La que faltaba, ahora Belarra. ¡Dios que gente!

Esto comienza a parecerse a una competición por ganar el premio al ministro más tonto. Confieso que si para ello han designado un jurado, lo va a tener muy difícil, son tantos los aspirantes y tan cualificados que se me hace una misión imposible determinar cuál de ellos es más imbécil.

Y es que en este gobierno los tontos son legión. Por si hubiera sido poco el escándalo creado por la estupidez de Montero con su ley del “sí es sí” o el lío de lo del LGTB, ahora resulta que Belarra ha saltado al terreno de juego, saliendo de su baja por maternidad, para decirnos que maltratar a un animal ha de tener mayor pena que maltratar a una persona.

Miren, adoro  los animales, quiero tener un perro, me parecen más merecedores de mi cariño que muchos que se hacen llamar humanos,  pero joder equiparar animales y humanos me parce excesivo.

Esto de tener un animal de compañía lo están poniendo tan complicado y absurdo que uno no sabe si tener de compañero un animalito es un riesgo penal asumible o no si quien lo determina es esta panda de descerebrados que están a cargo del gobierno.

Para empezar, resulta que esta nueva ley de Bienestar Animal obliga a todos los propietarios de perros a realizar un curso de formación obligatoriopara demostrar que están capacitados para tener un perro. También obligan a realizar un test «para valorar la aptitud del animalito para desenvolverse en el ámbito social», aunque no se especifica quién, cómo y con qué criterios va a valorar la sociabilidad de los perros.

Empezamos mal, no entiendo como son capaces de imponer tales cosas personas que no han pasado prueba alguna para estar en el gobierno de la nación. Y es que, si hubieran tenido que pasar pruebas de aptitud  no dudo que jamás habrían llegado a ser más allá que bedeles de ministerio, y esto lo digo con todo mi respeto por los bedeles.

Francamente, entre Montero y Belarra este país está dando un ejemplo a sus jóvenes de cómo sin capacidad alguna se puede llegar a todo. Es como el ejemplo de aquel marido de “Rociito” que siendo guardia civil y solo por encamarse con la hija de “la más grande” llegó a ser un personaje público y a cobrar una pasta durante años.

Definitivamente a la luz de lo visto en este gobierno, son un pobre ejemplo para muchos hay mucho tonto con poder suelto.

Pero siendo sincero muchos de nosotros en una u otra ocasión, seremos o habremos actuado como estúpidos. No hay problema en reconocerlo. De hecho, es el primer paso para solucionarlo. El problema es que por lo general, el estúpido profesional, ese que está al mando, no sabe que lo es, pero al resto de la sociedad sí le toca sufrir las consecuencias de esa ignorancia. Y ahí empieza los jaleos como los que hemos visto y sufrido estos días.

Siendo evidente que hay que proteger a los animalitos, la forma de plantearlo y la falta de reflexión que una vez más se intuye tras la dichosa ley, deja en evidencia que la estupidez de quien lo pergeñó es astronómica. Pero como esta gente son tontos, no atienden a razones, no actúan con lógica, ni siguen los mismos parámetros que alguien listo. 

En la lucha entre un político tonto, de los que están en el gobierno vamos, y uno listo, el listo tiene las de perder  porque no juegan en la misma liga –quizá ni siquiera juegan al mismo deporte, que diría Tarantino–, así que el inteligente debe admitir que está en franca minoría, retirarse y aceptar lo que venga.

En general las leyes que promueven los podemitas son auténticas infantiladas, sin estudios previos ni base jurídica respetable y sacadas adelante de forma rastrera a base de los votos de los chantajistas de Sánchez.

Estos ministros podemitas, por lo general, actúan sin pensar demasiado las consecuencias de sus actos, porque su “tontez” los lleva a no cuestionarse absolutamente nada. No dudan jamás. No admiten rectificaciones.

Viven estos populistas envueltos en una coraza inexpugnable y se sienten del todo satisfechos porque no creen que puedan aspirar a más. Están convencidos de que sus ideas son correctas y ellos infalibles, así que penetran en nuestra vida como elefantes en una cacharrería… y luego nos toca a nosotros, y a otros, arreglar los destrozos.

Con lo de Belarra, queda demostrado que en este país no hay nadie ni nada a salvo de estos indigentes intelectuales, ni los animales, que van a tener que probar que además de ser animales son aceptables para vivir en sociedad y si no pasan las pruebas pues, ya se sabe, bozal y correa, vamos como los humanos.

En fin lector, que yo que pensaba que de existir la reencarnación quería reencarnarme en algún animalito aún por decidir, me lo estoy pensando. Visto lo visto, no sé si compensa hacerlo mientras no cambie el gobierno, aunque si uno lo piensa bien tal y como están las cosas, lo de ser uno de los pavos de acción de gracias de Joe Biden podría ser una opción. Al fin y al cabo, el presidente de EEUU los ha indultado de una muerte segura. Y no creo que Podemos llegue a la Casa Blanca… ¿no? ¿O sí? ¿no? En fin.

Pues eso

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