La conjura de los necios

Con los tontos hay que tener cuidado. Sobre todo, cuando tienen el poder en sus manos. En los últimos tiempos el ser humano ha probado que aun siendo capaz de reconocer el peligro que supone poner al mando de los países a locos caóticos y a enajenados, también es capaz de avanzar temerariamente hacia ellos esperando que al hacerlo él y sus hijos no se verán afectados por el efecto de sus decisiones o incluso les beneficiará.

Veamos, por un momento, la lista de nombres de los que hoy están al mando del mundo: Donald Trump, Vladimir Putin, Boris Johnson, Jair Bolsonaro, Kim Jong Un, Nicolás Maduro, Benjamín Netanyahu, Recep Erdoğan, Raúl Castro, Bashar al Assad, Hasán Rohaní…etc, leídos de un tirón y añadidos a los dictadores que faltan en la lista, este mundo tiene todas las garantías de poder irse a la mierda en cualquier momento, por cualquier razón y motivo o simplemente por capricho de uno de estos…. llamémosles líderes.  

Es cierto que el ser humano no parece tener una conciencia de especie extinguible, sino mas bien una conciencia egoísta y gregaria del corto plazo que le lleva a votar opciones que buscan el bien de lo propio en vez de buscar el avance del mundo. 

Nos importa poco el desarrollo generacional. Es como si cualquier problema al que deban enfrentarse nuestros nietos y su descendencia, pese a ser causado por nosotros, fuera un problema que nos es ajeno y que dejamos para que resuelvan las generaciones futuras. Una actitud cortoplacista, irresponsable y suicida.

La humanidad se enfrenta a muchos desafíos derivados de los límites alcanzados por su desordenado crecimiento. Problemas como: las migraciones incontroladas, el cambio climático, la explosión demográfica, la crisis alimentaria y la crisis energética y todo ello habría que sumarlo a nuevas crisis económicas y políticas por venir cada vez más complicadas. 

Para resolverlo, los humanos parece que nos hemos puesto de acuerdo en poner al frente del mundo a la colección de monomaniacos más peligrosa y atemorizante de la historia política moderna.

Se suele decir que “Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, (expresión atribuida incorrectamente a Nicolás Maquiavelo). Aunque la frase levanta en muchos las reacciones más enconadas, con tozuda persistencia se hace realidad constante en nuestros días. 

El egoísmo de mirar por lo propio, el miedo al otro y el odio a lo diferente está tomando posiciones ideológicas que arrastran a la humanidad a su estado más miserable. 

Mientras esto ocurre, los políticos se han dado cuenta de esto y de forma taimada, más que inteligente, se han colocado del lado de los grupos de opinión más fundamentalistas, que supuestamente representan a las grandes mayorías de ciudadanos, pero que en verdad son una expresión –¿un síntoma?– de cómo funciona la sociedad mundial en su base.

El mundo vive una crisis de liderazgo y esto se hace cada día más evidente. Lamentablemente, y de forma palpable, esto se ha convertido en algo muy común en el ámbito político. Estamos en la era de las ideas y el mundo nunca ha necesitado de un liderazgo claro y fuerte tanto como hoy. 

Es esta una situación inédita, donde las distintas sociedades intentan mantener vivas sus esperanzas de futuro y los gobiernos resultan incapaces de alcanzar acuerdos. 

Lamentablemente ese proceso de desaliento y desilusión con las formas de gobernar se hace aún mas evidente en países como el nuestro, un país en funciones a la espera de un presidente que parece no llegar nunca. Gracias a Dios nuestra importancia en el contexto mundial no llega al punto de poner en peligro la paz mundial, así que por ese lado el mundo puede dormir tranquilo a pesar de los Sánchez, Iglesias, Puigdemont…etc.

Hoy el mundo sigue debatiéndose dentro de una interminable crisis que parece arrastrarlo a una nueva recesión y esperemos que no a algo peor, aunque el envite entre países es recurrente y los riesgos de confrontación cada vez más claros. Al mando de los tontos el mundo cabalga sin freno hacia su peor momento, así que querido lector por si alguna vez tiene la oportunidad de cruzarse con un líder mundial le ofrezco una variedad de opciones al insulto “tonto” que por lo menos le permita distinguirse y acertar en el lanzamiento del improperio.

Probablemente tonto es el insulto más común y uno de los que más arsenal disponemos. Pero coja aire lector porque versiones hay muchas y todas aplicables a alguno de los “líderes” al mando. Aquí les dejo algunas para que usted las asigne al tonto de su elección.

Alcornoque, zote, mendrugo, bausán, vaina, cenutrio, tontucio, tontorrón, descerebrado, simple, meliloto, estulto, alelado, gilipollas, gilipuertas, mameluco, analfabeto, beocio, lilipendón, berzas, berzotas, zafio, tarado, besugo, ceporro, panarra, idiota, pavitonto, zolocho, tocho, corto, bobalicón, gaznápiro, panoli, imbécil, soplagaitas, sandio, bodoque, piernas, bobatel, merluzo, gilí, lelo, zopenco, mentecato, tonto del haba, bobo, mamerto, botarate, soplapollas, cernícalo, percebe, zonzo, cipote, estúpido, cretino, fatuo, lerdo, mastuerzo, memo, lila, pandero, toli, simplón, necio, melón, tarugo, pánfilo, torpe, pavo o tardo.

Pues eso

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