Yira…, yira… Verás que todo es mentira…

En el corazón de nuestra democracia saturada de política hay una paradoja moral. Los políticos gastan miles de euros en las elecciones para convencernos de confiar en ellos comprometiéndose con la responsabilidad de gobernarnos. Pero obviamente la lucha febril por los votos virtualmente les obliga a mentirnos. 

Debido a que mentir inevitablemente socava la confianza, incluida la confianza de los ciudadanos en sus líderes y en el gobierno en general, tenemos motivos para preocuparnos por la creciente falta de honradez de los compromisos políticos en nuestro país. 

Como están demostrando las idas y venidas de los pactos y los engaños a su electorado de los distintos partidos, una cosa es prometer y otra cumplir. Hoy prevalece lo oportuno sobre lo justo, la conveniencia a la verdad, el tejemaneje al compromiso.

Es esta una circunstancia que me recuerda a una escena de la película Something’s Gotta Give (Cuando menos te lo esperas). Tratando de asegurarle a Erica (Diane Keaton) que siente algo por ella, Harry (Jack Nicholson), personaje conocido por su aversión al amor, declara con seriedad: “Siempre te he dicho una versión de la verdad”.

Eso y no otra cosa es lo que hacen los políticos españoles en campaña y en los meses siguientes nos dan la versión real de su verdad. 

Al ver lo que los políticos hacen con nuestros votos y la “merde” en que los convierten a fuerza de mercadear con ellos, los votantes finalmente nos encontramos ante un dilema que nos acompaña cada vez que, por su conveniencia, los políticos nos llaman a votar: Queremos creer lo que escuchamos, pero es obvio que sabemos que la mayoría de las “versiones” de la verdad que nos cuentan son, o serán, mentiras.

Por lo visto en estas negociaciones interminables de pactos, en nuestro país mentir distorsionando los hechos o la verdad toma muchas formas. Tan pronto juras que no pactarás con independentistas, que pactas con ERC y Bildu, herederos de ETA, si eso te da el gobierno. O simplemente vendes la idea de cambio sobre los Gobiernos Autónomos y Ayuntamientos, pero cuando llega el momento niegas la mano a quien debe hacerte cumplir con el compromiso. O simplemente te metes a negociar con otros partidos y en 24 horas cambias lo dicho y te olvidas de lo prometido.

Hay algo que comparten todos los tipos de mentiras en la política española y es que siempre son intentos de manipular las creencias, los valores y los principios de las personas, de inducirlas a aceptar como lógica una reclamación partidista de poder. Para los propósitos del manipulador la verdad no es necesaria, solo hay que sugerirla, pero no respetarla.

El manipulador político siempre estará tratando de engañar a la audiencia para que piense en que la fórmula elegida por él responde a algún argumento de campaña utilizado en elecciones y, por lo tanto, debe creerse a pies juntillas, cuando en realidad no debería hacerlo, pues el político solo sabe de ambición y poder y poco le interesan las reclamaciones sobre la falta de verdad.

Este sistema de pactos interminables en los que prima, no la necesidad de España o su bienestar, sino las razones particulares y de partido y la lucha por el poder, cuestiona la formula de partidos en España y la necesidad de un cambio en el sistema electoral español.

Como si de un patio de colegio se tratara los políticos juegan con el futuro de España de una forma intolerable. Ni siquiera entre los que tanto se alegraron la noche del 26J hoy existe acuerdo visible. Al final pactarán unos para gobernar en España y otros para hacerlo en la Autonomías, pero la verdad es que los pactos serán débiles, antinatura y forzados por la ambición de poder mas que por el bien de los ciudadanos.

Podemos quiere ministerios, Vox concejalías, Sánchez su Moncloa, Rivera machacar al PP y Casado mantenerse ante los suyos. Cualquier cosa menos la palabra España y si no, miren lo sucedido en Navarra donde el PSOE prefiere pactar con los herederos del terrorismo etarra olvidando incluso a sus propios asesinados. Pactar es bueno, traicionar es de miserables.

Para pactar hay que ser generosos y llegar a las negociaciones abiertos y eso es precisamente lo que le condena a este país.

Los líderes políticos que comercian con falsas representaciones y verdades a medias parecen ignorar el hecho de que mentir a los ciudadanos a los que sirven, o buscan servir, viola el principio básico de que, engañar a otros es inmoral.

Lo que está mal con el engaño es que es una traición a la confianza. No puedes engañar a alguien a menos que confíe en ti y que crea que eres sincero con él. Cuando el político logra engañarnos, explota esa confianza, utilizando a esa persona para sus propios fines. En la vida de un país, tales traiciones debilitan o destruyen las relaciones de confianza esenciales para nuestras instituciones y eso redunda en la salud de nuestra democracia.

La salud de una democracia depende en parte de la capacidad de sus líderes para reunir apoyo popular sincero para sus políticas, y eso requiere una confianza generalizada en esos líderes. De hecho, la confianza de los ciudadanos es uno de los activos más valiosos de un político. Pero mentir a los electores desperdicia esa confianza y disminuye su capacidad para liderar. Y esto va para todos los que dicen estar pactando en nuestro nombre, queda dicho.

Como dice el tango Yira Yira escrito en 1929 por Enrique Santos Disciépolo:

Verás que todo es mentira
Verás que nada es amor
Que al mundo nada le importa
Yira… yira…

Pues eso

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