Y volvió…

Que razón tiene el dicho español que se lamenta diciendo ¡Qué poco dura la alegría en casa del pobre! Y es que Pablo Iglesias ha vuelto, transformado en “homo mediaticus”, pero ha vuelto.

Aquella alegría que nos llenó de felicidad cuando anuncio su retirada de la política, tras su estruendoso fracaso electoral en Madrid, se ha visto frustrada con esta rentré tremenda del inventor de Podemos ahora pegado a un micrófono.

Por si no hubiera sido suficiente haberle soportado su sarta de sandeces, aquella a la que nos condenó durante su etapa de político, vuelve de la mano de los medios amigos. Son deudores de favores y medios del separatismo rancio que han optado por dar voz al eterno bocazas, como no, pagando bien por sus cameos.

Yo no le oigo, es verdad, no podría, mi educación me impide meterme depende que cosas en los oídos. Pero los extractos que muchos medios hacen de sus exposiciones me llevan a suponer que ha vuelto con ganas de convertirse en una suerte de Inda del progresismo cutre y asaltar la batalla ideológica radiofónica aunque el precio sea batirse con su propio gobierno, la parte del PSOE se entiende, es decir Sánchez y sus palmeros.

Iglesias está en un proceso de multi-colaboración mediática que va desde la SER hasta la emisora separatista RAC1 o el digital CTX. Todos medios afines con los que el exvicepresidente mantuvo y mantiene una gran relación y diversos vinculos, como no.

Recordemos que el que fuera secretario general de Podemos aseguró que, tras su abandono de la política, “tocaba” estar “callado”: “Cuando uno se va no puede en ningún caso eclipsar o molestar a los que se quedan” de ahi nuestra ilusión, la de los ciudadanos normales, pero como se ve nos engañó.

Poco le ha durado ese silencio monacal, y es que acostumbrado a dar titulares gruesos y sin solidez alguna, ahora se sentía según dijo “muy relajado y con muchas ganas de hacer y decir cosas”. Según él, en los medios piensa ejercer de “periodista crítico” y ha augurado que se le dará “bastante mejor” que la labor institucional.

La pregunta sería ¿Ah, pero es que cree que en algún momento la labor institucional se le dio medio bien? Dios mío no ha entendido nada. Fuera es fuera. No vuelvas, Nadie te ve necesario, ni los tuyos que te prefieren lejos y el resto de humanos no digamos. ¿Hay algo Pablo que te haga suponer que te echamos de menos?. Pues desengáñate, no hay nada. Quédate en casa y danos descanso duradero. Si como dices te preocupa la gente, déjanos en paz porfa.

Que empeño por castigar a la gente, esa que dice defender desde su dacha de Galapagar, o a lo mejor ya no, si damos crédito a eso de que ha dejado tirada a la parienta y la progenie.

Y es que no hay postulado defendido con uñas y dientes por Pablo Iglesias, desde que en 2014 irrumpiera en la política española, que los (sus) hechos no hayan convertido en papel mojado.

Desde que Iglesias dejó las aulas y los manifiestos del 15-M, el chasco de sus votantes ha sido sideral. Y es que desde su ascenso al poder, los principales responsables de Podemos se han visto envueltos permanentemente en escándalos personales y de financiación del partido que han dejado claro su doble discurso.

Mientras Iglesias y sus correligionarios señalaban a los demás partidos como integrantes de una casta privilegiada, no ha habido un solo miembro de la nomenclatura comunista podemita que no haya tenido que dar explicaciones sobre un comportamiento falto de ética.

Pero ahora una de las obsesiones de Iglesias puede haber echado a andar con su presencia en los medios de comunicación, controlar no solo los medios de producción sino también los de comunicación

Lejos del respeto a la libertad de expresión por la que clamó para ascender electoral y mediáticamente durante los años de la crisis, Iglesias aboga ahora por embridar los medios de comunicación privados y asumir las riendas de RTVE. 

Esta suerte de intervenciones, por ahora puntuales, en los medios de la secta izquierdosa progre y separatista parece ser que marcan el comienzo de una estudiada vuelta a los medios que desembarcará en una presencia total en muchos soportes y plataformas. Una vuelta que le llevaría a “castigar” a tirios y troyanos con el «látigo de su verbo y la imposición de su pérfida presencia».

El objetivo final parece ser un programa de televisión desde donde pontificar con sus ideas, comentar la actualidad política, fustigar a sus enemigos y cobrarse cuentas pendientes contra el resto de medios de comunicación y comunicadores que, en su opinión, «le echaron» de la política.

Y es que el morado nunca ha ocultado su fascinación por los medios de comunicación ya que es consciente de su poder, influencia e impacto en los movimientos políticos y en las elecciones

La cuestión es que lo que en el pasado para sus fieles fue una desgracia hoy para el común de los mortales, la vuelta de Pablo Iglesias, puede ser una catástrofe.

Permítame lector una anécdota que viene al caso, en cierta ocasión le preguntaron al primer ministro británico Benjamín Disraeli cuál era la diferencia entre desgracia y catástrofe. “Lo entenderá usted enseguida: si Gladstone –su adversario político– cayera al río Támesis y se ahogara, eso sería una desgracia; pero si alguien lo sacara del agua, eso sería una catas­trofe”.

A Iglesias del agua le han sacado sus medios afines. Comprobara lector que desgracias en política, como las meigas, haberlas “hailas”.

Pues eso

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