Sin valores ni principios

Me basta con echar un vistazo a nuestra realidad nacional para comprobar como no solo se hace muy poco por conservar los valores y principios esenciales de nuestra democracia, sino que incluso algunos políticos están haciendo mucho más por demolerlos.

No hay más que mirar a los Iglesias, Rufián, Echenique y demás para sentirse aterrado frente a tanta miseria ética y moral.

Cada día se hace mas evidente la perdida de conciencia social, el descuido de algunos políticos por transmitir una imagen ejemplarizante y como consecuencia la perdida de los valores y principios que deberían preservar el respeto social e individual en nuestra sociedad.

No tengo la menor duda de que el paupérrimo ejemplo constructivo de estos políticos advenedizos provoca que los modos de comportamiento en la sociedad española hayan cambiado. El uso del lenguaje soez se ha hecho cada vez más común, la afrenta y la llamada al odio se ha convertido en moneda de cambio de muchos que al hacerlo no se dan cuenta de que de tanto convivir en la cloaca todo se convierte en un estercolero. El valor de la palabra y el diálogo ha caído significativamente.

Gracias a esto los valores ético-morales están cada día más en decadencia…. Valores como la honestidad, responsabilidad, compromiso, identidad nacional, respeto y tolerancia, son atributos que muchos, demasiados, han dejado de lado, modificando y perturbando así a la sociedad.

Este país nuestro está en crisis, pero no solo es cuestión sanitaria o económica. La falta de principios ético-morales están cada día más en decadencia. Conductas antisociales y deshumanizadas se aprecian por doquier. Indisciplinas, acosos digitales, insultos, ocupaciones, asesinatos, violencias injustificadas… Todo tiene cabida en una sociedad cada día más superficial, más caprichosa e impersonal.La ausencia de valores es una suerte de pandemia que viene desde hace tiempo generando muchos de los males que enfrentamos como sociedad.

La constante puesta en cuestión de nuestras instituciones por parte de esta nueva caterva de políticos populistas, más interesados en mantenerse en el machito que en hacer progresar nuestra sociedad, está provocando que aquello que antes resultaba respetable hoy no sea más que un motivo para el cachondeo popular, la falta de respeto y su banalización.

Una vez leí que la batalla política decisiva en España no lo será por el poder ni por las ideas, sino por los valores, y estoy totalmente de acuerdo.

Aquello que ocurra en los próximos años marcará la supervivencia de nuestra democracia. Hoy el daño que nos causó el “zapaterismo” ha sido retomado por los Sánchez, Iglesias y compañía y está provocando un continuo debilitamiento de los valores de la sociedad española actual.

El constante ejercicio de acomodamiento de los socialistas  y comunistas una vez que llegaron al poder los convirtió en políticos cuyo fin primordial es intuir por donde sopla el viento y adoptar inmediatamente la corriente general.

Para esta gente el poder es un fin en sí mismo y su único objetivo es ganar elecciones y una vez conseguido amarrarse al sillón a cualquier precio sin ninguna restricción moral en el uso de los medios que hay de utilizar para conseguirlo. Zapatero, Sánchez, Iglesias, Rufián…etc. son ejemplos evidentes de esta clase de políticos.

Por desgracia, esta dolencia filtra a la sociedad y a la miseria moral que nos aqueja. Estos políticos oportunistas que deberían hacer tan solo bien su trabajo por el bien de la sociedad, en muchos casos poseen poca o nula formación y vocación de servicio y solo velan por sus intereses personales, convirtiéndose en seres ambiciosos y egoístas a los que algunos tratan de imitar.

A pesar de clamar, por lo contrario, esta gente ha perdido el valor de la solidaridad y servicio a la sociedad si es que alguna vez lo tuvieron. Valores con los que predicaban durante sus propias carreras políticas, pero que jamás se vieron reflejados en la realidad. La mentira fue su realidad.

Esta gente no entiende que el poder es un instrumento para hacer una mejor sociedad, pero no el fin último de la acción política.

En política, como en la vida, los políticos tienden a olvidar que, en un sistema democrático, tan importante como acertar en sus decisiones es saber convencer a los ciudadanos de lo que es correcto.

Es ahí donde el pésimo ejemplo que dan con sus acciones se convierte en argumento con el que la gente se queda y contamina. Todos asistimos diariamente al juego sucio entre políticos, a la burda exhibición de vanidades y a una forma de vivir la política en la que solo el resultado importa.

Puede que John Kerry tuviera razón cuando dijo: Los valores no son simplemente palabras, los valores son por lo que vivimos. Son las causas por las que defendemos y por lo que lucha la gente”

Pues eso

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