Segundas Intenciones

Todas las intenciones esconden segundas intenciones. La palabra fue dada al hombre para permitirle esconderla y en esto Pablo Iglesias dio una excelente lección de hipocresía la semana pasada y es que el aburrimiento es mal compañero para el que vive de fama y notoriedad, aunque sea inmerecida. 

El silencio es un arma útil para el político pues le permite ocultar no solo su estupidez sino también sus intenciones ocultas. Pablo Iglesias no sabe estar callado, pero es un maestro entre esos que viven cada segundo para pensar a escondidas el segundo siguiente y pergeñar sus intenciones maquiavélicas.

La pasada semana pilló por sorpresa a este país la noticia de la dimisión de Pablo Iglesias y su intención de ponerse al frente de Podemos en Madrid para salvar a la Comunidad, según sus palabras “del enorme riesgo de un gobierno de ultraderecha con Ayuso y con Vox, parar a la derecha criminal y liberar a Madrid de una democracia amenazada por una nueva derecha trumpista”.

Con semejante declaración Iglesias nos entregaba el primer acto de su estrategia, su posicionamiento quedaba claro y lo hacía, nada más y nada menos, que desde el despacho oficial de su vicepresidencia. Un acto a todas luces electoralmente sospechoso, pero ya sabemos que a Iglesias eso de la legalidad en nuestra democracia le da lo mismo, él prefiere la legalidad que emana de su ideología comunista ósea la dictadura. Fuera como fuese su pre campaña estaba lanzada. 

Pero en Iglesias su relato político siempre esconde segundas intenciones, sus palabras siempre esconden una descarada forma de engaño; lo impúdico de su actuar siempre evita decir la verdad de lo que bulle en el fondo de su cerebro, mientras suelta lo que le viene en gana para que sus acólitos engullan sus mantras ávidamente. 

Hasta la sinceridad en él es un disfraz: nos hace creer que no tiene segundas intenciones, cuando todo en él lo tiene.

Que nadie lo dude, ese “No pasarán” que emitió en su puesta en escena esconde sin duda un serie de segundas intenciones y todo por preservar su propia estrategia personal.

Iglesias va a salir del gobierno un minuto antes de que le sugirieran que es prescindible. Y es que Pablo Iglesias se había convertido en una suerte de papagayo revolucionario y molesto, siempre en oposición al gobierno del que él era vicepresidente. Es un tipo curioso de político que solo sabe ser oposición, a lo que sea, pero oposición, pues solo sabe arengar porque gestionar para Pablo es un mundo por descubrir que le da produce una enorme pereza.

Y es que si de algo ha servido su tiempo en el gobierno ha sido para confirmar que tras sus continuas soflamas chavistas solo hay eso, blablablá. Está claro que no puede vivir sin contradicciones y eso le limita mucho tanto su relevancia como su notoriedad y de ahí que una segunda intención de Iglesias sea la de buscar de nuevo su credibilidad perdida en las prédicas, soflamas y peroratas que tanto le gustan. Me temo que llega tarde para tal fin. Iglesias, ya “marqués de Galapagar, ha perdido su credibilidad. Cosas de la histeria populista de la nueva casta.

Por su lado a Sánchez la decisión de Iglesias lo cogió a trasmano en Francia de visita a “su gran amigo Macron”. Todos pensamos que en el fondo el inquilino de la Moncloa se había quitado un enorme peso de encima, pero siendo esto verdad también está claro que, en su otra segunda intención, Iglesias busca disputar la prevalencia de la izquierda en Madrid al PSOE. 

El liderazgo de la izquierda en Madrid había quedado, por decisión del electorado, para el PSOE, siendo la segunda opción para los restos del “carmenismo” refugiados en Más Madrid y como tercera fuerza comunista Podemos que inexorablemente caminaba hacia la desaparición de la mano de Isa Serra. 

La muerte de Podemos en Madrid prácticamente estaba cantada e Iglesias lo sabía, así que bajo la excusa de ir a parar a Ayuso y sus “hordas fascistas”, Iglesias acude de urgencia a la batalla electoral autonómica para que su partido permanezca no solo visible en la Asamblea, sino que quite diputados a PSOE y desbanque a Más Madrid logrando con ello no solo evitar el hundimiento de su Podemos, sino alzarse con la prevalencia de una izquierda a su mando.

Por último otra segunda intención de Iglesias sería claramente retomar su liderazgo ante sus adictos y adeptos, un liderazgo que le es difícil de mantener y que ha sido puesto en cuestión en múltiples ocasiones a lo largo de los últimos años. Eso si, para ello necesitaba cortarle la cabeza a Isabel Serra y este “macho prevalente” la fulminó. 

A Iglesias en “los círculos morados” ya lo conocen todas así que la fulminación de Isabel Serra fue suficiente para que Mónica decidiera frenarle en seco su entrada en alianza con Mas Madrid. Y es que este “fustigador de nalgas” de moño lacio lleva mal lo del feminismo y “en el partido” todas saben que bajo esa trabajada imagen revolucionaria se esconde un “bon vivant” machista y egoísta que lo mismo le da por Tania Sánchez que por Dina Bousselham que por Rita Maestre que por Lilith Verstringe. 

Por su lado, Irene María Montero Gil, a la sazón ministra de algo, no solo no ha ocupado el cargo profesional que él dejaba vacante, sino que, dicen las malas lenguas, que tampoco parece que esté ocupando ya cargo alguno en lo personal. 

Sea como fuere Iglesias juega fuerte y lo más seguro es que le salga mal. Pero con ese movimiento ha dejado expuesto y al descubierto su yugular judicial y la justicia dispondrá de al menos dos semanas mínimo para evitar la inmunidad parlamentaria del personaje e imputarle por alguno de sus múltiples irregularidades.Veremos que pasa.

Pues eso

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