El ingeniero de la ignorancia

Por si fuera poco ser el ministro más irrelevante del gobierno de Sánchez ahora Castells, la cuota catalana de este gobierno, va y dimite. Confieso que su dimisión me ha pillado cuando ya había escrito este post, pero aun así me parece oportuno mantenerlo.

No se cuales serán las causas de la dimisión, dicen que personales, puede, pero quizás sea interesante saber que lo ultimo que hizo Castells fue emprenderla contra las más prestigiosas revistas científicas del mundo y contra los mas prestigiosos investigadores españoles.

Para entenderlo, si es que es posible, hay que hacer referencia al comentario de hace unos días publicaba el alicantino Fernando Maestre, uno de los investigadores en cambio climático más influyentes del mundo, de acuerdo con clasificaciones como The Reuters Hot List o la reputada Web of Science, que recoge al 1% de los científicos más citados del mundo y que se lamentaba de que la Aneca (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) le penalice a él y a tantos otros investigadores reputados por publicar en revistas de prestigio.

Y es que Castells como represalia a sus peticiones desoídas por parte de las revistas científicas, contrató a dedo a la autora de un estudio que carga entre otras publicaciones contra la revista ‘Science’.

El Ministerio de Universidades no hizo ni concurso público ni publicidad del contrato que cuestiona a las revistas más prestigiosas del mundo y penaliza a los investigadores por publicar en ellas.

Sin embargo, ¡oh sorpresa!, la catedrática encargada del informe no tiene ni puñetera experiencia en la materia. Pero eso si, el contrato nos ha costado a los españoles más de 14.000 euros

Las revistas científicas son referentes de la actividad de la ciencia y el capricho de un político no puede, no debe, poner en cuestión su credibilidad tan solo por venganza, como ha hecho Castells.

Sin embargo, me viene a la memoria como la ciencia puede actuar contra sí misma mediante la publicación de artículos de apoyo a algo y a la vez en contra de esto mismo.

En concreto me viene a la memoria el caso de una sustancia química industrial, el Bisofenol A, que se utiliza para fabricar ciertos plásticos y resinas desde los años cincuenta. El caso es que surgió una polémica sobre algunas investigaciones que demostraban que el Bisofenol A puede filtrarse en los alimentos o las bebidas de los envases que se fabrican con esta sustancia y generar posibles efectos sobre la salud del cerebro y la próstata de fetos, bebés y niños así como afectar el comportamiento de los niños.

El debate se estableció hasta que un laboratorio aseguró haber probado que la sustancia era metabolizada eficientemente en ratas Sprague-Dawley neonatas o adultas y eso parecía probar lo inmune de la sustancia.

El problema es que posteriormente se comprobó que la genética de esas ratas era inmune al bisofenol a y por eso habían sido seleccionadas para ese estudio, tergiversando por tanto el resultado del estudio.

Lo cierto es que el investigador es humano y vive y sufre las mismas ventajas y carencias que el resto. En concreto el investigador precisa de dinero para seguir investigando y es ahí donde la economía interviene.

Hay ciencia que no se hace porque no es rentable, la economía la rechaza. Pero hay ciencia que resulta de conveniencia pues pueden tergiversar el debate protegiendo intereses económicos.

Esta pandemia ha demostrado que todos quieren colonizar el debate. Las farmacéuticas, los gobiernos, los políticos en general incluso los anti-vacunas. Se ha hecho caso a un debate falso en el que las disonancias cognitivas y las creencias malentendidas se han enfrentado con las evidencias científicas.

Gracias a Dios los hechos parecen estar prevaleciendo y las vacunas están controlando un virus que nos ha estado esquilmando.

De la misma forma que cuando se enfrentan religión y ciencia los hechos prevalecen, en el enfrentamiento entre Ciencia y economía también los hechos están por delante de los políticos de turno y sus pequeñas voluntades de aparentar.

Sin embargo, siguen existiendo estos hombrecillos que al igual que el podemita catalán Castells se empeñan en blandir su papel de ingeniero de la ignorancia y tratan aún de manipular la verdad publicada con rigor en las revistas científicas por sus propios intereses.

Las publicaciones científicas desempeñan un papel fundamental en las distintas etapas de la actividad investigadora. Constituyen el punto de partida de cualquier investigación, pues aportan el estado del conocimiento en un tema determinado, y son el canal preferente porque darán a conocer los resultados de una investigación ya concluida. 

La creciente presencia de los investigadores españoles en estas publicaciones internacionales es un hecho tremendamente positivo que muestra la pujanza del sistema español de investigación y, también, su absoluta orientación internacional en las últimas décadas.

Castells abre la boca pocas veces, pero cada vez que lo hace se equivoca, menos en esta última ocasión. Esta vez este ministro silente y saliente ha saltado siempre al plano más extravagante del relato político con argumentos paupérrimos y haciendo una demostración de su absoluta incapacidad y falta de valor. Nadie le echará de menos

Sin embargo, no desentona en un gobierno dominado por la incompetencia que hace gala de lo prescindible que es día si día también. Dios que gente

Pues eso

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