Cosas de tonto

En la vida no hay nada peor que un tonto motivado, pero siendo esto malo lo mas peligroso es saberlo y ponerle al mando de un país. Zapatero es esa clase de tipo que parece más inofensivo que listo, pero ahí es donde radica el error. En su día el secretario general de la OEA, Luis Leonardo Almagro Lemes, uruguayo y socialista, llamo al ex presidente español el “súmmum de la imbecilidad” entiendo que algo sabrá.

Francisco de Quevedo decía que eran estúpidos todos los que lo parecían, pero también la mitad de los que no lo parecían. En oposición a la inteligencia, Zapatero demuestra a diario que la estupidez es fascinante pues es de una capacidad ilimitada.

No es que me rinda al insulto fácil, al contrario estoy en contra de tal cosa, pero es que lo del ex presidente roza ya la astracanada que diría Muñoz Seca. El hombre de la eterna sonrisa ridícula es también el eterno metepatas o mejor dicho, el eterno pagafantas, capaz de justificar lo injustificable.

Incapaz de encontrar sentido a nada Zapatero no hace otra cosa y lleva desde 2016 apoyando un régimen dictatorial, sanguinario y represor que ha conducido a uno de los países mas ricos del mundo a la desgracia absoluta. Es un hecho cierto que Zapatero es el único en el mundo libre que no ve cómo millones de venezolanos huyen despavoridos de su patria y por eso cabe la lógica pregunta: ¿Es tonto o se lo hace? 

Nadie como Zapatero para justificar a tipos como Maduro, Morales, Correa o Kirchner o quien se tercie. Nadie como el para estar donde no debe, decir lo contrario a lo que sugiere la razón o para ir donde nadie le ha llamado, es lógico pues que Sánchez hable de él como su mentor en política, su ejemplo a seguir.

Santiago Amón dijo que en España no cabía un tonto más y que, si llegase otro, se caería al agua. Antonio Burgos descubrió el tonto con balcones a la calle y afirma que la calle Alcalá es tan larga que, si no, los bobos no cabrían, José María García inventó el término abrazafarolas y es que nuestra lengua evoluciona y al tonto no le llamamos ahora tonto, sino buenista. Dios que país este que encuentra sitio para esta gente, los vota y los coloca de presidentes de gobierno, así nos va.

Si nombras presidente del Gobierno a un estúpido sin retorno, él subvenciona a secesionistas o independentistas; dice delante de todo el planeta que el dinero público no es de nadie; y destruye el país en menos de ocho años.

En España no hace falta plantar tontos, porque germinan solos.

Zapatero, como Sánchez, es de esa clase de mentecato convencido de su bondad, tan incapaz de evaluar su intelecto como de examinar su capacidad para hacer el bien. Su simpleza le hace pensar que siempre los malos son los demás y hasta cierto punto se considera perseguido por la sociedad.

De esta circunstancia se dio cuenta Maduro hace años y ahora lo tiene como “su valido de cámara” y lo pone a hablar como Jose Luis a Monchito, pero con un Monchito mucho menos listo que el muñeco y mucho mas molesto y peligroso.

Ahora bien la gran pregunta aun no tiene respuesta clara: ¿Es Pedro Sánchez más tonto que Zapatero?. No es una duda, aunque lo parezca, es una comprobación pendiente pues podría darse el caso de que ya le hubiera superado.

Zapatero ha demostrado serlo y continua en la brecha, pero Sánchez ya ofrece síntomas alarmantes de tontería y torpeza única. El mismo PSOE está dividido al juzgarle, pero ya la mayoría sabe que Pedro es un tonto con ambición, un cóctel verdaderamente letal que ha demostrado entrañar mucho peligro y que ahora en la Moncloa puede ser peor. 

Sánchez no levantará el pie del acelerador, empeñado como parece en arrojarnos al precipicio amenazador que se muestra a nuestro frente. En su huida hacia adelante, sabe que solo tiene una opción: tomar velocidad. Él cree que para despegar y volar, pero me temo que mas bien será para despeñarnos, porque ya se sabe, los autobuses no vuelan, bien lo sabe Maduro.

Ahora que esta empoderado y en Moncloa se me viene a la cabeza, a modo de símil, aquella anécdota del tonto que llegó a ser alcalde.

Dicen que en Sevilla, la anécdota es famosa. En el franquismo, nombraron alcalde al presidente de un conocido club social. Los miembros de su junta directiva, medio en serio, medio en broma, como se dicen estas cosas en la tierra de la Macarena, le espetaron. “Hasta ahora, solo nosotros sabíamos que eras tonto, ahora se enterará la ciudad entera”.

Pues eso

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