La Dignidad de la Reina

Aun retumban en el Congreso las palabras de un hijo agradecido, Felipe VI, a una madre, la Reina Sofía, con motivo de su coronación como Rey de España. 

Aquel día y dirigiendo la mirada a la tribuna del Reloj, Felipe VI dijo “Me permitirán señorías que agradezca a mi madre, la Reina Sofía, toda una vida de trabajo y dedicación impecable al servicio de los españoles. Su dedicación y lealtad al Rey Don Juan Carlos, su dignidad y sentido de la responsabilidad, son un ejemplo que merece un emocionado tributo de gratitud que hoy -como hijo y como Rey- quiero dedicarle”.

En un mundo y en un momento en el que hay tantas feministas advenidas en militantes en busca de la igualdad de género, pocas son las que dirigen la mirada a quien encarna la profesionalidad total en la mejor e impecable representación de España, la Reina Sofía, la única Reina.

Corren años en los que la Familia Real aparece ante los españoles como si fuera una “familia desestructurada”. Años estos en los que los nuevos Reyes se esfuerzan en dejar claro y en directo que el núcleo familiar -padre, madre y dos niñas- es sólido y firme. 

Fuera quedan ya los hermanos, los sobrinos, los cuñados y ahora incluso el abuelo. La familia extensa de Don Juan Carlos se ha convertido en algo exógeno a ese núcleo intenso de Felipe VI,dejando claro que nadie puede dar sorpresas desagradables al nuevo Monarca sin que haya respuesta y alejamiento.

Pero en este discurrir de las cosas palaciegas pareciera que ha quedado descolgada Doña Sofía, ejemplo donde los haya de Dignidad y de Generosidad y Lealtad para con la representación de España en el mundo, a pesar de tanto escándalo continuo. 

La nueva estrategia de comunicación de la Casa Real parece que reserva el ostracismo para dama tan digna. De hecho los reyes y sus hijas no se han dejado ver en ningún acto junto a la Reina Sofía durante su estancia en Palma, siguiendo esa ridícula estrategia de Zarzuela por hacer visible cual es hoy el núcleo de la institución.

Corto se quedó el emérito Don Juan Carlos al calificar a la Reina Sofía como “una gran profesional”. Y es que la Reina Sofía desde 1975, ha sido y sigue siendo el referente real y moral de la Monarquía Española y concita, sin duda alguna, el respeto y reconocimiento de la mayoría de los españoles.

Hoy, en su soledad, en ese apartarse de la vida pública para dejar paso a su hijo y no significar para él ni siquiera el recuerdo de un reinado anterior hoy tan injustamente vilipendiado, la Reina Sofía no merece la mirada de reojo e indirecta de quien la considera mujer despechada y traicionada por un marido infiel, la Reina Sofía no es tal cosa. 

La torpeza de quien no supo ver en su esposa lo que el resto de los españoles vemos, no puede ser justificante para la opereta bufa que se organiza entre quienes ven en la Reina Sofía una mujer traicionada. Su dignidad llega hasta el silencio. Su generosidad de madre llega hasta la ocultación pública de su persona y su entrega a España nadie ha de ponerla en cuestión.

A pesar de permanentes descubrimientos y de humillaciones públicas y privadas por los devaneos amorosos del rey Juan Carlos, camina estoica y con la frente en alto, por la imagen familiar.

No se ha prodigado en detalles íntimos ni en imágenes sentimentales, pero su majestad la Reina Sofía con su mirada tímida y sonrisa franca, ha demostrado desde su compromiso nupcial con el emérito, que siempre estuvo enamorada de su marido… y que tal vez, si todo hubiera quedado en la simple aceptación de su destino, dictado por un matrimonio de conveniencia pactado por sus padres como fue el suyo, tal vez no le hubiera dolido tanto ni hubiera sufrido hasta las lágrimas, las constantes infidelidades de su esposo.

Que la reina inunda de dignidad por allá por donde pasa lo demuestra el hecho de cómo ha aprovechado la menor oportunidad que ha tenido para defender la dignidad de la mujer,como en aquel viaje a Arabia Saudí de 2006 cuando ya se había radicalizado la represión de las mujeres. Sin decir una sola palabra, solo con gestos, la Reina dejó un soplo de libertad en el país más islamista del mundo.

Apenas hoy se recuerda, pero en aquel país que obligaba a las mujeres a vestirse de negro de la cabeza a los pies, Doña Sofía lució conjuntos de llamativos colores, como el fucsia o el verde pistacho, y los periódicos saudíes dedicaron sus portadas a la imagen rompedora de la Reina española. En aquel país en el que los hombres se saludan con besos, pero a las mujeres se les da la mano, ella intentó besar en público al entonces Príncipe y hoy Rey Salman, que se apartó. Y, en la ceremonia de bienvenida, la Reina se subió a la tarima desde la que Don Juan Carlos escuchó los himnos nacionales, aunque lo hizo por poco tiempo porque el protocolo saudí en seguida le pidió que se quedara detrás.

Su majestad Doña Sofía hoy esta en la encrucijada de dos reyes, el padre y el hijo, y aun así sabe estar donde debe. Su silencio solo merece respeto y su figura cariño y consideración a la dignidad de una mujer que, nacida griega, ha sabido llevar el nombre de España por el mundo dándole aun más brillo y prestigio. 

Ella es la Reina, la gran Reina de España, por más que Leticia camine al lado de Felipe VI. En este momento, más que nunca, se merece el honor y la distinción de quien más que esposa de Rey ha sido Reina y de quien con el ejemplo ha dicho más a favor de las mujeres que todas estas feministas que claman y gritan por una igualdad que jamás les equipararía a la profesionalidad y dignidad de la Reina Doña Sofía.

Pues eso

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