Putin no es Stalin, pero se le parece.

Cada 28 de noviembre los ucranianos recuerdan con velas en sus ventanas y un minuto de silencio el «Holodomor», la hambruna estalinista que costó la vida a casi cinco millones de ucranianos en los años 30 del siglo pasado

El «Holodomor», que deriva del ucraniano «morit’ golodom» y se traduce como «matar de hambre», fue para muchos una catástrofe humanitaria ocurrida a raíz de la orden comunista de Iosif Stalin para la colectivización forzosa de la tierra en la URSS, que se aplicó con especial virulencia en Ucrania.

El comunismo de Stalin además de realizar expropiaciones masivas de las cosechas y reducir las cuotas de comida, sembró el terror en Ucrania al ordenar la confiscación de los productos agrícolas y comestibles de millones de personas en Ucrania durante un año para doblegar la oposición de la población rural a su dictadura.

Según estimaciones oficiales -basadas en el censo y archivos secretos desclasificados tras la desintegración de la URSS-, se calcula que más de cuatro millones de ucranianos murieron a causa de esta orden de Stalin en apenas dos años (1932-1933).

Ucrania nunca fue para el cruel dictador comunista un sueño apacible, más bien una continua pesadilla. Los ucranianos siempre han reclamado su independencia.

Tras la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, y en el contexto de la Primera Guerra Mundial, Ucrania se declaró independiente y generó un nuevo Estado soberano, la República Popular de Ucrania, que duraría hasta 1921. Este nuevo Estado era de corte socialista sin embargo, no formaba parte de la URSS, debido al fuerte sentimiento nacionalista entre la población que buscaba desvincularse de Rusia. ¿Le suena lector?

Sin embargo, el nuevo Estado era débil, dependía de Alemania para defender sus fronteras y el gobierno alemán no tardó en imponer un líder leal. Cuando en 1918 Alemania perdió la guerra, Ucrania cayó de nuevo en manos rusas con la ayuda de Polonia.

Más allá del holomodor, Ucrania tiene muchos motivos para no querer de Rusia otra cosa que su independencia. Recordemos que es en Ucrania donde esta Chernobyl.

Sucedió un fatídico 26 de abril de 1986. La gravísima falla de la central nuclear de Chernóbyl y sus consecuencias abrieron una herida imposible de cerrar entre ambos países. Desde Kiev se criticó la antigüedad de la industria soviética y la obsolescencia del reactor que provocó el más grande de los desastres nucleares de la historia con una potencia radiactiva entre 100 y 500 veces superior a la bomba de Hiroshima. La consecuencia más terrible: dos millones de ucranianos afectados radiactivamente.

Más recientemente la fobia de Ucrania por Rusia se acrecentó con las enormes protestas ciudadanas en Kiev en marzo de 2014. Miles de ucranios filo europeos salieron a la calle en protesta contra el Gobierno prorruso de Víctor Yanukóvic. Esa “primavera ucraniana” se saldó con una acción represora y violenta de las autoridades aunque la presión obligó a huir a Yanukóvich.

Hoy los pasos dados por Ucrania por acercarse a Europa y su posible entrada en la OTAN han enervado al poder del poder Ruso, y especialmente al plutócrata Vladimir Putin, que teme el debilitamiento final de Rusia frente a EEUU a costa precisamente de países de la antigua influencia soviética.

Putin no es Stalin, pero se le parece. Vladímir Putin, busca un lugar en la historia. Si permanece en el Kremlin hasta 2036, superará a históricos mandatarios rusos como Catalina la Grande o Iósif Stalin, símbolos del absolutismo zarista y soviético.

Más allá de esto Putin mantiene un juicio ambiguo sobre la figura de Stalin al que, sin embargo, ha descrito en más de una ocasión como “un gran patriota”. No es de extrañar que los ucranianos mantengan toda su desconfianza en un tipo que muestra admiración por quien arraso su tierra y la condeno al hambre más cruel por simple capricho ideológico.

Es verdad que no se dan las condiciones para un nuevo holomodor. El mundo hoy no es igual y la geoestrategia política no consentiría semejante barbaridad. Pero la historia esta ahí, no para observarla tan solo, sino para aprender de ella y no repetir las mismas barbaridades que se cometieron en el pasado.

Pero, para aprender hay que querer hacerlo y tal y como están las cosas veo en Rusia, y en Putin, vicios autoritarios del pasado. De un pasado que para Ucrania únicamente significa dolor, miseria y muerte. Vamos las grandes virtudes de un comunismo que hoy no abandera Putin, pero del que es heredero como presidente de Rusia que es.

¿Un nuevo holomodor en Ucrania? No creo, o quien sabe, muchas cosas cambian en sus formas, pero no en los fondos, así es como creo que se maneja hoy Vladimir Putin, un tipo que ya ha promulgado una ley que le permitirá mantenerse en el poder hasta 2036, ni Stalin se atrevió a tanto.

Y el que se queje ya sabe… Ahí esta Siberia

Pues eso

2 comentarios sobre “Putin no es Stalin, pero se le parece.

  1. “Es verdad que no se dan las condiciones para un nuevo holomodor. El mundo hoy no es igual y la geoestrategia política no consentiría semejante barbaridad. “

    No estoy de acuerdo, lo ha permitido en Venezuela y nadie ha hecho nada por remediarlo. El mundo hoy es igual que ayer o quizás peor.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s