Siervos de la política hortera

Bocazas, vocingleros, parásitos sin oficio ni beneficio, acosadores a sueldo de algún partido, en una palabra horteras del asedio personal, forman el ejército de perseguidores oficiales y hostigadores que algunos partidos utilizan oficiosamente para sitiar e insultar al contrario, al investigado o al sospechoso oficial.

Se les ve persiguiendo el disgusto de algún candidato electoral que se permite pensar lo contrario a ellos, gritando y amenazando, como en el caso del miserable incidente que sufrió Begoña Villacís el pasado día de San Isidro.

Se les ve también colocados a la entrada de los juzgados para, sin rubor, insultar hasta la saciedad al investigado o al acusado en el juicio y a sus familias sin apenas ceder espacio alguno a la duda razonable, a la presunción de inocencia. Son simplemente horteras despreciables sin oficio ni beneficio.

Parece ser que algunos de estos amigos del insulto y la lapidación verbal reciben subvenciones oficiales por parte de algún ente público como así lo dejan claro algunos medios. En concreto el Ayuntamiento de Madrid contrató a dedo por 48.607 euros a una cooperativa de asesoramiento de la que forman parte los responsables del repudiable ataque a Villacís, eso que ahora llaman escrache, y claro de agradecidos es acosar.

Es lamentable comprobar que las hordas de acosadores que campan impunes por nuestras calles a la espera de victimas estén al servicio de según que políticos.

Gente absurda, estas hordas de “escracheadores”, que, como zombis sociales, por no hacer no hacen mas que esperar instrucciones del líder de turno para atacar, insultar o agredir.

Pero claro ¿que se puede esperar si el ejemplo en el que éstos se miran se concentra en un Congreso de los Diputados lleno de odio y malas formas, de una caterva de mal educados o de gente que solo desea el mal del contrario?.

El espejo de nuestra sociedad, aquello que conformamos con nuestro voto, es de un tiempo a esta parte simplemente impresentable. Presumen algunos de juventud y de estar dando un cambio a la política en España y resulta triste comprobar como verdaderamente este cambio lo conduce gente sin oficio, casi sin estudios, sin experiencia laboral. Gente que nunca supo lo que es una nómina y que está decidida a vivir del pueblo mientras el pueblo les siga embobado.

No nos asombremos pues de que la calle termine imitando a su político de referencia, a su carismático líder, pues es lo que ve.

La política hortera ha invadido la opinión publica y ha logrado transformar en vasallos a los convertidos ideológicos que en su día fueran votantes. La política hortera solo podía generar manadas de vasallos horteras que pastorean políticos con afán de llegar a cualquier precio y así nos va.

La protesta de algunas supuestas plataformas de afectados de algo es en realidad acoso, y muchas veces afecta a la vida privada de quien la sufre. Lamento pensar que es dolor y angustia lo que se busca en el contrario, pero de hecho es así. La lista de los que han sido increpados es infinita.

El escrache está casi siempre fuera de las normas democráticas porque se acosa a personas elegidas y señaladas, a personas a los que los políticos apuntan como enemigos de lo público o culpables de los males de la sociedad. Estos investidos de revolucionarios jacobinos, con su oratoria señalan los objetivos de los enfervorizados y los lanzan dispuestos a segar cabezas o al menos a cobrarse su terror y miedo.

Hay todo un debate jurídico abierto sobre la legalidad o ilegalidad de este tipo de protestas pues no todo vale, máxime cuando se trata del ataque personal. En mi opinión, mas allá de si es legal, estos asaltos al honor, a las personas y a las familias es cosa de miserables, me da igual si la ley les da patente de corso bajo el paraguas de la libertad de expresión, son simplemente mezquinos, tanto como quien los induce, ocupe éste el cargo que ocupe.

Esta práctica ataca al entorno personal y familiar de quien los sufre, y esto no es solo injusto, es repugnante. Algunas afirmaciones realizadas contra algunos atacados durante los escraches, fácilmente son constitutivas de delito contra el honor o la dignidad de la persona pero, por lo visto, la justicia se hace la ciega o está ausente en estos casos.

La ironía hace que algunos políticos den ejemplo de su miseria, Los escraches son el jarabe democrático de los de abajo, llegó a argumentar Pablo Iglesias,  el mismo que en los últimos tiempos ha denunciado amargamente los ataques a el y su familia y su “pérdida de intimidad” desde que saliera a la luz su adquisición inmobiliaria.

También Manuela Carmena, que quiera o no sigue siendo la líder de la marca blanca de Podemos en la capital de España, defendió con uñas y dientes en 2013, en el programa ‘El Gran Debate’ (Telecinco) que se hicieran este tipo de actuaciones en contra de los políticos. Según la cofundadora de Jueces para la Democracia:

“Los escraches son protestas necesarias, que indican la vitalidad de una sociedad que se defiende ante una situación injusta. Hay que comprender, respetar y analizar. Son ejercicios del derecho de protesta. Los escraches es ir a protestar delante de los políticos, en sus domicilios, donde estén. Es algo correcto, está bien y es necesario”

Lo dicho la calle, por mas que quieran, no es sabia. Los “escracheadores” son gente que rema al ritmo que le marcan los tambores de guerra de los políticos del odio y eso hace que la política hortera tenga a su disposición vasallos horteras que pastorear, lamentable sí, pero es lo que hay.

Pues eso

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