Cuando Stalin ordenó asesinar a John Wayne

John Wayne, cuyo verdadero nombre era Marion Robert Morrison, nació el 26 de Mayo de 1907 en Winterset, Iowa, lejos muy lejos del Valle de la Muerte, del far west, de Arizona y de Lorsburg, Nuevo México que era el destino de aquella diligencia que le hiciera famoso y que iniciara su meteórica carrera como rey incuestionable del oeste fílmico.

John Wayne de niño tenía un perro Airdale, ambos eran inseparables. Un bombero local, viéndolos vagar por las calles de Glendale, les dio un sobrenombre que le acompañaría hasta el día de su muerte. Fueron llamados “Big Duke” y “Little Duke.

Tras rodar “el último pistolero”, su última película, falleció. Por ironías del destino es la historia de un viejo pistolero al que se le diagnostica cáncer y poco tiempo de vida.

El Duke murió el 11 de Junio de 1979 en Los Ángeles. El martes pasado se cumplieron 40 años desde entonces.

Se preguntará el lector y con razón como un blog dedicado a la política trae a John Wayne a sus páginas. Dos son las razones, la primera es que Wayne y Charlton Heston son mis mitos infantiles y sus imágenes me han acompañado siempre hasta la fecha.

John Wayne era el tipo que todos los chicos queríamos llegar a ser, y con el que todas las chicas querían casarse. Su manera de expresarse, de andar, de montarse en un caballo mustang que a su lado siempre parecía pequeño, toda esa fortísima impresión visual me resultaba muy atractiva y fraguó en mi un ideal americano equiparable a la coca cola, al winchester, al séptimo de caballería, lo convirtió en uno de mis iconos .

Por otro lado el Duke también fue un hombre involucrado en política.  Mantuvo siempre una postura conservadora y apoyó las políticas anticomunistas de la década de 1950. Fue un ferviente defensor de Richard Nixon, incluso después del caso Watergate y ambos mantuvieron una amistad que duró hasta la muerte del actor. Cualquiera comete un error

Cuando Wayne falleció, Nixon declaró que “los papeles que interpretó y la vida que vivió inspirarán a los americanos durante generaciones”.

A Wayne le gustaba debatir con Paul Newman sobre política, quien le enviaba textos de escritores progresistas. Además, se enfrentó a Jane Fonda por su discurso anti-guerra de Vietnam.

Pues bien todos sabíamos que John Wayne no sólo podía con apaches y comanches, sino que también se enfrentaba al clan Burdett ayudado sólo por tres amigos pintorescos, retaba al temible Liberty Valance por un filete, se batía en duelo al galope contra cuatro adversarios -disparando con ambas manos mientras sujetaba las riendas con la boca- y sorteaba las mil y una trampas diabólicas que le tendía el vietcong. Lo que probablemente ignoraban muchos es que también tenía capacidad para hacer temblar los cimientos de la Unión Soviética y por eso Stalin encargó a la KGB el asesinato de tan peligroso enemigo.

Según Michael Munn, que escribió en 2003 John Wayne: The man behind the myth, fueron muchos los planes de Stalin para acabar con John Wayne. Munn explica que esta información llegó a sus oídos de boca del director ruso Sergei Gerasimov realizador de algunas películas del llamado realismo socialista, condecorado con la Orden de Lenin, la Orden de la Revolución de Octubre, la Orden de la Estrella Roja, tres premios Stalin durante el período estalinista, en pocas palabras: una fuente de crédito.

Pero ¿Llegó Stalin a emitir una orden concreta sobre el asesinato del actor o todo quedó en un comentario morboso de los muchos que solía haber en ese sentido? ¿Interpretó el ministro Beria, el asesino de “La Gran Purga” del régimen estalinista, al pie de la letra las instrucciones de Stalin y tomó la iniciativa por su cuenta, como otras veces? Imposible saberlo pero hay muchos testimonios en este sentido.

Lo que sí es cierto es que en 1951 el FBI informó al legendario cowboy cinematográfico de que se acababa de descubrir a agentes soviéticos infiltrados en Hollywood con el objetivo de atentar contra él. Pero lo más alucinante fue que la potencial víctima, de acuerdo con los federales y como si estuviera en una de sus películas, organizó una trama mano a mano con el guionista Jimmy Grant para ofrecerse como cebo y capturar a los asesinos.

También parece ser cierto que durante el rodaje de Hondo el Duke sufrió un atentado frustrado por parte de miembros de grupos comunistas estadounidenses y en 1966 fue objetivo de un francotirador durante su visita a las tropas estadounidense en Vietnam. También salió indemne.

Wayne, como he comentado antes, falleció hace 40 años a los 72 años de un cáncer. El rumor atribuye la muerte a la radiación a la que estuvo expuesto en 1956 durante la filmación de la mega-producción de Hollywood El conquistador de Mongolia, dirigida por Dick Powell y rodada cerca de un campo de pruebas nucleares en Utah. Del total de 220 integrantes participantes en el filme, 91 habían desarrollado hacia 1981 algún tipo de cáncer. La Casa Blanca siempre lo negó.

Antes de morir el Duque dejó dicho que quería un simple epitafio en castellano grabado en su lápida: “Feo , Fuerte y Formal”, pero su deseo nunca se llevó a cabo. El Congreso de Estados Unidos le honró con la concesión de una medalla (a título póstumo), un honor compartido por muy pocos en la historia de EEUU.

En ella solo hay una única leyenda: “JOHN WAYNE, AMERICAN”

Curioso conocer que política, mitos cinematográficos y historias de espías se entremezclan siempre incluso haciendo de los héroes de niñez, de tus mitos personales, personajes aun mas grandes y mas admirados.

Pues eso

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