Pasando de pandemias, danas, volcanes y políticos advenedizos

Como si de un castigo divino se tratara, España se encuentra sumida en una época de pandemias, filomenas, volcanes, danas y como no, ese caudal de políticos novatos y oportunistas sin más deseo en la vida que figurar y hacer dinero.

Esta realidad soez que nos ha tocado vivir apenas deja espacio para soñar y sin embargo cada día debemos levantarnos dispuestos a enfrentar la situación y salir adelante.

Está claro que corren tiempos para pasar por ellos de perfil, la triste realidad se produce machacona a fuerza de tener la esperanza de futuro en duda permanente.

Quizás es que le damos una excesiva importancia a quien no la tiene, es decir los Pablo Iglesias, Sánchez, Montero, etc. Nada hay que esperar de ellos salvo que nos hagan la vida más difícil y es por eso por lo que necesitamos encontrar entre todos motivos propios para seguir.

No crea el lector que estoy en medio de un ataque de pesimismo, aunque lo parezca. Yo mismo, mientras escribo, me doy cuenta de ello, pero no, no es pesimismo es simplemente una reflexión personal, ahora que nos encaminamos hacia el último trimestre de este año secuela del peor año de nuestras vidas.

Dos años en que la naturaleza, los chinos y esos políticos nos han hecho pasar por una prueba de estrés que puede que hayamos solventado, pero en la que lamentablemente les hemos demostrado, a los políticos, hasta que punto podemos aguantarles.

Mucho me temo que eso no les haya desmotivado, sino que por el contrario puede que les haya dado un plus de seguridad de que aún pueden hacerlo peor sin que nos quejemos ni les toquemos un pelo y puede que, lamentablemente, tengan razón.

Pero más allá de esta grosera realidad lo cierto es que este tiempo se está haciendo un tanto insufrible. La constante duda sobre el castigo que nos pueda infligir la naturaleza y la certeza de que, entre una cosa y otra, esta vida resulta un tanto complicada vivirla hace que tengamos que buscar constantemente soluciones propias. Al final, como los territorios nos son comunes, acabamos encontrando el optimismo entre la familia y los amigos, yo por lo menos así lo veo.

Y es que en ellos encontramos más verdad que entre aquellos que nos toca votar, más fe que en la práctica de cualquier religión y más comprensión que entre quienes la ofrecen con intenciones aviesas.

Jamás dejaríamos entrar en ese círculo a gente sospechosa, es un círculo cerrado de apenas unos pocos que constituye, nuestro oasis personal. No es que no haya disputa, pero la admiración y el cariño nos hace superar cualquier discusión con tal de que no nos dejen, que no abandonen el círculo.

Al contrario de los políticos, personalmente prefiero dejar de dar una opinión o simplemente callar, antes de poner en peligro una amistad. Prefiero pedir disculpas que pedir perdón y sobre todo no hay nada que considere por encima de la familia y los amigos.

Y es que corren tiempos tan complicados que no merece la pena complicarlos aun más. El stress del día a día nos come el terreno. Miro a la gente y como caminan con prisas y corriendo a todas partes; como si fuera ese, el último día que podrían hacer algo.

Pensamos que con ese ritmo de hacer las cosas tenemos bien organizada nuestras vidas, aunque un simple titular de periódico o un informativo de TV basta para ponernos de mala leche. Es por eso por lo que los políticos de un bando o de otro están en un permanente rifirrafe, para mantenernos enfrentados en esa batalla ideológica. Cualquier noticia nos lleva a una batalla con la que no contábamos de principio, hace que las emociones nos desborden y no sepamos gestionarlas con algo de serenidad.

Todos los estrategas políticos de izquierda, y algunos de la derecha, saben perfectamente que cuando nos sentimos estresados, nuestro cerebro libera cortisol (la hormona del estrés); y no nos deja pensar con claridad. Y es ahí donde las armas del estratega político echan sus “redes” para captar despistados o iniciados.

Somos pasto fácil de captadores de descontentos, de urdidores de redes sociales, de manipuladores de opinión. Es por eso por lo que deberíamos dejar el estómago para su función gourmet antes que manejarlo como herramienta para votar. La política no es un “gratín dauphinois”, sino un mal, hay quien dice que necesario.

Es por esto por lo que solo nos faltaban las danas y pandemias para componer una imagen triste como de Hill Street que en lo personal solo supero de la mano de mi familia y mis amigos.

Lo digo con conocimiento de causa tras una velada con seis de ellos compartiendo 10 horas, si 10, de sobremesa tras un insuperable arroz al horno en Altea. Es gracias a ellos, y a otros, por lo que esta vida me parece más vivible y aceptable, más allá de la incertidumbre del futuro. Y es por ellos por los que levanto mi copa de verdejo frío ante un espectáculo maravilloso que no describo para no dar pistas.

A su salud y a la de usted querido lector.

Pues eso

Permítame lector aconsejarle el visionado de este video que adjunto. Un magnifico testimonio audiovisual de el almirante William H. McRaven, héroe militar de los Navy Seal, sobre resiliencia y espíritu de superación. De todo punto impresionante.

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