La mentira de un presidente inmoral

A nadie le sorprende hoy que Sánchez haya hecho de la mentira una forma de gobernar. A estas alturas los españoles ya sabemos que nada de lo que sale de su boca puede tomarse como definitivo porque, que sea verdad o no, estará en función de su capricho y no de un deseo inexistente de cumplir con los ciudadanos.

A finales del siglo XVIII un tal John Arbuthnot publicó un panfleto satírico en el que se servía del humor para criticar la política de Inglaterra. El panfleto en cuestión se llama “El arte de la mentira política”. Al ridiculizarla Arbuthnot elevaba la mentira política al grado de arte y afirmaba que “el pueblo no tiene derecho a la verdad” y a continuación aseguraba que “no es recomendable hacer tragar a la gente demasiadas mentiras de golpe pues cuando hay demasiados gusanos en el anzuelo es difícil atrapar a los peces”. 

Por lo que se ve Sánchez tiene un ejemplar de este libro, regalo seguro de Iván Redondo.

El pasado año Sánchez mintió, no hay noticia en ello, pero el 28 de abril el inquilino de la Moncloa dijo en rueda de prensa, al ser preguntado por la CNN sobre la realización de pruebas y test de coronavirus en nuestro país, que “hoy hemos conocido otro estudio de la Johns Hopkins, que no nos sitúa en el puesto octavo, como hacía ayer la OCDE, sino que nos sitúa en el puesto quinto del mundo en la realización de test totales”

Desde aquel momento el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno instó a Presidencia del Gobierno a proveerles con el estudio que avalaba aquella “buena” gestión de aquellos test de Covid. A día de hoy Moncloa sigue sin cumplir con el CTBG, no puede hacerlo. 

El Consejo de Transparencia es ese tipo de institución que como el Consejo del Poder Judicial o la Audiencia Nacional molestan sobremanera a eso que se ha dado en llamar el “Gobierno de coalición”.

Para colmo Illa, el eterno cómplice de Sánchez, salía en apoyo de su señor y aseguraba que “el dato es correcto” y que “son los datos que da la Universidad Johns Hopkins y beben como fuente fundamental de su información del portal “worldometers.info”.

La realidad es que la Universidad Johns Hopkins nunca situó a España en el quinto puesto en la realización de test de detección del coronavirus y es que esa universidad ni siquiera tiene un ranking donde recopile datos de test por países. La Johns Hopkins ni compara los test realizados en cada país ni recopila ese tipo de datos. Únicamente lo hace para los distintos estados de los EE. UU.

Sabiéndolo, el Consejo de Transparencia cercó al llamado Gobierno de Coalición recurrentemente solicitando respuesta a este tema y a un sin fin de temas al respecto de la gestión de la pandemia como el tema de su lista de expertos para la famosa desescalada obteniendo siempre la misma respuesta, el silencio absoluto y el desprecio.

Este silencio ha provocado otro efecto: y es que se ha disparado la demanda de información pública por parte de los ciudadanos y los juristas continuamente demandaban cambios en la ley que garanticen el cumplimiento de las resoluciones de Transparencia.

La respuesta del Gobierno ha sido inmediata y lo hizo como el gobierno chavista que es, colocó un nuevo presidente, José Luis Rodríguez Álvarez, y este destituyó a Esperanza Zambrano, hasta ahora subdirectora de reclamaciones, y a Javier Amorós, que había asumido la dirección en funciones de la institución en los últimos años. Ambos eran los dos puntales de este organismo hasta el advenimiento de Rodríguez y, durante su etapa al frente del Consejo, no les tembló el pulso a la hora de cuestionar, siempre con argumentos legales en la mano, las maniobras opacas del Gobierno al tratar de esconder información a la ciudadana.

Sánchez, con esa decisión, ha dejado claro que de tanta charla con Iglesias y Ábalos ha llegado a admirar profundamente a Chávez y Maduro, y es que Sánchez no solo miente, sino que se maneja como pez en las turbulentas aguas de la dictadura. Francamente no sé si Sánchez Castejón calcula sus mentiras, pero sí sé que no las dosifica. Siempre, durante el tiempo que lleva en el poder de una u otra manera, ha tratado de hacer creer falsedades al ciudadano, con vistas a un supuesto buen fin siguiendo a Maquiavelo Redondo y a su antecesor socialista Rodríguez Zapatero.

Lo peor es que creo que Sánchez se cree sus propias mentiras y al ponerlas en práctica atenta contra la libertad de pensamiento, pues sus mentiras son recursos bastardos para manipular, disfrazar y ocultar la realidad de su incapacidad y la de sus palmeros para conducir a este país hacia su futuro.

España no se merece el castigo que le infringen estos advenedizos que juegan con nuestra existencia decididos a permanecer en el poder por encima de los ciudadanos. Es lo que tiene la política bastarda.

Sin embargo, a la luz de las encuestas que aparecen en los medios, cabe preguntarse si en este país nuestro la ignorancia de las masas resulta ser la principal fuerza de los gobernantes socialistas o como dice el dicho “una nación de ovejas engendra necesariamente un gobierno de lobos”.

Pues eso

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