España en cenizas

España arde y por una vez los políticos poco tienen que ver, si bien es cierto que su dejadez y desidia en algunos casos hace que los campos estén plagados de acelerantes para cualquier fuego ocasional o intencionado que se pudiera producir.

Tanto los políticos nacionales como los regionales o autonómicos nunca han demostrado una especial preocupación por cuidar el campo, por limpiar los montes, por dotar a los bomberos de mejores medios, por incrementar la vigilancia, siquiera por legislar más duramente contra quien atenta criminalmente contra el medio natural

Pero aceptémoslo, también es cierto que mucha culpa la tenemos el resto; bien por nuestros descuidos, bien por la maldad intrínseca del ser humano.

Sea como fuere, lo cierto es que esta tierra nuestra, a la que deberíamos de proteger y cuidar con esmero, se encuentra en peligro de desertización provocado por el escaso interés que tenemos por cuidar nuestro patrimonio natural y proteger nuestro medio ambiente.

Lamentablemente, los fuegos y los incendios en verano no son novedades. Resulta ciertamente desasosegante esperar el verano sabiendo que se han de despertar los incendiarios y con ellos su maldad y locura.

Y es que lector, no se a usted, pero a mí se me encoge el corazón y se me hiela la sangre cuando observo las imágenes en los informativos de los montes absolutamente calcinados y de las gentes desesperadas con las llamas a un metro escaso de sus casas.

Pero los termómetros siguen machaconamente esta semana al alza. Mientras en toda Europa occidental se están batiendo récords locales de calor, como en Francia como en Reino Unido.

Por su parte, España y Portugal están siendo acosadas por olas de calor demasiado frecuentes, en menos de un mes dos, y justo en plena campaña turística estival. Para los científicos, la multiplicación de estos fenómenos arrasadores es consecuencia directa del cambio climático.

Fuera como fuese el impacto de estos episodios está provocando tanto muertes como enfermedades relacionadas con el calor por la mala calidad del aire, la poca (más bien escasa) lluvia y los rendimientos en los cultivos que quedan sensiblemente reducidos.

La NASA lo ha reconocido, la ola de calor viene asociada con mucha humedad relativa y cuando las temperaturas superan los 35 °C en medio de una humedad alta las consecuencias son letales; las personas no pueden controlar su temperatura interna, el sudor no se evapora y se puede muy bien producir un fallo sistémico mortal y esto en España lleva ya contabilizadas casi 500 muertes.

La NASA y los científicos auguran que a finales de este siglo la 1/4 parte de la superficie terrestre será inhabitable para los seres humanos, ya que en torno a un 20% del mundo quedará sin disponibilidad energética, ni una tecnología para crear microclimas. Habrá migraciones, mortandad, daños en los ecosistemas y los graves problemas que, de momento, ya estamos conociendo.

Estos episodios de olas de calor pareciera que van a ser cada vez más frecuentes y certifican lo que la ciencia lleva diciendo años, un efecto que parece silenciado y que hay que empezar a decir alto y claro: El cambio climático aumenta el riesgo de mortalidad y tiene consecuencias que afectan directamente a la vida del planeta.

Podemos ser escépticos o podemos ver la realidad, pero lo cierto es que escudarse en que antiguamente también se producían sequías y periodos de altas temperaturas no es responder a la realidad. Una realidad que es sencilla y fácil de entender “el mundo está cambiando y se está desertizando debido a nuestra dejadez y a la de muchos políticos”, el fuego solo es efecto de este hecho.

Sea como fuere, creyentes o escépticos, debemos de aceptar que todos estos episodios ejercerán presión sobre el suministro mundial de alimentos a medida que las sequías y las olas de calor se hagan más frecuentes en el futuro.

Es una locura negar la evidencia de que el clima de la tierra ha cambiado a lo largo de la historia. Tan solo en los últimos 650.000 años ha habido 7 ciclos de avance y retroceso de los glaciares.

Como sea, cinco años después de la firma del histórico acuerdo de París seguimos muy lejos de cumplir con los objetivos establecidos de mantener la temperatura del mundo por debajo de los 2 °C y estabilizarla en 1,5, lo que evitaría el recrudecimiento del calentamiento global y los efectos extremos.

El mundo está ardiendo y es urgente revertir el curso del cambio climático. Tal y como lo describe La ONU en su 75 Asamblea General y en su llamamiento a la acción climática urgente,

“el mundo tiene una fiebre alta y está ardiendo. Las alteraciones climáticas son noticia diaria, desde devastadores incendios forestales hasta inundaciones récord. El reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial es inequívoco, la última década ha sido la más calurosa registrada y las concentraciones de gases de efecto invernadero han seguido aumentando. Las emisiones de dióxido de carbono de los combustibles fósiles y los incendios forestales alcanzaron un máximo histórico en 2019 y son un 62% más altos que en 1990”.

El futuro no puede ser más negativo. Sé que muchos pensaran que a cierta edad poco nos importa lo que ocurra en adelante, pero eso debería hacernos pensar y que no seamos esclavos de nuestro egoísmo y empecemos a tomar medidas ya, para que el futuro de nuestra sangre no sea tan triste como hoy aparece.

O quizás sí, quizás todo sea culpa de Sánchez… Por un día, si es broma.

Pues eso

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s