Tanto monta, monta tanto

Definitivamente, este gobierno sabe sobre política exterior y geopolítica lo que yo de física cuántica. En esta ocasión, Sánchez y su acólito de exteriores han tomado una decisión harto peligrosa al respecto de nuestra posición sobre el Sahara, con la alegría del inconsciente y la imprevisión del incompetente.

Sánchez, como entonces Franco, ha capitulado a las amenazas de Rabat, aceptando el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, la que fuera la provincia española 53.

Lejos de lo que a simple vista pudiera parecer, la cuestión del Sahara es un factor de máxima importancia para España, y para el mundo, por distintas razones.

Estratégicamente, desde que Marruecos es uno de los principales aliados de Estados Unidos en el mundo árabe, esta situación le ha garantizado al rey moro un significativo apoyo económico y militar. Este soporte se ha convertido en rentas estratégicas para que la monarquía marroquí mantenga su política de ocupación del territorio saharaui.

Esto, unido a las dudas constantes de EE. UU. al respecto del gobierno de Sánchez y su coalición con los podemitas comunistas, está haciendo que nuestro país pierda peso en la zona geopolítica del sur de Europa.

Si además mostramos una estúpida posición ante la situación de Venezuela y ponemos en cuestión las ayudas militares a Ucrania, componemos una triste figura de socio mindundi de segunda clase ante los EE. UU., la UE y la OTAN.

Si resultamos poca cosa en el contexto internacional, que el paseo posturero que el de la Moncloa se ha dado por Europa, mientras en España la calle se levantaba urgiendo medidas para la situación insostenible del país, no ha convencido a nadie más que a Portugal, es decir ya estamos como en las votaciones en Eurovisión en años de Franco.

Importamos poco o nada para el mundo gracias a este tipo enamorado de si mismo y de sus andares.

El caso es que sin encomendarse a Dios ni al diablo y sin ninguna consideración ética Sánchez se ha desentendido hace días del mandato de las Naciones Unidas. El vecino de Moncloa decidió seguir la estela de Francisco Franco y Donald Trump sin siquiera consultar con el Parlamento español apoyando al sátrapa Mohamed VI en su propósito de adueñarse definitivamente del territorio del Sahara.

Pero Sánchez lleva a España a cerrar su crisis con Marruecos y abrirla con Argelia, socio «muy fiable» y «estratégico» y nuestro principal suministrador de gas.

Aun así es más agárrese lector, ahora resulta que viendo como Argelia pela nuestras barbas, Portugal se ha lanzado a remojar las suyas y se ha desmarcado de lo dicho por Sánchez sobre Marruecos mandando a su ministro de Exteriores a Argel a defender que la solución para el Sáhara debe ser aceptada por los argelinos y los saharauis.

Vamos que una vez más Sánchez queda como el mindundi que es ante un mundo que le oye, no escucha, y al que nadie presta la más mínima atención, ni respeto. Y lo peor es que detrás de él vamos nosotros, los españoles, que cada vez representamos menos en el contexto mundial, con la que está cayendo.

El castigo en política internacional se completa con el “desastre con patas” del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares que apuntó el pasado lunes que «las comunicaciones entre España y Marruecos son comunicaciones bilaterales entre España y Marruecos exclusivamente» en respuesta a la pregunta acerca de si avisó a Argelia sobre el cambio de postura del Gobierno español en cuanto a la autonomía del Sahara.

Lo mejor que se puede decir de Albares es que es una eminencia en esto de decir tonterías. Se ve que está en absoluta sinergia con los modos de este gobierno de retrasados funcionales incapaces de gobernar nuestro país, pero a los que los sondeos parecen querer mantener al mando. Nos hemos convertido en un país suicida.

En medio de tanta incompetencia en exteriores, Felipe González saltó para hablar de la invasión de Rusia a Ucrania, dando una auténtica lección de geopolítica a Sánchez por su lentitud en la toma de decisión y a sus socios por mostrarse en contra del envío de armas y de aumentar el gasto público en Defensa.

El expresidente del Gobierno no se ha andado con rodeos y aunque no quiso hacer demasiada sangre, sí que dijo que alguien está un poco «despistado». «Quien no lo vea o es ciego o tiene una ceguera voluntaria».

En fin, que ni los suyos respetan a Sánchez en esto de los “exteriores”, ni en nada. A los españoles solo nos queda aguantar y pasar vergüenza viendo los “paseos de modeli” de un presidente más preocupado por la raya del traje que por crisis de los ciudadanos.

Sánchez nunca debió de llegar a presidir España, pero el voto estomacal socialista lo coloco al mando de un país al que está hundiendo y al que ya no respetan en el mundo. Sánchez en política exterior es un cero a la izquierda. Y nunca mejor dicho.

Por cierto lector, conviene que recordemos lo que no recuerda Sánchez, y es que está probado que Al Qaeda se entrena en el desierto del Sahara, y los de Boko Haram ocupan un país cercano al Sahara, Mali. Esperemos que no se acuerden de nosotros ni de nuestras tropas destinadas allí en misión de paz.

Pues eso

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