La Escopeta Nacional

La situación política que nos vemos obligados a tragar los sufridos españoles tiene que ver más con un guion de Berlanga que con otra cosa. Las idas y venidas, ofrecimientos y negaciones, negociaciones y desacuerdos, en definitiva, arreglos y desarreglos de opereta para ver si Sánchez formaba o no gobierno ha sido un perfecto sainete, un torpe guion de comedia española.

Permítame el lector recordar aquella magistral cinta de Berlanga “La Escopeta Nacional”. Para los no iniciados en el “Berlanguismo” diré que la película gira en torno al personaje que encarna Saza, todo él nariz, quien en la película hace de un fabricante catalán de porteros automáticos. 

El pobre Jaume Canivell acaba pagando la fiesta y la cacería en la finca del marqués de Leguineche, adonde acude con la esperanza de contactar con un ministro franquista y con la sana intención de que le ayude a colocar tan avanzada tecnología en los hogares públicos de la clase media.

En un momento de la cinta un ministro, del Opus Dei, le pregunta:

¿A que usted políticamente no está comprometido?

Y Canivell, listo como pocos, y por si acaso, contesta
– Apolítico… total… de derechas como mi padre.

En la película, Canivell no colocó los porteros automáticos, pero sí pagó la fiesta. Algo así como lo que nos están haciendo tragar nuestros representantes políticos.

Somos víctimas de una clase política tan solo interesada en los suyo mientras que al resto de los españoles nos van dando, que es gerundio. 

Tras la exhibición grosera de Iglesias con su permanente “que hay de lo mío”, la pertinaz sequia de talento de Rivera hasta las horas finales de la consulta al Rey y la permanente desconfianza, por otro lado lógica, de Casado que no desea ir con Sánchez ni a heredar, hemos de reconocer que este sainete en varios actos, sobre la negociación para formar gobierno, ha sido un exhibición penosa de como está la política patria. Una pérdida de tiempo. Una astracanada bufa. 

Estoy convencido de que en este imapasse absurdo, a muchos españoles se nos ha pasado el interés político y el arroz electoral, y es que cuatro elecciones generales en cuatro años es “too much”. Van a tener razón aquellos que auguran una abstención record, con 2 millones más de “no votantes” que en las anteriores generales.  

Y es que gozamos de una clase política interesada tan solo en los suyo y en que a ellos les vaya bien y que dan, día si y día también, síntomas de no interesarle lo mas mínimo el bienestar común y mucho menos los problemas presentes y venideros de los ciudadanos. 

Nuestros políticos nostoman el pelo en todas las elecciones, cuando nos dicen que van a cambiar. Pero se les ve el plumero cuando pedimos que asomen “la patita por debajo de la puerta”, porque, en realidad, siguen siendo los mismos lobos, y no mamá cabra, como pretenden hacernos creer.

Ahora, cuando la idea de lograr un pacto de Estado para enfrentar el futuro tenía claramente el viento a favor en la opinión pública, las fuerzas políticas han jugado a acusarse mutuamente de que era el otro el que no quería pactar. Un bochorno nacional, una pantomima de mal gusto que quieren hacernos pasar por política de Estado. 

¿Creerán que la gente en España es tonta? ¡Qué vergüenza nacional, que penoso espectáculo han dado! Después de mucho cuento sobre “remar todos en la misma dirección”, lo cierto es que España sigue encastillada en una cultura política que privilegia la rigidez en el disenso y carece por completo de flexibilidad para valorar de igual forma ese disenso y el consenso. 

No importa si la situación nacional lo necesitaba y exigiera. Los representantes políticos parecen comportarse como si la situación fuera completamente normal, como si no estuviéramos ante una verdadera emergencia nacional.

Es vital aclararle a los políticos que sus juegos de artificio para acusar al otro de ser el causante de la falta de acuerdo,  no confunden a nadie. Que no traten de tomarnos el pelo, por favor. 

El verdadero problema reside en que los partidos carecen todavía de voluntad política y altura para alcanzar acuerdos de Estado. Tiene razón Feijóo, estamos rodeados de políticos quinceañeros y yo añadiría más, de jugadores de fortuna. 

Sin esa voluntad de acuerdo, que por supuesto guarda relación con las deficiencias de nuestra cultura política, la probabilidad real de lograr un pacto de Estado es considerablemente baja. 

En definitiva, nos han condenado a votar otra vez, como si con eso se fuera a lograr algo. Toca seguir aguantando políticos aficionados que creen que las cosas se conseguirán convocando elecciones, una tras otra, hasta que alguien alcance su Santo Grial, es decir la mayoría absoluta, cosa que conviene aclarar, ya no ocurrirá jamás. 

Estas elecciones no solucionaran el galimatías político nacional por mucho que Sánchez nos pida que votemos aun con mas cabeza, que manda bemoles que el presidente de Gobierno nos lance una reprimenda como formula de pedirnos el voto. Pero así están las cosas.

En estos tiempos en los que el mudo se mueve de puntillas y con cuidado, resulta que vamos a poner, ante la crisis económica que se nos viene encima, un gobierno que sabe Dios como será pero que, mucho me temo, llegará tarde.

Lamentablemente vistas así las cosas la situación nos condena.

En fin, no desesperemos querido lector, permítame que cierre una vez mas con Berlanga. El cineasta cierra su Escopeta Nacional con un rotulo que encierra una gran verdad:

“Y ni fueron felices, ni comieron perdices… desgracia habitual mientras existan ministros y administrados.”

Y yo lo extendería…allá donde haya políticos……Pues eso

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