La “espía coja” que volvió locos a los nazis

Permítame lector que harto de escribir en este blog sobre los zopencos y botarates que inundan la política española, haya buscado consuelo en hablar de personas, apenas conocidas, pero enormemente admirables como es el personaje de Virginia Hall.

Pocos, casi nadie en este mundo, tiene a Virginia Hall en su cabeza como personaje a recordar, pero Virginia Hall era una mujer singular, con una pata de palo a la que llamaba cariñosamente Cuthbert y con la que escaló montañas, organizó fugas increíbles y fue responsable de dinamitar muchos de los planes de los nazis durante la II Guerra Mundial.

Virginia es de esos ejemplos de mujeres de fuste que por encima de sus propias limitaciones físicas logro poner en jaque al Tercer Reich en Francia logrando ser reconocida como el objetivo número uno de las SS durante la ocupación alemana en Francia.

Hija de un acaudalado prohombre de Baltimore, Hall fue rechazada por la inteligencia de Estados Unidos por faltarle una parte de la pierna izquierda (por debajo de la rótula) amputada a causa de un accidente de caza en Esmirna. Pero el SOE británico no se negó. El propósito de SOE y OSS (embrión de la CIA) era realizar espionaje, sabotaje y reconocimiento en la Europa ocupada contra los poderes del Eje.

Para la fecha en que la Gestapo imprimió los carteles con su identikit Virginia ya se había convertido en una leyenda: era la primera mujer espía enviada por los británicos a un territorio ocupado, había armado una red de agentes locales que era un dolor de cabeza para los nazis y montado un equipo de radio móvil que enviaba casi diariamente información a Londres sin que lo detectaran.

Los agentes de SOE y OSS se aliaron con los grupos de resistencia franceses y les suministraron armas y equipos lanzados en paracaídas desde Inglaterra. Hall organizó grupos de resistentes para realizar sabotajes contra los intereses alemanes y para ayudar a escapar a los pilotos británicos abatidos en territorio francés.

Con el tiempo, y debido a sus logros, Virginia Hall se convirtió en la obsesión para Klaus Barbie, jefe de la Gestapo en la ciudad de Lyon. Aquel nazi despiadado organizó continuas redadas para dar con el paradero de esa peligrosa espía.

El Carnicero de Lyon, sobrenombre por el que sería conocido Barbie años después, gritó a pleno pulmón: «¡Daría lo que fuera por poner mis manos sobre esa perra coja canadiense!».

El responsable de la Policía secreta nazi en Lyon no sabía que la Dama Coja, tal y como llamaban los alemanes a Virginia Hall, era estadounidense. Sin embargo, y a pesar del peligro que corría en los territorios ocupados, Virginia siempre logró dar esquinazo a la Gestapo.

Si sobrevivió tanto tiempo fue gracias a su habilidad para disfrazarse y a que siempre procuraba caminar sin cojear, dominando el dolor que ese esfuerzo le causaba en la cadera.

Virginia no solo contribuyó a cambiar el espionaje y la visión que se tenía de las mujeres en la guerra, sino también el curso de la lucha en Francia. Sus enemigos eran letales y su conducta ante ellos, tan temeraria que supera las fantasías de Hollywood.

De su fuerza de carácter y temperamento habla el hecho de que huyendo de los alemanes, Virginia Hall llegó a atravesar los pirineos andando, utilizando su pierna de palo como apoyo, y llegó a España, desde donde llegó a enviar un mensaje a Londres diciendo que “Cutberth estaba cansado”. Un mensaje que nunca entendieron.

En España terminó ingresando en la prisión de Figueras durante seis semanas hasta que la embajada de los Estados Unidos la sacó. Así que pasó a formar parte de la Oficina de Servicios Estratégicos de Estados Unidos, la OSS, con quien volvió a Francia, dispuesta a conseguir más información que pusiera a los nazis en un brete.

Al final consiguió volver a Londres donde la recibieron como a una auténtica heroína e incluso el rey quiso condecorarla. Harry Truman quiso también condecorarla con todos los honores, pero ella quiso que fuera el fundador de la OSS que se la impusieran en un acto sencillo en su despacho, sin la presencia de nadie más.

Reconocido por todo el mundo y todas las partes en guerra, su trabajo de espionaje fue de vital importancia para que los aliados consiguieran recuperar Francia.

Virginia Hall murió en el año 1982 y durante el resto de su vida trabajó para la CIA, y hasta hay unas instalaciones para los agentes que llevan su nombre. Pero es increíble que su nombre no sea más reconocido, apenas haya un libro, no haya novelas o películas que cuenten su historia y no sea inspiración para muchas mujeres que sueñan con llegar más allá.

La Historia se empeña en invisibilizar el papel de algunas mujeres increíbles asignando al sexo femenino un papel secundario o, incluso, permanecer en el olvido.

Por su parte ciertas feministas hablan más que hacen y mantienen un ataque permanente y absurdo contra los hombres como todo método para luchar por la igualdad.

El personaje de Virginia Hall como el de otras muchas mujeres destaca en la opacidad de la historia y es de esos personajes a los que la humanidad debe memoria y respeto por haber influido de tal forma en la libertad de tantos seres humanos.

Una mujer que con su ejemplo dio fe de que no existen diferencias entre hombres y mujeres cuando la actitud en la vida es luchar por el bien de todos.

Pues eso.

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