La logorrea de Sánchez

Junto al estado de alarma, vivimos casi en un estado de logorrea presidencial. Hablar, hablar, hablar, hablar sin parar, Sánchez ha superado la noción de verborrea y se ha instalado en la cumbre de la locuacidad exagerada y el flujo verbal inagotable. Hoy digo esto y mañana lo contario. Pareciera que estuviera en un estado de intoxicación por sustancias psicotrópicas de esas que dicen que alteran la consciencia. 

Según la Wikipedia, la logorrea (del griego logos y rheo fluir) es un trastorno de la comunicación, a veces clasificado como enfermedad mental, caracterizado por una locuacidad incoherente. Como sinónimos se usa “verborrea” o “incontinencia verbal”.

Debo entender que Sánchez ha encontrado en la logorrea su forma de comunicación ideal. A las pruebas me remito, sus infumables presentaciones en TV son dignas del Fidel Castro de sus mejores tiempos. Eterno, vacío de contenido, vacuo y perdido, como diría Arguiñano sin fundamento, Sánchez atraviesa las pantallas en los momentos de mayor audiencia para hacernos aun mas infumable el enclaustramiento.

Quiero pensar que el inquilino de la Moncloa no tomará ejemplo literal de Fidel Castro, quien es el ejemplo perfecto de logorrea y que ha pasado a la historia como uno de los dirigentes políticos que ha dado los discursos más largos que se recuerdan. Su mayor alocución data del año 1998, cuando habló durante siete horas y cuarto en el Parlamento Cubano, al serelegido como, presidente del Gobierno hasta el año 2003. Tenía entonces 71 años.

Sánchez nos ha condenado al mismo castigo que a las ovejas a las que aburre con la misma falta de compasión que a los humanos. Su discurso se hace interminable y totalmente falto de interés

Da la sensación de que Sánchez no pretende convencer a nadie, solo hablar y hablar y hablar, con discursos de madera llenos de banalidades. Tiene claro a quiénes se dirige, a sus convencidos, porque al resto de los españoles no puede ser, pues ya le hemos visto la patita al lobo y más pronto que tarde pediremos cuentas cuando el virus deje de perseguir nuestras vidas con su guadaña. 

Son tiempos complejos los que vive el país, pero sin duda la tormenta amainará, el estado de alarma se levantará y la vida volverá a serlo. Será ese el momento en el que deberemos sin vacilación alguna, pedir todas las explicaciones sobre las imprudencias de un Gobierno incapaz, que solo nos ofreció palabras para justificar imprudencias como la del 8M o la escasa previsión que ha demostrado a la hora de abastecerse para proveer a los que luchan en primera línea de batalla en el sector sanitario.

El monclovita argumenta sin argumentos y no aporta apenas soluciones. Eso sí, mucha esperanza, mucha petición de solidaridad y datos sin sentido. Este verborreico devenido en logorreicos jamás convencerá mas que a sus adoctrinados, pero de eso va la cosa.

Vivimos tiempos en que los políticos se han convertido en jugadores de ventaja y entre todos destaca el que ahora ocupa el trono de la Moncloa. La mentira se ha convertido en arma política y gracias a ella Sánchez ha logrado llegar a donde ha llegado. El problema es que los españoles ya sabíamos eso, los dos primeros meses de gobierno así nos lo habían demostrado, pero la llegada de esta crisis sanitaria ha provocado que Sánchez aparezca como un personaje devaluado en el que pocos confían.

Su logorrea resulta inoportuna cuando no innecesaria y aburrida. Pero al estado logorreico se le une los medios de comunicación afines que saben mucho sobre cómo se ha de trabajar y manipular. 

El espectáculo de las ruedas de prensa telemáticas que acompañan a cada intervención en la Moncloa, con preguntas de esas suaves, de las de amigo vamos, con respuestas acordadas, se imponen machaconamente. Con esa fiesta entre medios afines y presidente, tanto el político como el periodista, pretenden que España perciba que Sánchez está al mando, pero el juego, día si día también les sale rana.

Redondo se está luciendo, menudo caos de comunicación. Hay quien ya se toma a chiste toda esta realidad comunicativa presidencial que nos envuelve. El visir de la Moncloa, Redondo, impone todo lo que no es sólido y prioriza el imponente discurso de lo hueco, él sabrá.

En cualquier caso, el virus nos condena a 15 días más de monasterio, pero esperemos que el abad de la Moncloa sea compasivo y reduzca sus intervenciones a lo esencial. Confiemos que este discípulo de Fidel Castro no tenga la tentación de que su amiga Rosa María Mateo le de un espacio de horario abierto en RTVE, al estilo Hugo Chávez, y nos someta a un “Aló presidente” que nos condene al suicidio colectivo por efecto de su incontinencia verbal.

Necesitamos información y no verborrea. Estamos en una situación que en nada rozará limites y la sociedad española reclama que se le informe, no que se le someta a un “fidelcastrismo” eterno. 

El ansia de parecer que se está al mando, está llevando al de la Moncloa a saturar nuestra capacidad de aguante. Así que presidente, sea buena gente y diga lo necesario, y si no hay nada que decir no lo diga. Este país ya sabe quién está en la Moncloa y si no se lo cree no se preocupe, al final de esta crisis se lo dejará claro. 

Pues eso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s