Vota a Ayuso

Siempre he creído que el que España sufriera una Guerra Civil no fue un hecho casual, fue el destino.

Más allá de los análisis históricos, un estudio psicológico de este país y de quienes lo habitamos hablaría de que aquella guerra surgió inevitable de una patología propia que responde al hecho de ser incapaces de dialogar, tendentes a la imposición del criterio propio y partidarios de ser poseedores de la verdad y además única.

A esta colección de defectos los damos en llamar “carácter latino” y tras este parapeto escudamos todas las frustraciones, complejos y faltas de educación democrática que adornan nuestra convivencia diaria.

Siendo preocupante, tamaño alarde de intolerancia, cuando se recoge tras las puertas de nuestras casas no resulta peligroso más que para nosotros y para nuestro entorno más cercano. El problema surge cuando estas “virtudes” se hacen visibles en ciertos políticos, fiel reflejo de lo que votan algunos. Entonces es cuando descubrimos lo peligrosos que resultan algunos para sí mismos y para el resto del mundo.

Si algo de lo que va a ocurrir el próximo 4 de mayo en Madrid resulta peligroso es que, como niños, nos podemos hacer daño jugando con lo importante, con nuestro destino.

Y es que una vez que se supere la noche electoral y tras recoger las serpentinas y globos que dejaran aquellos fieles que celebraron algún éxito, la realidad se hará patente, pero entonces tendremos que asumir irremediablemente nuestras decisiones.

Madrid se juega su futuro y parte de el de España en unas elecciones a cara o cruz. Hemos de decidir si abrazamos la libertad o nos unimos al fiasco de los países que abrazaron el socialismo y el comunismo.

En este país, ni la propia izquierda sabe lo que dice. Políticamente digamos que esta nueva izquierda que abandera el populismo y sus escisiones jamás ha dado su brazo a torcer y jamás ha cedido nada por el bien común. Más allá de las palabras y los titulares simplemente no saben gestionar lo público, no les han enseñado a hacerlo y por eso derrochan y gastan nuestro dinero en raras estupideces a las que llaman sociales.

Solo hablan y hablan, faltan el respeto al opositor, le lanzan piedras e insultos, pero son incapaces de ver más allá de su ego adornado por una falsa autoridad moral de la que les gusta autoinvestirse.

Hubo un momento en nuestra historia moderna en el que España lució como un país serio y en el que se habló de todo y se logró todo: la Transición. Pero aquello requirió de un tipo de político que hoy no existe, de hombres con una visión de Estado única y de grandes cargas de generosidad democrática hoy desconocida entre nuestra “clase política” tan llena de egoísmos, especialmente en la izquierda, ganas de revancha y sectarismo que les hace incapaces de poder ver por encima de lo particular, de lo propio y pequeño e imposibilitándolos para defender los intereses de un país, España.

Se parapetan en que los españoles con sus votos han decidido, según propia interpretación, una cosa o la contraria.

Pero hoy los madrileños tienen ante si dos tipos de decisiones contradictorias que tomar: Por un lado deben decidir si tomar el camino de una izquierda anti-natura, pero necesitada de unos y otros que ha demostrado, en el gobierno nacional, ser capaz de engañar y mentir con tal de amarrarse al poder, los “chaletazos” y la “pasta de la casta” que tanto critican o permitir la continuidad de un gobierno liberal capaz de conjugar sanidad y economía y que está salvando el destino de Madrid pese a los continuos ataques de esa izquierda sectaria y partidista.  

Lo ideal siempre sería que ante esta enorme alarma nacional que la pandemia ha generado y que ha colocado al país en la peor sé las situaciones, los políticos fueran capaces de hablar, discutir, negociar y pactar por nuestro bien. Pero está comprobado que cuando pactan, sobre todo la izquierda, es para su propio beneficio y a los ciudadanos que nos den.  

La nueva casta política que representa Podemos no sabe hablar y no quiere arriesgarse a no tener razón. Como Cortes, prefieren quemar las naves a escuchar criterios divergentes al suyo. No les gusta contraponer puntos de vista, prefieren el tono guerra civilista, va en sus genes y en su discurso, es lo que les mantiene en pie entre su tipo de gente. Es su estrategia.

No nos los creamos. No son adultos democráticamente hablando. No les gusta verse reflejados en la grandeza que describen escritores e historiadores sobre el talante de la transición. Dicen que aquello acabo y que de ello solo queda rastro en los libros y las hemerotecas. Es más en su sectarismo lo critican al igual que denostar la Constitución.

Son descarnadamente autoritarios y prepotentes y les gusta pensar que lo suyo es lo mejor y no respetan opiniones contrarias, aunque en privado, algunas veces, las reconozcan como razonables.

Pero es que hemos diversificado tanto la presencia de partidos que nos hemos quedado, una vez más, al albur de los jugadores de ventaja nacionalistas, los vampiros populistas y algún lidercillo que condenado a desaparecer por haber obtenido el peor resultado en la historia todavía hará lo imposible por mantenerse en el machito.

Este 4 de mayo, Madrid tiene la posibilidad de afrontar su futuro reduciendo al límite la presencia de este tipo de gente. Ayuso merece una victoria singular, merece arrasar el populismo de Iglesias y la sosería de Gabilondo. Tras 26 años de gobierno continuado y habiendo pasado por el tamiz de la crítica y de los juzgados, los madrileños siguen confiando en el PP, por algo será.

Mi temor radica en que es casi una costumbre en este país que votemos como animamos en un partido de futbol, con el estómago y no con la razón y así nos va. Y al final como dijo Unamuno se hace visible la intolerancia y la envidia “que es la íntima gangrena española”.

Pero esta vez amigo lector el riesgo de votar otra cosa que no sea Ayuso significa dar la razón a Sánchez y su anti-gobierno favoreciendo su permanencia y colocando a España en una situación límite y a Madrid en una situación imposible a base de impuestos, reducción de libertades y miseria.

Una preocupación me asalta a día de hoy: La facilidad con la que esta cayendo Vox, en concreto Rocio Monasterio, en las trampas del líder morado. Iglesias busca incesantemente el choque y ella entra con facilidad pasmosa a ello y eso, nadie lo dude, genera un efecto de convocatoria entre el voto de izquierdas por reacción. Si se mantiene así en la semana final, el resultado favorable al centro derecha estará seriamente comprometido

La duda persiste, pero por favor en Madrid mantengamos en su sitio el que es, por derecho propio, motor económico de España y no devaluemos lo bien hecho simplemente por votar equivocado.

Así que Vota Ayuso

Pues eso.

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