La responsabilidad de los irresponsables

Corriendo el año 1990, el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) logró bajo la batuta de Emilio Alonso Manglano entrar en el exclusivo Club de Berna.

Es ahí donde se concentran los máximos responsables de los principales servicios de inteligencia interior de Europa: el Mi5 británico, la Oficina Federal de Defensa de la Constitución alemana (BFV), la Dirección Central de Inteligencia Interior francesa (DCRI), la Agencia de Inteligencia y Seguridad Interna italiana (AISI) etc.

En total, 29 servicios secretos, todos los de la UE más Noruega y Suiza, que forman parte del CTG (Grupo Contraterrorista), creado tras los atentados del 11-S en EE UU.

A Manglano le costó años ganar para España la suficiente credibilidad como para ser invitado a las reuniones del Club de Berna y en 1990 fue por fin recibido en representación de nuestro país.

Hoy mutado el CESID en CNI (Centro Nacional de Inteligencia) hemos podido comprobar hasta que punto está dispuesto a llegar Sánchez por mantenerse en la presidencia.

La bajeza moral y ética, así como la más absoluta falta de sentido de Estado de este presidente y su gobierno probablemente haya hecho que Manglano se revuelva en su tumba.

Todo aquel esfuerzo por ganar la confianza y respeto entre los servicios de información del mundo, Sánchez, lo ha dilapidado pisoteando el buen nombre de CNI para dar satisfacción a Rufián y los suyos.

Esta comedia bufa que han protagonizado a raíz del tema de Pegasus ha resultado de una bajeza moral indiscutible, pero ¿qué se puede esperar de semejante recua de monigotes al mando?.

Por su parte, Margarita Robles ha puesto en escena la más baja de las traiciones al Centro y a su directora, tan solo para durar algo más de tiempo al mando de defensa, corto tiempo hay que decirlo si hacemos caso a los cronistas de este gobierno que sitúan su despido al finalizar las elecciones andaluzas. Efímera victoria Margarita.

Todo esto a las puertas de una reunión clave de la OTAN en España y sobre la que ya han expresado sus dudas sobre la confidencialidad de las reuniones por la presencia en el gobierno español de filo-terroristas, separatistas y comunistas declarados abiertamente anti-OTAN.

Hay una regla general de la inteligencia que dice que cuanto más se comparte un secreto, menos secreto es.

Y esa es una razón para ser escéptico con lo de compartir mucha inteligencia, los secretos pueden no ser secretos entre los 28, pero como ha demostrado el impresentable de Rufián en este país los secretos valen nada.

Quizás por esto y por otras razones que los países anglófilos decidieron en su día forjar su propio club al que se ha dado en llamar “El Club de los Cinco Ojos”.

El «Club de los cinco ojos» nació a partir de la estrechísima colaboración en materia de espionaje que mantuvieron Estados Unidos y Reino Unido durante la II Guerra Mundial, en particular por el trabajo en el británico Bletchley Park para descifrar los códigos alemanes y japoneses. La alianza fue posteriormente abierta a tres países angloparlantes, Australia, Canadá y Nueva Zelanda.

Si ya desde entonces los países anglófilos quisieron tener un club aparte de el de Berna para compartir su información, figúrese querido lector como deben estar hoy los miembros de ambos Clubes, observando la falta de garantías y de confidencialidad que dan Sánchez y los suyos ante la cercanía de la reunión de junio de la OTAN en España.

Manglano definió claramente la labor de los servicios de información en su entrevista en la SER en 1993: “adquieren información y la elaboran y una vez que la han elaborado, la información no es algo patrimonial del servicio, sino que se entrega al Gobierno. El servicio (CESID) no tiene ninguna responsabilidad respecto a las medidas que pueden estimarse en los informes, esto es responsabilidad del Gobierno.

Y así sigue siendo, aunque el zafio de la Moncloa trate de pasar el muerto a otro, en este caso a otras. Sánchez no vale ni los trajes de postureo que viste. Como ya le ha dicho Feijóo “es una caricatura de presidente en el peor gobierno de la España democrática”.

En fin, que el CNI comprara “Pegasus” en su día era algo obligado. Que lo haya usado para espiar a terroristas, separatistas, pro-etarras y a los que viven dando la espalda a nuestra democracia con el objetivo de destrozar la Constitución, también.

Pero el problema no está en el CNI, sino en el Gobierno social-comunista que día si día también se tira a los brazos de quienes son una amenaza para los intereses nacionales.

Lo grave del problema no es que el CNI haya investigado al separatismo, sino que Sánchez esté gobernando gracias a ellos.

La destitución de la directora del CNI, Paz Esteban, constituye el último episodio de la humillación del Gobierno ante sus socios separatistas.

Pedro Sánchez ha utilizado el señuelo de que él mismo y algunos de sus ministros habían sido espiados sus teléfonos para derivar su responsabilidad. Ahora ya sabemos algo más sobre este presidente, no solo es inútil y mentiroso, sino que además es cobarde.

Pues eso

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