El problema es el Gobierno

En su primer discurso a la Nación en 1981, Ronald Reagan expresó: “El gobierno no es la solución a nuestro problema; el gobierno es el problema” y tenía razón y eso que no conocía a Sánchez ni a sus ministros.

Este Gobierno desde que tomo posesión actúa como si fuera un enemigo del Estado más que como un gobierno electo. Desde su toma de posesión, este gobierno, o lo que sea, ha asaltado el poder y lo detenta pasando por encima de los ciudadanos y sus problemas. 

Desde su advenimiento este gobierno llamado de coalición, ha actuado como si su objetivo fuera la eliminación del Estado, el desmantelamiento progresivo de las instituciones y la denostación del Sistema de Gobierno que entre todos nos dimos. Es un Gobierno pirómano, dispuesto a dar fuego a cuanto este país construyó desde su llegada a la democracia.

Resulta desconsolador, para un país como el nuestro, que a estas alturas no sepamos qué hacer con los rebrotes de Covid19, o cómo enfrentará la economía nacional este otoño una nueva situación devastadora, o ser conscientes de que un vicepresidente ha decidido atacar descaradamente al Rey o a la Justicia a su conveniencia o que simplemente la Ministra de Educación no sabe qué hacer con los niños y los colegios. Todo esto es malo, pero no es lo peor.

Hoy España se sobrecoge ante una nueva ola de pandemia de coronavirus. Pero ante esto, lo peor es sobre todo esa desoladora sensación de que no hay nadie al mando y que el gobierno se haya inmerso en una impresentable dejadez de funciones.

Lo terrible, lo verdaderamente decepcionante es darse cuenta de que el problema es el Gobierno, y que no tiene solución.

Gobernar es prever, no adivinar sino estar alerta a los datos de la realidad y saber que hay un mañana del que solo podemos suponer los resultados, las nuevas circunstancias y estimar las consecuencias. 

Pero este “gobierno” ni sabe ni puede. No es capaz de prever porque está a otra cosa (por ejemplo, de vacaciones) y no es capaz de predecir porque eso requiere visión y este gobierno está ciego, mudo y sordo

Gobernar es ejercer el poder, sin miedo y dentro de la ley, para garantizar a todos el ejercicio del derecho de cada uno, sin diferencias, pues tanto vale el derecho a manifestarse como el de circular por las calles. Pero este Gobierno prefiere desplazar unidades de la Guardia Civil para preservar la seguridad de la “pareja podemita” mientras en las ciudades los okupas reinan y campan por sus respetos pasándose los derechos de los ciudadanos por salva sea la parte

Gobernar es animar, entusiasmar a seres humanos y a entidades a ser mejores, a aplicar nuevas tecnologías, a creer que mañana puede ser mejor que hoy  a través del esfuerzo. Pero este Gobierno nos tiene sumidos en la sombra de la preocupación, viendo cómo desaparecen las empresas y se destruyen mercados que  son básicos  para nuestra economía como el turismo y el ocio.

Gobernar es saber qué corresponde a la acción estatal y qué a la iniciativa privada, obviando la retrograda lucha de clases y sustituyéndola por la competencia natural de intereses. Y sin embargo este gobierno acude a planteamientos comunistas y chavistas obsoletos de forma continua, 

No es que tengamos muchos problemas, que también, es que además tenemos uno enorme: El Gobierno. Lo peor es que apenas cumple meses de legislatura y si no ocurre un milagro estamos condenados a sufrirles casi tres años y medio más, tiempo mas que suficiente para que nos vayamos al carajo.

No hay peor enemigo de la democracia que los gobiernos incapaces de entender la realidad y de actuar en consecuencia. Porque no puede ser que se yerre tanto y que no se estremezca el ánimo nacional ante las permanentes muestras de dejadez y falta de interés de este Gobierno. 

No es que tengamos muchos problemas, que también, es que además tenemos uno enorme: El Gobierno. Lo peor es que apenas cumple meses de legislatura y si no ocurre un milagro estamos condenados a sufrirles casi tres años y medio más, tiempo mas que suficiente para que nos vayamos al carajo.

Me queda un consuelo, un tronco al que agarrarme, y es que Sánchez solo consiguió la investidura en segunda convocatoria parlamentaria por dos votos de diferencia, sumando a los votos afirmativos los del Partido Nacionalista Vasco y las abstenciones de los independentistas Esquerra Republicana y Bildu. 

El resultado final es que en rigor este Gobierno de coalición solo cuenta con el respaldo asegurado de 162 escaños de los 176 exigidos de la mayoría absoluta para aprobar leyes orgánicas. 

Ante esta situación, cada texto legal debe ser negociado previamente con los partidos independentistas que, a cambio, sacan provecho en su fortalecimiento institucional frente al Estado y ese precio me da que nuestros socios europeos no lo ven con buenos ojos, lo que provocará más pronto que tarde un cisma irremediable. 

Claro que si vamos otra vez a elecciones, visto lo visto, me temo lo peor. Y es que me viene al recuerdo la frase de Alberto Moravia “Curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado”.

Pues eso

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