Adiós a las nalgas

Como si del número final del Gran Houdini se tratara Pablo Iglesias parece haber desaparecido de la faz de la tierra. Todo son especulaciones y cotilleos sobre la existencia de quien fuera el azote, perdón Mariló, de cuantos le contradecían.

Hoy las nalgas de la ex de Carlos Herrera descansan más tranquilas en su lugar original y han dejado de sentirse acosadas por el deseo imaginario de aquel tipo con pinta de comisario político de Stalin que armado de una fusta de nylon trenzado las imaginaba y deseaba.

Pablo ya no está en la escena política y eso intranquiliza más que lo contrario. No saber donde está este tipo, que hace, que pergeña, resulta frustrante para quienes como yo disfrutábamos azotándole con el verbo y el adjetivo, a él no a sus nalgas, Dios nos libre.

Las malas lenguas dicen que ha abandonado el marquesado de Galapagar y que su ausencia no se echa de menos en la “dacha” de la sierra de Madrid. Los que le malquieren, benditos ellos, dicen que nadie le abre la puerta en esa casa y que por eso se ha buscado otro colchón en el que descansar y otras nalgas a las que desear.

Lo que si parece cierto es que tan solo se le ve a primera hora en la guardería del Congreso a la que acude por las mañanas a dejar a sus vástagos. Quienes le ven dicen que pasa como un fantasma: sale del coche, deja los niños y se va. Apenas habla y no entabla conversaciones con nadie. Hecho esto ¿Dónde va? Es un misterio.

Esta suerte de Wally político anda desaparecido para los mortales gracias a Dios por fin ha callado y su voz no se escucha ya en el entorno político. Está silente, pero no mudo, aunque me temo que más pronto que tarde sabremos de él.

Pablo Iglesias desapareció el pasado 4 de mayo y permanece desaparecido, dicen que mientras decide su futuro profesional. Arduo trabajo ese para quien no tiene mas que experiencia académica y una vicepresidencia inútil con la que marco a un país durante la pandemia.

Iglesias no ha roto su silencio ni siquiera durante la jornada en la que los presos del ‘procès’ salieron de prisión. Una perita en dulce en otros tiempos, pero que en su nueva situación de silencio absoluto ni siquiera le ha tentado para lanzar un exabrupto de los suyos.

Pablo ha hecho lo que la mayoría de los españoles habíamos soñado que ocurriera algún día y si, se lo debemos a Ayuso.

 Ni Twitter, ni ninguna otra red social. Nada. El mutismo más absoluto. Ni está ni se le espera. Quizás sea por eso por lo que la cuenta del exvicepresidente tiene 11.100 seguidores menos que hace 30 días, mientras que la formación morada ha perdido otros 4.900.

De su nueva vida solo hay una instantánea, la de su cambio de imagen. Una estampa que recorrió los medios tras cortarse la coleta. Todo un símbolo del abandono de la política de la que, hasta entonces Iglesias, lamentablemente, era uno de sus actores principales.

Con todo, es sorprendente comprobar cómo lo que una vez significó tanto ha ido destiñéndose paulatinamente hasta desaparecer.

Pero ojo, parafraseando a Carlos Ruiz Zafón en “El laberinto de los espíritus”, el pasado no desaparece, por mucho que nos esforcemos en olvidarlo y los embaucadores en falsificarlo, estoy seguro de que en el futuro trataran de vendérnoslo otra vez como si fuera nuevo. 

Pero de momento Pablo ha hecho como Charly y ha pasado al anonimato, pero dejando a sus tres “ángeles” para que luchen contra el mal. Ione, Yolanda e Irene son las encargadas por el líder “macho alfa” en batirse por él en los infinitos frentes que agobian a los morados.

Sin embargo, parece ser que en los que antes había amor hoy hay batalla. Ese grupo de tres no ceja de golpearse buscando ser la única que mande sobre las cenizas de un Podemos que definitivamente ha emprendido una vertiginosa caída, hasta hoy, sin fin.

Mientras esto ocurre, Lilith avanza. No solo en la formación podemita sino en el corazón de Pablo. Dicen, otra vez más, las malas lenguas que ella y no otra es la elegida. Que el corazón de Pablo, confirmado que lo tiene, ya solo late por ella y que por ella ha perdido incluso todo interés en las nalgas de Mariló. En fin, habrá que observar cuidadosamente si Lilith se sienta sin problemas o necesita un cojín para depositar las nalgas, que Pablo es muy suyo.  

Pero resumiendo, la realidad es que Pablo tiene muy mal perder, sobre todo cuando verifica que la gente no le quiere. Es por eso por lo que las elecciones de Madrid, a las que acudió como el gran salvador de la formación comunista, solo le sirvieron para verificar que cada vez eran menos los que soportaban su falsa verborrea revolucionaria.

La noche de aquella arrolladora victoria de Isabel Díaz Ayuso supuso para Pablo una derrota inabarcable para su ego. Sin demorarlo más, Iglesias cogió el micrófono y dijo adiós despidiéndose de todos sus cargos y poniendo fin a su etapa como “líder político”, repito “gracias a Dios”.

Con once escaños en la Asamblea madrileña evitó hasta cierto punto la desaparición de Podemos en la cámara madrileña, pero la derrota absoluta de la izquierda y sobre todo el sorpasso del liderazgo de esta para Mas Madrid, dejaron expuestas las miserias de su estrella política.

Pablo, hundido su ego, decidió desaparecer. Se despidió de las nalgas, la dacha, el marquesado, la escolta, los guardias civiles, el coche oficial y desapareció. Pero Pablo te diré: Es fácil desaparecer cuando nadie te está mirando o escuchando…

Pues eso

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