El mundo no confía en la España de Sánchez

Lo queramos ver o no, este gobierno nos ha convertido en sospechosos comunes para la Unión Europea. Sánchez podrá decir lo que quiera pero si antes, cuando estaba en funciones, la UE ya nos miraba de reojo, ahora ya ni nos mira.

Entre la proliferación del gasto que los podemitas no dejan de cacarear día si y día también, lo de Ábalos y la Vicepresidenta de la dictadura de Maduro o la espera interminable de unos presupuestos que no les acaban de llegar pero dicen que han pre-pactado con la UE mientras estos desmienten tal acuerdo, nos hemos convertido definitivamente en poco creíbles en la UE y en el mundo, si no nada, y la cosa va a mas.

Las últimas elecciones generales y su resultado no han hecho sino generar una alta desconfianza en la Unión Europea y en el mundo occidental. Los aliados europeos de España no paran de repetir que la estabilidad es la clave para el buen porvenir de la zona euro. Pero con tamaño gobierno resultante de la asociación del populismo comunista y el socialismo sanchista, este país carece del crédito necesario para mirar al futuro con confianza.

El prestigio de cada país en Bruselas depende de la estabilidad que puede ofrecer. Y el de España, de momento, está como mínimo en entredicho.

Hace no mucho tiempo Jean Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea hasta el 1 de noviembre del año pasado, hablaba de la situación política en España en los siguientes términos: “Se suponía que España iba a ser uno de los pilares de la nueva fase de construcción de Europa junto con Francia y Alemania. Pero ese plan parece estar en el aire”.

Si los vemos a día de hoy esa incertidumbre se ha convertido en certeza. La semana pasada nos desayunábamos con el titular de que Merkel y Macron preferían a Polonia como socio en el nuevo liderazgo de Europa ante los movimientos de Rusia, creando con ello un entorno de influencias estratégicas que dejan a España fuera de juego.

Pintamos cada vez menos en el mundo en términos de geopolítica. Por más que Sánchez y su coral de palmeros socio comunista traten de engañarnos, la realidad es que cada vez gustamos menos en Europa y hemos perdido todo tipo de consideración por parte de EEUU.

En este nuevo entorno Francia asumió el mes de noviembre pasado el liderazgo de Twister («Timely Warning and Interception with Space-based Theater surveillance»), el gran proyecto europeo de defensa anti misiles, destinado a «responder» a cualquier «tentación» rusa, si la tuvieran. 

Rusia genera muchas dudas de cara al futuro y Trump desde Washington no ha expresado un compromiso definitivo con la seguridad de Europa, al contrario mas bien nos ha dicho que nos las compongamos solitos que ya tenemos edad para ello.

Derivado de esto y sugerido por Paris y Varsovia, se ha considerado indispensable relanzar los viejos proyectos propios de seguridad continental. Ante la incertidumbre militar rusa, siempre dando guerra, (Crimea, Ucrania), París, Berlín y Varsovia han decidido iniciar una indispensable cooperación estratégica, militar, económica e industrial, pero excluyendo de ello a España.

Perdemos el paso del futuro proyecto de Europa y todo debido a un presidente y unos socios de gobierno que lejos de representarnos, generan una enorme desconfianza en cualquier foro al que acudan. Ya lo generan internamente, así que imaginemos lo que piensan fuera de nuestras fronteras.

Con el Brexit cerrado y en marcha, Macron quiere reafirmar su liderazgo continental, el Gobierno conservador de Polonia ha sabido como convertirse en un aliado estratégico para Francia y la democracia cristiana de Angela Merkel permanece impasible como potencia geográfica y económica en el continente.

Por su parte el gobierno español definitivamente no está en situación de poder participar como miembro creíble, activo ni influyente en el «club» del liderazgo europeo muy restringido.

Tras una crisis económica y social que han hecho de esta una década perdida para España, ahora nos vemos en la circunstancia de tener que asumir que la influencia de las políticas bolivarianas, representadas por los populistas comunistas de Podemos e Izquierda Unida, conllevan nuestro ostracismo en Europa y la perdida de influencia en el mundo.

Como dice Margallo, exministro de exteriores con Rajoy,

“En política exterior no puedes pisar un plátano. En política exterior las cicatrices son muy profundas. Cuando llegué al ministerio la primera entrevista que tuve con Hillary Clinton a mí me recibió de uñas. ¿Por qué? Porque Zapatero había retirado las tropas de Irak sin avisar y porque en Túnez había hecho unas declaraciones invitando al resto de los países a hacer lo mismo. Los americanos estuvieron considerando la posibilidad de trasladar las bases de Morón y Rota a Marruecos lo cual hubiese roto el equilibrio en el Estrecho.

Con Estados Unidos este gobierno tiene dificultades. Para prueba un botón. Cuando Estados Unidos quiere detener un petrolero iraní diciendo que va a Siria no llama a la marina española, llama a la marina de Gibraltar. Sabe que es una bofetada en toda regla”.

Pues lo dicho ya hemos pisado bastantes plátanos como para no resultar “de fiar” entre aquellos que deberían ser nuestros socios naturales en el juego de la geopolítica. Pero además es que ahora los españoles estamos descubriendo que estamos, sin quererlo, mas cerca de Maduro que del mundo occidental.

Pues eso

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