Munición humana

La imagen no puede golpear más el alma: cerca de 2.000 migrantes se agolpan frente al cerco formado en la ciudad polaca de Kuznica, en la frontera con Bielorrusia. Del otro lado, decenas de soldados polacos vigilan la valla para que ninguno de esos migrantes, la mayoría iraquíes kurdos que huyen de su país, ingresen a Polonia.

Los inmigrantes, hombres, mujeres y niños están bloqueados a la intemperie desde hace varios días en la frontera, en condiciones humanitarias deplorables, mientras las temperaturas en esta parte de Europa bajan de cero grados. 

Pero ¿Por qué está pasando?

El habitualmente llamado «último dictador de Europa», Alexander Lukashenko, preside Bielorrusia bajo una dictadura que ya parece apuntar será vitalicia y que descansa en una habilidosa mezcla de represión, paternalismo y entrega clientelista estratégica a Rusia.

Hace tiempo que, pese a los paquetes de sanciones occidentales en castigo a los atropellos antidemocráticos de su régimen, Lukashenko consiguió además convertirse en un interlocutor necesario de la UE y Estados Unidos por el papel de mediador que tuvo en los intentos de pacificar el conflicto armado en las regiones secesionistas pro-rusas de Ucrania. Con esta especie de rol, Lukashenko aspiraba a ejercer de puente entre el Este y el Oeste, y a mudar su condición de paria político por la de actor respetable en el concierto internacional.

El dictador bielorruso era un antiguo director de explotación agraria, nostálgico de la URSS y dolido por la independencia de su propio país.  En 1994 se presentó como un candidato ajeno a la nomenklatura y las élites poscomunistas, un “paladín” contra la corrupción que quería revertir la tendencia pro-occidental y pro-mercado y mantenerse pegado a Rusia. Era, como no, el candidato de Putin y, como no arraso o eso dijo, aunque el mundo y los bielorrusos supieron de los manejos fraudulentos del conteo de los votos en unas elecciones manejadas en la distancia por Putin

La Unión Europea sancionó a Lukashenko por fraude electoral y represión de la población un día después de que la OSCE presentase un informe sobre la violación de derechos y las irregularidades durante la votación en el país, la UE aprobó sanciones contra el presidente por fraude en los comicios, así como por la represión llevada a cabo contra los manifestantes los días siguientes.

Pero de esta manera, una vez en el poder, Lukashenko detuvo la transición al capitalismo, restableció los controles estatales de la economía y en lugar de los programas de ajuste del FMI y la terapia de choque, impuso un esquema de asistencialismo y subsidios fiado a las compras de gas y petróleo en crudo rusos a precios «de amiguete» y susceptibles de reventa a terceros con considerables beneficios.

Bien, dicho esto, el problema se plantea de la siguiente manera:

Habiendo sobrevivido a la persecución del ISIS en Iraq, en la frontera entre Bielorrusia y Lituania, los emigrantes yazidíes de Iraq se encuentran atrapados en una trama asombrosamente cínica.

El dictador Lukashenko, está utilizando estas almas desesperadas como peones en su juego de alto riesgo con la Unión Europea.

Europa asegura que la burocracia de Lukashenko saca miles de euros de cada viajero y luego los usa como “munición humana”, para sobrecargar a Bielorrusia y Lituania.

Los migrantes son trasladados en avión desde el Medio Oriente a Minsk y luego guiados a la frontera entre Bielorrusia y Lituania por facilitadores no desvelados, donde se les permite cruzar, sin impedimentos de la policía fronteriza bielorrusa hasta la valla polaca o lituana.

Lituania lo ha calificado de “mezquino”, “venganza masiva” por las sanciones impuestas por la UE después de que Bielorrusia obligara a un avión de Ryanair a aterrizar en Minsk para poder arrestar a un bloguero opositor que iba a bordo.

Además según leo en la CNN, funcionarios de la inteligencia occidental aseguran que el plan no podría funcionar sin el permiso del Estado bielorruso y que Lukashenko probablemente está utilizando a los migrantes como una forma de presionar a la UE para que negocie el levantamiento de las sanciones en su contra.

Ahora Lukashenko ha añadido el posible corte de gas ruso que atraviesa su país si la UE amplia sus sanciones, cosa que pasará probablemente en pocos días,

Rusia, juega un papel vital en este negocio oscuro, y sospechosamente lo que ocurre ahora es similar al sistema que el gobierno ruso usó en la crisis migratoria en Noruega y Finlandia en 2015. Está claro que Lukashenko se beneficia del asesoramiento, información y asistencia de Putin para establecer esta última ruta de tránsito migratorio.

Mientras Lukashenko juega con Europa, se mantiene activo el drama para cientos de migrantes que continúa inmerso en la miseria y el frío en la frontera entre Polonia y Bielorrusia.

Desesperados por salir de los campamentos en los que permanecen estancados por semanas, y en algunos casos meses, decenas de inmigrantes intentan a diario cruzar la frontera hacia Polonia, pese a que la zona está altamente militarizada.

Lukashenko mientras engorda el número de esta “munición humana” a su capricho con el beneplácito de Rusia que ve en ello también una forma de cobrar venganza por las posiciones de la UE en antiguas afrentas.

Es lo que tienen los dictadores “Nada bueno está a salvo mientras ellos estén vivos.”

Pues eso

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s