Revolución Rusa en el patio norteamericano

Hay un punto en el análisis de los acontecimientos en el que nos sentimos convencidos de que lo dicho por los medios es la verdad, la única verdad. En ese contexto las movilizaciones ocurridas en los últimos meses en diversos países latinoamericanos han seguido, en general, “dinámicas demasiado parecidas” como para no intuir que mas allá de lo que aseguran esos medios hay un patrón común que hace pensar en una intencionalidad de la que nadie habla. 

En Latinoamérica se ha generado un ciclo rápido de acontecimientos que nacen, crecen y mueren con una cadencia que a todas luces pareciera programada y, aunque parecidas, no puede decirse que hayan sido situaciones de movilización permanente, como la que se ha visto en Hong Kong. 

Estos estallidos sociales masivos han rebasado las fronteras del activismo organizado tradicional. Han sido estallidos violentos, con saqueos, incendios, destrucción de infraestructuras y han recibido una “respuesta dura”, especialmente de gobiernos como el de Chile o Ecuador –con estados de emergencia, toques de queda o militarización del espacio público.

Parece como si “un fantasma” de protesta violenta recorriera América Latina. La pregunta ante esto resulta evidente ¿Qué ha motivado los esos estallidos sociales en esos países, con situaciones tan diferentes tanto en lo referente a lo económico como en lo que respecta a sus gobiernos de diferente signo político e ideología? Lo ocurrido en Chile, Ecuador, Bolivia, Colombia no son comparables y los tradicionales frentes ideológicos (izquierda y derecha) no son suficiente para explicar lo que pasa.

Sin embargo, a mi juicio, parece poco realista y corta de miras esa visión de los medios que hacen responsable de los acontecimientos al alza de precios del transporte o a la falta de acceso a la educación y a servicios de salud. Me parece que mas bien las razones hay que buscarlas en intereses que poco o nada tienen que ver con esos ciudadanos o esas naciones.

Hace pocos meses el director para América Latina del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Alexander Schetinin, aseguró que los vínculos entre la Federación Rusa y los países latinoamericanos no eran algo coyuntural.

Sin explicitarlo Schetinin hacía referencia indirecta tanto a su relación con gente como Maduro o Morales como a los cambios políticos que se están produciendo en la región. Apuntaba, sin duda, a los intereses estratégicos de Rusia y su interés en las transformaciones que pudieran operarse en la región. ¿Qué espera obtener Rusia de ellos?

Para Rusia, el valor clave de América Latina y el Caribe es su proximidad geográfica a Estados Unidos. Desde la perspectiva del Kremlin, es el «territorio exterior mas cercano» a Washington. El gobierno ruso cree que Estados Unidos no solo ignora, sino que menosprecia y coarta consistentemente los intereses rusos en el mundo, y por esta razón Rusia quiere ampliar su presencia en América Latina, para compensar la acción norteamericana en su patio.

Durante la crisis en Georgia en 2008 y en Ucrania en 2014, Rusia protestó y rechazó reiteradamente por la presencia de Estados Unidos en el Mar Negro y por el apoyo de Washington a Tbilisi y Kiev. Desde esta perspectiva, la llamativa presencia rusa en América del Sur y Central se puede explicar desde la reciprocidad.

Esta noción de reciprocidad se extiende mucho más allá de la esfera militar. La tremenda popularidad de Vladimir Putin entre los rusos se debe a la percepción común de el “ex-KGB” como restaurador del papel de Rusia en su papel de potencia mundial. 

En ese sentido las actividades rusas en América Latina brindan a los principales medios de comunicación rusos la oportunidad de retratar a Putin como el hombre definitivo que lidera esa potencia en ascenso capaz de establecer su presencia incluso en el «patio trasero» de Estados Unidos. 

En este contexto, el hecho de que por un lado Rusia mantenga relaciones estables con algunos países en los que el populismo ha enraizado y por otro busque completar sus intereses geoestratégicos en aquellos otros en los que no esta presente, puede ser la clave para explicar tanta agitación que recorre América del Sur.

Esas virulentas protestas pillaron por sorpresa a gobernantes a los que les ha faltado empatía y visión para prever que “una acción política aparentemente modesta” (aumento del impuesto al combustible, subida de precios del metro…) podría desatar una explosión social tan masiva.

Es por eso quizás que la explicación a estos conflictos que están desestabilizando Latinoamérica haya que buscarla en las distintas “manos negras” de los operativos de desestabilización que operan por el mundo y que buscan sirviéndose de la voluntad de la gente y de las redes sociales para hacer saltar democracias  y llevar a la calle levantamientos multitudinarios, o verdaderamente alguien puede creer que una subida del billete de autobús es suficiente motivo para producir el derrocamiento de un gobierno

La Casa Blanca evalúa con creciente preocupación la incidencia de los actores extra-hemisféricos (principalmente China y Rusia) en las Américas, considerándolos como los rivales más desafiantes de Washington. En el caso ruso, la mayoría de los analistas están de acuerdo que las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se encuentran en el punto más bajo jamás observado en cualquier otro momento después de la Guerra Fría.

Quizás sea en esta batalla geoestratégica en la que haya que circunscribir los problemas de agitación permanente en Latinoamérica. Es la nueva Revolución Rusa, ahora en el patio norteamericano

Pues Eso

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