Sánchez y su expolio electoral

Es una perversión, pero así están las cosas. A Sánchez le queda poco tiempo para ser juzgado por el voto de los españoles. Estamos en tiempo preelectoral, va perdiendo y lo sabe. Y es que en  2023 habrá al menos tres convocatorias de elecciones en este país.

Las primeras elecciones serán municipales, convocadas para el 28 de mayo y junto a estas, en 13 CC.AA se celebrarán también elecciones autonómicas en las comunidades no históricas.

Las elecciones generales aún no tienen fecha pero, como muy tarde, se deben celebrar el 10 de diciembre de 2023, si es que este desastroso gobierno consigue agotar la legislatura.

Sánchez ha apretado el acelerador del gasto público sin control y con ello ha abierto una descarada fase de expolio electoral de lo público, en el que todo euro a gastar ha de estar encaminado a provocar el voto a su favor, arrastrando incautos, timando a desprevenidos y engañando, mediante una subvención nacional “temporal”, a quienes buscan dinero rápido con el que paliar su infortunio.

Ante esto Pedro Sánchez ha decidido tirar de chequera pública para estas próximas campañas electorales dada su falta de gestión, su indigencia de ideas y la terrible precariedad económica de tantos en este país.

Ahora Sánchez pretende superar sus mentiras durante la legislatura con el gran engaño final de “subvencionar un país”, al que quiere convencer de ser el valedor de los pobres y a los que pide su voto para que sus penas tengan final.

Dicho esto, este gobierno haciendo caso omiso de las advertencias de las instituciones económicas internacionales y nacionales, no ha dudado en regar con millonarias cantidades de dinero público a todo tipo de colectivos en lo que podría considerarse un enorme chalaneo electoral.

Por lo que se ve Sánchez quiere tomarnos el pelo a los españoles hasta su último día de la legislatura y para ello no ha dudado en llevar a cabo esta lluvia de subvenciones, pagadas todas y cada una de ellas por todos nosotros, es decir, los contribuyentes, con tal de perpetuarse.

Cuatrocientos euritos para que los jóvenes se entretengan, un bono alquiler joven que financiará con 250 euros mensuales durante dos años, 21.000 millones para igualdad, el cheque de 200 euros para paliar la inflación. Un paréntesis, o sea que Sánchez, que nos ha llevado a una inflación de casi el 10% ahogando a las familias de nuestro país, considera que dando una propina de 200 euros ya palía los efectos de tamaña miseria. Usted verá lector pero a mí esta estupidez me resulta ofensiva.

Aunque es mejor  nadie se haga ilusiones, a la vista está lo sucedido con el Ingreso Mínimo Vital que prometió en el año 2020 y que a día de hoy no ha llegado aún al 70% de sus potenciales beneficiarios, según la AIREF. Y qué decir de las ayudas a la Palma, mejor no hablar.

Sánchez es ya el peor presidente de nuestra historia democrática, superando al mindundi de Zapatero, y pasará al anecdotario de la historia como aquel presidente que nunca hizo nada pero que decía hacerlo todo, un fraude vamos.

Sánchez ha demostrado ser un elemento peligroso y ahora en su desesperación final promete gastarse el dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos, para impresionar al votante incauto y a una Unión Europea distraída con el tema energético y Ucrania.

Sánchez, en ese mirar a todo y a todos por encima de su nariz no puede ver más allá de ella, y así nos va.

Y es que no creo, para nada, en este tipo. Es una broma pesada. Y  a la vista está que es capaz de crear más problemas de los que soluciona… que  definitivamente es ninguno.

Pero lo que más asusta es que sus propios votantes socialistas no se sienten responsables de los fracasos de este gobierno que votaron; por el contrario, mantienen un nivel de intención de voto que resulta preocupante.

Ante esto no tengo más remedio que decir que, a mi juicio, Sánchez está apoyado por un ejército de mediocres al que sigue una multitud de tontos y así es muy difícil que se elija un gobierno inteligente.

Lo reconozco, no puedo tener simpatía por quien trata de mantenerse en el gobierno tan solo para satisfacer sus propios intereses personales y partidistas, apoyado por quienes votan de estómago. Triste balance.

Por lo visto, los votantes de esta izquierda que nos desgobierna no son capaces de distinguir entre un accidente de bicicleta y el hundimiento del Titanic. Reconozco que soy de los que creen que es imprescindible que el socialismo español recupere el sentido de estado, pero hoy por hoy ni está ni se le espera.

A ellos, a los socialistas de bien, que los hay, y a los que votan de forma racional, creo que les vendría bien reflexionar y por el bien de todos reconocer que más vale encender una vela que maldecir la oscuridad, y el momento está llegando.

Mientras tanto, estoy convencido que lo único que Sánchez arrasará en estas próximas elecciones es la tesorería pública. Si lo sabrán en Europa que en la UE le han dicho que mientras no cree un sistema de control fiable sobre el destino de los fondos que están por venir, no veremos un duro.

De momento hace unos meses y sin que nadie lo supiera, la UE envió 10 hombres de negro a supervisar el uso inicial de los primeros dineros que nos mandaron.

Y es que el expolio electoral de Sánchez gastando para comprar lealtades, no solo era previsible sino que a partir de ahora ya es visible, mientras que la UE exige que aclare la situación de los compromisos alcanzados con ellos a la hora de explicar  dónde iban los más de 200.000 millones de euros que llegarían hasta nuestra economía.

Pues ¿Dónde van a ir? Ese “money” no tiene otro objetivo que mantener el culo del monclovita al calor del sillón y  asegurar su permanencia al borde de la A6.

Pues eso

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