Sánchez, los talibanes y el unicornio inflable de la Mareta

Polvo, estoy hecho polvo al comprobar que el postureo de Sánchez continua más allá de la desaparición del tal Iván. Y es que hablando de talibanes hemos reconfirmado, gracias a la desgracia de Afganistán, que Sánchez en Europa pinta, con perdón, una mierda. España quedó al margen del núcleo duro de decisión de la UE cuando Macron anunció en un mensaje a la nación la iniciativa en común adoptada por los líderes de Reino Unido y Alemania.

Como gran respuesta, Sánchez emitió tres tuits y una foto ante una pantalla de video dando a entender lo ocupado que estaba siguiendo la repatriación de los españoles y los afganos que nos ayudaron en las misiones españolas. Vamos postureo del bueno, del de calidad, de ese que solo los inútiles practican con maestría, de ese que recomendaba el tal Iván.

Pero es que Sánchez está de vacaciones hasta el día 23 de agosto y ni la crisis con Marruecos, ni la aberrante escalada continua de los precios de la electricidad, ni la desesperación de españoles y afganos afines angustiados en el aeropuerto de Kabul separó a Sánchez de la piscina de La Mareta durante días.

No es que Sánchez lo fuera a hacer mejor estando activo, todos sabemos que su cerebro esta de vacaciones desde hace mucho y no hay expectativas de retorno a la vista, pero una mínima actividad sensorial nos habría confortado. Mientras esto sucedía Europa ya levantaba vuelo en busca de los suyos. Pero ya lo decía el slogan “Spain is different” y Sánchez más.

Nos hubiéramos conformado con algo, siquiera un rictus, que nos hiciera sacar pecho y hacer saber al mundo que la hibernación en Canarias de “El Guapo” le había movido la neurona y que una palabra suya deshiciera la sospecha sobre su autismo político.

Pues no, nada de nada, Sánchez no deja el unicornio inflable de la piscina en la Mareta ni aunque el mundo se contraiga, allá el mundo, él esta muy por encima de esas fruslerías y merece un descanso, que no hacer nada también cansa y mucho. ¡¡Diga que si presidente!!

Pero si poco ha hecho el llamado presidente de España lo del silencio de su gobierno llama la atención. Observemos si no a la inútil habitual, la menestra Montero y su ministerio de Igualdad.

¿Se puede ser mas inútil que cuando las mujeres afganas afrontan su negro futuro y sus vidas están amenazadas por la Sharía de los narcoterroristas talibanes, esta menestra ni hable, ni ella ni sus afines, ni sus asociaciones feministas, ni sus LGTBI?, que por cierto a estos últimos en Afganistán los masacran sin juicio.

Y es que protestar ante gente civilizada resulta barato, casi de saldo. Pero cuando te la has de jugar poniéndote al frente de la manifestación, y salir a la calle, para clamar en contra de gente tan peligrosa como los islamistas fundamentalistas, la cosa cambia y además te juegas el gañote.

Y es que al feminismo de salón le pasa lo mismo que al toreo de salón que se posturea mucho, pero sin toro. Y el toro talibán tiene mucha mala leche, están chiflados, tienen gente por toda Europa y son gente de poco fiar y futuro refugio de terroristas islámicos, casi nada para andar con tonterías y hacerse ver, verdad menestra, deja, deja… Menudo marrón.

Como siempre, de esta mierda solo se salvan los militares. Esos a los que Podemos tanto odia y reniega de ellos, pero esos que no preguntan ni cuestionan y que acuden sin dudas al llamado de sus superiores sea cual fuere la misión encomendada.

Verles montarse en la panza de los dos aviones A400M de las Fuerzas Armadas para iniciar la repatriación, en silencio y con una tranquilidad pasmosa y ver entre ellos a mujeres militares dando ejemplo real de su igualdad sin necesidad de pintarse los pechos o salir a la calle a rebuznar contra el patriarcado, es un auténtico orgullo.

El hacerlo no solo las honra sino que las identifica con los valores y principios que nunca debieron desaparecer de este país nuestro.

Los militares españoles llegaron al país asiático en enero de 2001, con un primer contingente de 350 efectivos. Desde ese día y hasta el pasado mayo, los soldados españoles han estado desplegados en una guerra que nunca se quiso llamar así, guerra, en la que 100 militares y 2 traductores han perdido la vida.

Desde ese primer contingente se llegó a alcanzar en 2010 los 1.500 efectivos desplegados en diferentes puntos del país, principalmente en la base de Qala i Naw, construida por los españoles y regalada al Ejército afgano en 2013, y en Herat, donde nuestro país se encargaba tanto del aeropuerto como del Hospital que levantaron allí. Pero también los efectivos españoles estuvieron en primera línea de fuego, en los puestos avanzados de combate de Ludina y Moqur.

No es de extrañar que hoy muchos de esos soldados que han pasado por las misiones en Afganistán se pregunten porque fueron y para que, si al final todo les ha sido entregado por nada a los talibanes en una retirada descontrolada, cobarde y urgente ante el avance, sin oposición, de los narcoterroristas talibanes, y tienen toda la razón.

Zapatero consiguió en su día pintar la guerra de Afganistán como una guerra buena, por contra de la de Iraq que convirtió en la guerra mala de Aznar. Hoy el gobierno de Sánchez está completando aquella pintura mirando para otro lado en la evacuación de quien nos fue fiel.

Esta guerra de Afganistán nunca debió de suceder. El cambio en ese país debería haber llegado desde dentro del país. Tratar de imponerlo por la fuerza y por parte de una potencia extranjera solo conducía al desastre, bien saben de eso los rusos. Rusos a los que los talibanes echaron con las armas que les facilitaron los estadounidenses, las mismas con las que los han echado a ellos ahora.

Hoy Kabul es el parangón de Saigón y Afganistán se ha convertido la mayor preocupación de occidente por la probabilidad de que ese país se convierta en eje del terrorismo islamista, hoy perfectamente armado.

Gracias al abandono del arsenal que los occidentales dejaron en manos de ese ejército en huida, los talibanes gobernaran con la Sharia, el narco y el terrorismo de manera impune.

Pero por favor querido lector si quiere quejarse, quéjese bajo, no sea que despierte al bello durmiente de la Mareta y haga o diga algo que líe más la situación. Déjelo que, si malo es de vacaciones, cuando dice que está activo es peor.

Pues eso

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