. Aquel 22 de Noviembre de 1963, mas o menos a las 12:30, y mientras su coche circulaba por la plaza Dealey de Dallas, Texas, dio comienzo la mas extensa saga de teorías conspiratorias que sobre un magnicidio la historia puede contar.

Mucho se ha escrito sobre este hecho y mucho es lo que he leído sobre el mismo, confieso que es un tema que me fascina y sobre el que vuelvo recurrentemente. No sé porqué, quizás es morbo, pero a fuerza de leer e investigar sobre el tema, uno cabalga sobre una de las partes mas oscuras de la historia americana que indefectiblemente me atrae como un imán.

Aquel asesinato de hace 55 años se saldó con una investigación oficial, la Comisión Warren, que nunca quiso buscar la verdad sino zanjar un tema escandaloso del que los americanos de la época difícilmente hubieran podido digerir la verdad de haberles sido expuesta.

Al hilo de este aniversario he pensado que dar una pincelada diferente sobre el magnicidio y no repetir lo de siempre podría resultar mas interesante. Una pincelada desde la perspectiva de un enigma poco conocido y explicado.

De todas las historias en torno a este asesinato hay una en especial que, según he podido comprobar. muchos investigadores refieren como verídica y significativa, -una cena que la noche anterior se produjo en Dallas en la que se reunió una caterva de personajes y enemigos de JFK-, muchos lo negaron pero pocas dudas quedan ya sobre que se produjo.

A aquella cena fueron invitados una serie de personalidades así como cierta serie de acompañantes femeninas que acudieron para compañía y solaz de los caballeros. Entre estas mujeres acudió Madeleine Brown una testigo presencial de aquella cena que solo fue capaz de hablar en televisión cuando la mayoría de los que atendieron la misma habían muerto, tal era su miedo por las amenazas recibidas.

Según Madeleine Brown, íntima amiga de Johnson, el Vicepresidente asistió con ella el 21 de noviembre a aquella soirée privada en casa de Clint Murchinson, magnate petrolero de Dallas. Al finalizar la cena Johnson pronunció una frase enigmática quizás fruto del alcohol pero que todos escucharon y durante años recordaron: ‘A partir de mañana esos malditos Kennedy no serán más un problema’”.

En círculos del gobierno y de íntimos de los Kennedy se conocían en 1963 los crecientes enfrentamientos con Johnson. Se aseguraba que iba a denunciar sus corruptas conexiones y dejarlo fuera de la candidatura para los comicios de 1964. Se hablaba también de procesarlo.

Quizás el testimonio mas afinado sobre aquella cena sea el del investigador Carl Oglesby que aseguro que las pruebas que recabó ubicaban también a Nixon junto al vicepresidente Johnson en aquella cena en Dallas la víspera del crimen.

Nixon trató de negar en principio su presencia en Dallas aquel día pero Carl Freund, del diario Dallas Morning News, entrevistó a Nixon el propio día del magnicidio. El autor intelectual del famoso Watergate aseguró allí que Kennedy excluiría a Lyndon Johnson como Vice de la candidatura en 1964 y arremetió contra el Presidente por las demostraciones raciales: “ofreció más de lo que puede realizar”, dijo. El diario agregó que Nixon asistía allí a una reunión de la compañía Pepsi Cola y que se hospedó en el hotel Baker.

Prueba irrefutable de la presencia de Nixon en Dalla el día anterior es que The Dallas Times Herald publicó la víspera del magnicidio una foto de Nixon y Donald Kendall, presidente de la Pepsi Cola- Ante las pruebas documentales, Nixon tuvo que admitir que estuvo allí invitado por Kendall.

El libro “El último testigo” recoge las confesiones de Billie Sol Estes, un millonario financiero ligado al político texano, sancionado por los tribunales después de ser investigado por Robert Kennedy, entonces Fiscal General. Estes dijo que Johnson le obligó a silenciar los negocios sucios que hacía para ambos.

Oglesby denuncio en -The Yankee Cowboy War- la presencia en esa fiesta, además de Johnson y Nixon, de J. Edgar Hoover, director del FBI; Allen Dulles, ex director de la CIA; el millonario petrolero H.L. Hunt; John Connally, ex gobernador de Texas; el general Charles Cabell y su hermano Earl, personajes todos que odiaban a JFK. Pero también parce ser que asistieron algunos agentes de la CIA que, según los investigadores históricos, curiosamente se incorporaron a la comitiva presidencial al día siguiente en calidad de miembros del servicio secreto, cuando se sabe que este servicio fue extrañamente retirado por sorpresa.

JFK había cesado el 1 de febrero de 1962 a Cabell como subdirector de la CIA lo que le convertía en un mal enemigo para el presidente. El general habría tratado de obligar a Kennedy el 19 de abril de 1961 a autorizar el empleo de los cazas de un portaviones estacionado cerca de Cuba que, según él, podían cambiar el curso de la invasión de Girón en minutos.

Aquella cena pudo ser una cena de coordinación como mencione antes o no. En ella un personaje vital fue Howard Hunt persona a la que la CIA había puesto a la cabeza de la Fuerza de Tarea W, a fin de dirigir los complots para asesinar a Fidel Castro y que pudo haber jugado junto con David Morales, el más reconocido asesino dentro de la CIA, el rol principal en organizar el asesinato de Kennedy.

En el año 2004 Hunt dictó sus revelaciones en un video a su hijo St. John, quien se lo había pedido cuando sintió cercana la muerte de su padre por un cáncer.

Hunt manifestó que Frank Sturgis, uno de los “plomeros” de Watergate, lo invitó a una reunión clandestina de la CIA en la cual estaba presente Morales y discutieron sobre el gran evento, que después supo era un complot para asesinar a Kennedy. Hunt admitió crípticamente que participó, pero “como un jugador de reemplazo”, pues tenía reparos.

Según Hunt, aunque los agentes con los que se reunió apuntaron a que Bill Harvey, otro agente que había trabajado codo con codo con “El Indio” Morales en el proyecto ZR/Rifle, uno de los más conocidos intentos de acabar con la vida de Fidel Castro, jugaba un papel central en “el Gran Evento”, dejaron claro que la cadena de mando llegaba hasta posiciones mucho más elevadas. Morales insistió en que el mismo Lyndon B. Johnson, estaba colaborando en el complot.

Muchos son los que creen que Hunt encubrió al que se cree que fue en realidad el autor intelectual del asesinato: Allen Dulles, el director de la CIA entre 1953 y 1961 presente en la cena de Dallas. ¿Quién sabe?.

La realidad es que las presiones del FBI y la CIA evitaron en 2017 la divulgación de los documentos más comprometedores por motivos de “seguridad nacional” cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, permitió la publicación de mas de 2800 documentos, hasta ahora clasificados, sobre el asesinato de John F. Kennedy.

¿La verdad…? Como dijo una vez Manuel Vicent “El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla”.

Pues eso

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