Una sociedad enferma

Tres chavales se retan a «estrangularse» hasta llegar a la mayor asfixia posible, una mujer se suicida por no poder soportar el escarnio entre los compañeros de trabajo por el reparto masivo en redes de un video de carácter erótico y personal … No cabe duda, la sociedad ha enfermado. Es inmadura, no camina en la buena dirección y el uso rastrero de las redes sociales nos precipita al vacío.

Esta es una sociedad en la que lo material se convierte en una obsesión desmedida, donde el tener se convierte en un pensamiento alienante, donde poseer vale más que ser, donde el egoísmo, la envidia, la discriminación y la competencia destruyen los sentimientos de solidaridad humana. 

Es esta una sociedad donde se rinde culto a la belleza física, que utiliza el alcohol y las drogas en forma excesiva para superar la ansiedad creada por la permanente competencia. 

Una sociedad en la que también la violencia institucional y política tiene su reflejo en la calle y esta lo transforma en odio y lo canaliza a través de las redes sociales abriendo un mundo sin límites a los acosadores virtuales escondidos tras el anonimato, tras la oscuridad que facilitan las redes digitales como si de una droga se tratara.

Yonkis del tuit, se colocan al margen de los valores y principios y asaltan a quien ose criticar algo que ellos fomentan. Bosques virtuales llenos de trolls dispuestos a asaltar a cuantos consideren enemigos o contrarios a sus absurdas formas de pensar.

Pero también junto con estos existe una caterva de violadores y acosadores virtuales que escondidos tras la tapa de un ordenador se dedican a violar el umbral de los hogares y violentar la intimidad de la gente. 

Parecen tener un especial gusto por agredir desde los teclados a niños y mujeres y débiles de carácter, simplemente por el placer de hacer daño, gente que, con sus acciones, explican perfectamente de dónde y por qué surgen los asesinos y violadores que en el mundo son.

En resumen, nuestra sociedad sin duda debe estar incluida, por derecho propio, dentro del diagnóstico de enferma. Esto cada vez es más evidente si observamos hasta que punto se refleja esto en el acoso o el bulling entre chicos en edad escolar o cuando una mujer no puede soportar la presión del comentario, la violencia de la burla, la mirada soez, y decide quitarse la vida, y todo por un whatsapp.

Es entonces cuando uno se da cuenta de la descomposición social que nos ahoga, donde los principios se han perdido y en la que se han tergiversado los valores morales como la honestidad, la decencia y el respeto.  

Pero siendo esto así, la vergüenza toma cariz de vomitiva cuando, con el cadáver de la mujer suicidada aun caliente, uno se entera de que el video, erótico lo llaman, de la joven Verónica se ha convertido en uno de más buscados en algunas de las páginas porno mas famosas.

No existe un control eficaz en las redes, quizás no se quiera, y es que hay delitos “de palabra y obra” que nada tienen que ver con la libertad de expresión: las injurias, las calumnias, las amenazas, la incitación a la violencia, el asalto a la intimidad… 

Pero hay más en lo que cada día se ve en Twitter que no rozando el Código Penal, simplemente denota un clima social de gente de cordura discutible, de frustraciones sin digerir, de vísceras y sectarismo. Justo lo que no puede perseguir la Policía, pero que expone con toda crueldad las conductas y actitudes más amorales dando fe de como la sociedad ha enfermado con el progreso de las comunicaciones.

Los cada vez más abundantes delincuentes twitteros atrapados por la Policía no frenan a los imbéciles escondidos bajo un sobrenombre, como si eso fuera la capucha de un ladrón de bancos, cuando, sí se busca, se pilla a cualquiera, porque hay pocos hackers y sí muchos tontos con su IP en ristre.

Los comentarios violentos invaden internet. Los especialistas ya hablan directamente de que se trata de la expresión de una sociedad enferma que favorece personalidades con carencias afectivas y frustraciones.

Las agresiones verbales en las redes sociales son cotidianas. Afectan a famosos y desconocidos, adolescentes y adultos. Son tantos los comentarios hirientes, discriminatorios o violentos que la tendencia ya tiene nombre: Fenómeno Hater (odiador).

Sin embargo, la aparición de estas actitudes psicopáticas de odio es, en cierto modo, el reflejo de lo que a diario se ve en la política, tanto nacional como internacional. 

“Si lo hace Trump porque no lo voy a hacer yo” podría ser el argumento justificador del hater. 

Lamentablemente mucho de ese odio parte de aquellos que parecieran llamados a ser espejo de la sociedad pero que travestidos en vulgares catetos usan las redes para dar continuidad a su perfil más zafio y palurdo, es lamentable y nada aleccionador pero muy atractivo para los flojos de carácter con grandes déficits de personalidad.

Las redes han llegado para quedarse y en su teoría son un enorme avance para la sociedad, pero a la vez un enorme peligro para sí misma. 

Los cuervos y las alimañas del género humano han encontrado en las redes la herramienta perfecta para su lamentable exposición al mundo, eso sí convenientemente ocultos en la oscuridad del anonimato. Por su acción desproporcionada inducen al miedo, el acoso, el ataque personal, la angustia y la muerte. 

De aceptar que los gobiernos no solo no son capaces de poner coto a esta situación, sino que con sus actos los políticos lo fomentan, estaremos aceptando no solo que la sociedad está enferma, sino que el virus está inoculado en nuestra raíz y lo que es peor, que no hay remedio para ello.  

Pues eso

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