Un gran necio, un impresentable

Cuando creímos que sabíamos todo de lo que era capaz Pedro Sánchez, el pasado martes acudió al Senado para durante dos horas y media dejar al descubierto una faceta aún más ruin y chabacana, la cara más sucia de este personaje, la de un tipo impresentable, faltón y macarra.

Sabíamos del monclovita, que la mentira como estrategia política le había servido tanto para ocultar los problemas a la población como para negar la realidad sobre la descarada tendencia hacia la miseria por la que nos está haciendo transitar.

Lejos queda aquella famosa frase, “los españoles se merecen un gobierno que no les mienta”, que acuñara en su día el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba y que gracias a Sánchez se ha hecho cruel realidad.

Sánchez ha cambiado todo dentro del PSOE para mal. La forma de hacer política de los socialistas de antes es muy diferente a la actual. Felipe González hizo, queramos verlo o no, política de Estado, Zapatero hizo del desastre una forma de gobernar y Sánchez continúa la de este último, pero superándole notablemente.

El inquilino de la Moncloa ha abandonado el socialismo para hacer de su ego una ideología, de ahí eso de “política sanchista”. El sanchismo ha asesinado al socialismo, y sus palmeros son cómplices de ello.

Con la llegada de Sánchez se ha demostrado que en el PSOE los impresentables suben aún más que la inflación.

La etapa de la política de estado y la meritocracia en el socialismo español está muerta, porque la meritocracia socialista es falsa, no es el mérito lo que les hace llegar, sino la oportunidad que les dan a los impresentables de llegar.

Qué triste imagen sacó Sánchez del enfrentamiento con Feijóo en el Senado. Para alguien que quiere dar tantas clases de suficiencia moral, se ha comportado como un adolescente contrariado. Intelectualmente impresentable, políticamente impresentable, democráticamente impresentable

No nos merecemos un presidente tan infantil, con tan poca altura, y en un momento crucial de nuestra historia como país.

El espectáculo dado el martes pasado en el Senado se resumiría fácilmente de la siguiente manera: Uno que durante dos horas y media insulto al líder de la oposición, este, durante 20 minutos (no le dieron más) aguantó y respondió con soluciones de Estado y nadie había en el hemiciclo que moderara nada. El fondo y la forma del Presidente de Gobierno fue penoso e indigno de un estadista y su extensión en el uso de la palabra, para quien solo había ido a insultar, fue excesivo.

Pero gracias a ello hemos entendido el milagro de Pablo. Ojo, me refiero a Pablo de Tarso que perseguía a los cristianos a caballo pero, un día le cayo un rayo y se cayó del caballo y ese día se convirtió en San Pablo, ¿aspira Sánchez a ser un nuevo Pablo de Tarso?, pues, aunque se ha caído del caballo, ha cogido el camino equivocado. Por donde va, solo se llega al abismo… Pero por favor lector, no se lo diga, en ello va nuestro futuro…

A estas alturas de la legislatura nadie puede ignorar que el desprestigio de cierta «clase política advenediza» plantea una amenaza muy grave al futuro democrático de este país. Pero acciones como la impresentable “ceremonia macarra” del llamado presidente de gobierno en el Senado, deja claro el enorme error de haber aupado a Sánchez a la presidencia. Aquello fue sencillamente un pacto que condujo a una decisión, al cabo grotesca

Sánchez está logrando llevar a sus últimas, y peores, consecuencias aquella frase que Alfonso Guerra dijo al llegar al gobierno “España va a quedar que no la va a reconocer ni la madre que la parió” y con ella el socialismo, que no solo lo desconoce hoy a la madre que lo parió sino que además, si lo conociera, lo rechazaría.

Este Gobierno sanchista que rige nuestro destino hacia el desastre ha convertido en supuestos políticos a patanes de barrio maestros del engaño y del trilerismo. Personajes falsos de lengua viperina que no saben más que faltar e insultar y a los que llama socios de gobierno.

Mi querido lector, tal y como están las cosas, si es usted abducido, no piense que es un secuestro, es un rescate.

Gracias a Sánchez, el pasado martes en el Senado, España supo por fin que tenemos un presidente de gobierno en puertas. Alberto Núñez Feijóo es un político inmutable, de los de oficio y que conoce bien los resortes de la gestión pública.

No es de esa clase de políticos capaz de bajar al barro a encenagarse en la reyerta fácil y sin objetivo. Muy por el contrario, el gallego sabe perfectamente marcar los tiempos de su gestión e identifica con claridad meridiana las necesidades de los ciudadanos. Tanto es así que el recurso que le queda a los contrarios es, como se vio, el insulto personal.

Sánchez ya sabe lo que le espera, el olvido. La historia no dejará un hueco mayor que el que ocupa Zapatero en la nada. Su paso por el gobierno de España está siendo una suerte de desgracia cada día más evidente.

Como verá lector, cada día que escribo doy lustre a aquella frase que dice “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”, y es que estoy muy harto.

Pues eso

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