El problema

A estas alturas decir que España tiene problemas es casi un chiste de mal gusto por obvio. Lamentablemente este tiempo nos está abocando a un cúmulo de situaciones complejas, de noticias escandalosas, de incertidumbres económicas y energéticas, de absurdas luchas políticas o de titulares a cada cual más inquietante.

Nuestra sociedad tiene muchos problemas está claro. Y lo peor es que nos estamos acostumbrando a convivir con el infortunio, como quien no ve otra solución más que sufrirlo en silencio, con paciencia, sin reaccionar, quejándonos si, pero en privado, en nuestras tertulias, mientras dejamos que la adversidad progrese y los malos políticos se mantengan, en fin, una pena.

Aun así, hay un problema con el que no puedo, un problema que me come la moral día sí y día también y es el tremendo auge de la violencia gratuita en este país. Esa violencia cruel, lacerante y consciente del dolor sin límite que produce de una forma aleatoria y gratuita por capricho, por vicio o por enfermedad.

Pero ¿por qué no tiene límite? ¿por qué los asesinos y violadores surgen ahora de forma tan evidente como numerosa?  En mi opinión es porque saben que la justicia en España es muy laxa, y asumen que, de una forma u otra, se van a librar. Y lamentablemente no andan muy descaminados porque los asesinatos, las violaciones, las agresiones en España resultan crímenes muy baratos.

No estoy a favor de la pena de muerte o de la ley del Talión, pero igual que se extirpa un cáncer de un cuerpo para sanarlo habría que apartar de la sociedad, de manera permanente a esos individuos para los que la vida de los demás no tiene valor , porque, como se ha demostrado, es más que probable que lo repitan por padecer una evidente enfermedad mental o la más absoluta falta de principios y valores.

Más allá de esto, una enorme y probada verdad es que hay un vínculo entre los niveles de criminalidad y los grados de eficacia estatal, estabilidad política e inclusión socioeconómica.

El último caso, el del pequeño de Lardero, deja en evidencia las enormes lagunas que nuestro sistema de justicia y de prisiones tienen. No es una cuestión de dilucidar si el asesino es una persona normal, enferma o un monstruo, la cuestión, la verdadera cuestión es ¿por qué estaba en la calle con los antecedentes que tenía?

Pero más allá de este horrible caso resulta preocupante la tremenda proliferación de agresiones, violaciones y asesinatos que se están produciendo en este país casi con una cadencia diaria, o así lo parece.

Jamas lo hubiera creído pero en España se practica una violencia gratuita y cruel. La policía se confiesa desbordada por esta ola de nueva violencia que hace de nuestras calles y plazas espacios sospechosos.

El temor a una agresión sexual, un navajazo, una paliza grupal, el ataque de una “manada” o simplemente un robo, con o sin violencia, atenaza las voluntades y desata nuestros miedos.

España se está transformando en refugio, foco de atracción y escenario de todo tipo de indeseables. La laxitud de nuestra justicia y la obsolescencia de algunas de nuestras leyes anima a la agresión impune y el asesinato.

Pero por otro lado el constante estado de distracción de nuestros gobernantes, inmersos en batallas políticas sin sentido y sin fin, hace que las soluciones a este desastre apenas pasen del postureo de ciertos políticos mas interesados en sus propios intereses que en los demás.

Hace algunos días que la madre de Marta Calvo, la joven desaparecida y supuestamente asesinada en 2019 en Valencia, visitó el Congreso para pedir «más pena para los asesinos que no digan dónde está el cadáver de su víctima» y se lamentaba diciendo que «Sánchez llamó a Rocío Carrasco, pero a mí no. ¿Es más ella que mi hija?»

Buena pregunta y la respuesta es evidente y es que para Sánchez era más rentable, en términos de postureo, posicionarse contra la violencia machista y parecer interesado en el tema de Rocío Carrasco, sobreexplotado por horas de programación en Tele 5, que contra cualquier otro que como el de Marta Calvo con dificultad alcanzaba apenas un titular, un día.

Este país tiene un enorme problema, la violencia brutal y gratuita que recorre nuestras ciudades como si de una lengua de lava se tratara y la ineficacia de un sistema al mando del cual hoy en día hay pésimos gestores y aficionados, con el único objetivo de permanecer al abrigo del sillón.

Niños asesinados, niñas violadas por manadas, jóvenes asesinados por bandas armadas, ancianas atacadas y robadas en sus portales, asaltos a casas con violencia, ocupaciones de casas y robos que se multiplican por 10 y todo eso con un gobierno que se dice socialista al mando, un gobierno inútil y desbordado y una justicia desfasada y saturada.

Como creer o fiarse de este gobierno que es incapaz de reaccionar a su propia condena por mor de su situación en minoría en el Congreso y los nudos que le atan a tanto partido, incluso filo-terroristas, interesados tan solo en «lo suyo». Como cambiar una forma de proceder socialmente tan bronca y salvaje si quien debería dar ejemplo de convivencia, nuestros políticos, son incapaces y han hecho del combate y los malos modos su propia forma de hacer política

Pero por otro lado ¿Qué ejemplo pueden dar los próceres socialistas si por un lado piden cosas como la abolición de la prostitución y por otro tienen en sus filas y en las de su sindicato afín tamaña recua de aficionados al tema?

No digo que el resto sea mejor, pero no gobiernan y eso obliga, y como se dice de las reinas “los gobiernos no solo no han de ser putas, sino no parecerlo”, y hoy por hoy a la luz de los acontecimientos eso parece de todo punto imposible.

Si el ejemplo de quien debería de darlo es tan malo y las soluciones son tan escasas o ninguna solo cabe esperar que el problema de este país continúe creciendo en la esperanza de que algún día cambie, sabe dios cómo, y nuestras leyes se pongan al día.

Mientras esto ocurre vigile querido lector, no se confíe, por lo que se ve vivimos entre locos, asesinos y violadores. Ese es el problema

Pues eso

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