Echenique, su bilis y mi vino del fin de semana

Dicen que el vino es una obra de arte forjada por el encuentro del hombre con la tierra, la lucha entre la sabiduría y el sentido común y la fuerza e imposición de la tierra y no hay nada como tomarse un vino en la mesa de una terraza de bar al sol del mediodía.  

En eso andaba yo el sábado pasado, cuando no pude por menos que oír sin querer una conversación que provenía de una mesa colindante a la mía, en aquel bar de la sierra en el que me entregaba sin rubor al placer de disfrutar de un Ribera de Duero. 

Como digo, de la mesa de al lado inundada de perro flautas, partían elogios y loas hacia el tuit del mamarracho de Echenique, ese en el que anima a los podencos antifascistas a luchar contra las Fuerzas de Seguridad del Estado, en este caso los Mossos.

¡Dios!, ¿qué cultura antisistema es esa que han mamado estos hijos de la anarquía a los que les gusta más un adoquín que un libro, o el fuego en un contenedor más que trabajar y sudar por su futuro? No me vale que haya quien justifique estas actitudes bajo el argumento de que son “jóvenes desencantados con un sistema que les niega oportunidades”, no hombre no, eso no es así.

La juventud siempre ha tenido que luchar por el futuro, con un sistema o con otro, pero si algo hemos sabido en generaciones es que nadie ata los perros con longaniza y que la vida nunca ha sido fácil. Hoy, unos cuantos niñatos que dicen llamarse antifascistas se lanzan al saqueo y a la caza del policía bajo la impresentable excusa de luchar por la libertad de expresión y destrozan las tiendas de Barcelona en nombre de una suerte de tonto a las tres como el tal Hasel. 

Las oportunidades siempre ha habido que lucharlas y conquistarlas desde el esfuerzo, la dedicación y el compromiso con uno mismo y de nada sirve sentarse a esperar que los trabajos y los sueldos caigan del cielo. 

¡Joder, a que me acaba sentando mal el vino!

Pero atentos a los de la mesa de al lado, el “más listo de todos” se deshace en halagos hacia el motorizado, vaya, ya me he atragantado con el torrezno, resulta que verdaderamente hay pardillos que apoyan que el espantajo de hierba forrajera que es Echenique, un advenedizo en la política española, un jugador de fortuna incapaz de despertar un halago, ni personal ni profesional, si no es de los orcos pintamonas que le rodean, tiene admiradores. 

Dios mío que bajón me ha dado, otro vino por favor, o mejor deje la botella.

Busco refugio en mi copa y doy un sorbo buscando el efluvio de la inconsciencia y consuelo a un estómago que se ha revuelto al oír, sin querer…o bueno queriendo, lo que se dice en la otra mesa. ¡Echenique elogiado! No doy crédito. Es decir que ese virus de la cizaña, enemigo de todo sentido común, adefesio incombustible, tiene quien le de palmas a pesar de que lo dicho, mas allá de saber si es legal o no, es una necedad impropia de quien ocupa su cargo, por mas birrias que el cargo y el responsable sean. No doy crédito.

Querido lector soy un convencido de que Echenique es el mejor ejemplo de que los golpistas tienen diversas formas de actuar y que no siempre los golpes de estado, o las intentonas, vienen acompañados de armas de fuego, hay ocasiones en que todo es sibilino.

Miremos si no Venezuela. El 4 de febrero de 1992 un grupo de militares decidió dar un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez.

Aquella insurgencia estaba liderada por el comandante Hugo Rafael Chávez Frías, quien fracasó en su asonada militar, pero desde entonces se convirtió en una figura política gracias sobre todo a un breve discurso de apenas un minuto, con el que se rindió y en el que mencionó dos palabras que fueron casi proféticas: “Por ahora”. Tras pasar dos años en la cárcel, Chávez salió libre en 1994 y cuatro años después se convertiría en presidente al ganar las elecciones. Táchenme de exagerado, pero estoy convencido de que los podemitas como Echenique están en plena asonada política. Saben que su ascendencia e influencia en este gobierno chirigota se debilita a cada rebuzno que dan y han redoblado el paso en su búsqueda de hundir al Estado antes de que el Estado les hunda a ellos.

¡Torreznos…! Perdone el lector, pero estaba pidiendo al camarero el acompañamiento de mi vino, momento este de ineludible importancia en el fin de semana. 

Una cosa diré, al contrario de Echenique, el torrezno de cerdo proporciona un placer inigualable cuando acompañado por un buen vino lo tomas al sol, en la mesa de la terraza de un bar en la sierra, mientras el torrezno de Echenique solo deja un sabor a grasa y tocino rancio.

Pero, qué empeño ponen en la otra mesa con el dichoso innombrable. Como es posible que un tipo tan indigno, innoble, mezquino y ruin genere simpatía alguna si no es porque quien lo admira queda entontecido por ese vivir y vomitar sobre todo lo que toca o escribe protegido tras su minusvalía mientras esparce odio y resentimiento.  

¡Mierda! ya me ha fastidiado el vino el pesado de al lado. Casi me he bebido media botella buscando dar sordera al espíritu más que por disfrutar de los placeres de Baco. 

En fin, resignación, mientras llego al final de mi aperitivo también he llegado a una conclusión, está claro que Echenique no ha venido a este mundo con la intención con que Baco lo hizo, cuya misión no era otra que liberar de la preocupación y de los cuidados extremos a los mortales mediante la libación de aquel líquido surgido de la uva y acompañado de la música producida por su instrumento, su auló.

No querido lector, Echenique ha venido a este mundo a dar por culo, y a joderme el vino de mi aperitivo.

Pues eso

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