Quim Torra, el político inútil

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La expresión es vieja, ¿qué hace un idiota para prosperar?, rodearse de individuos más incapaces que el. Por lo visto en la política secesionista catalana el que mueve las fichas, un tal Puigdemont, es un incapaz que sirve a intereses propios que nada tienen que ver con el bienestar de la ciudadanía. Su dedicación plena esta la dedica a captar botarates que aspiren, en su servilismo, a sentirse grandes mientras le rinden total pleitesía.

Este constante afán por pervertir la política catalana del huido en Berlín se esta haciendo merecedor de ser estudiado al detalle en una cátedra de sicología sobre demencias y alucinaciones políticas o sobre como el ego de un ido es capaz de destruir la unidad de un pueblo.

En política hay personas dignas que desean ser para poder hacer. Muchos aspirantes a político merecen respeto pues hacen que la integridad esté por encima de la ideología, pero nunca serán de interés. Pero los partidos en muchas ocasiones se retroalimentan de lo contrario y como se ve en el caso catalán, convierten la búsqueda del tonto útil en una finalidad en si misma. En el caso del expresident parece ser mejor forjar electos serviles e inútiles que no incomoden y que permanezcan controlados como marionetas.

Tienen razón aquellos que piensan que si a un tonto le das un pito y una gorra, ya tienes a un general. Lo decía mi abuela y cuanta razón tenía. Para ejemplo; Quim Torra.

Quizás sea cierto lo que decía Bernard Shaw “a los políticos, como a los pañales, hay que cambiarlos a menudo y por la misma razón”. En el caso de Quim Torra apenas ha hablado y ya esta listo para ser desechado como se haría con su homónimo de pulpa celulosa.

En política ni vale todo, ni todos valen y en el caso de Torra esto se hace evidente. En Cataluña, por lo visto en los últimos tiempos, es Puigdemont quien decide el Presidente de la Generalitat. Desde hace meses es el dedo de fugado el que marca y designa el nombre de su sustituto no como en las democracias al uso en las que la elección se somete a los ciudadanos.

Me temo que de ser los ciudadanos quienes eligieran, pocos habrían votado por este personaje de mejillas sonrosadas, pinta de botiguer y cara de despiste. Un personaje ya marcado por su pasado tuitero que se dice escritor con editorial propia regada por las subvenciones de la Generalitat.

Su mediocridad le ha alzado al puesto de Presidente gracias a la abstención de los secesionistas de extrema-izquierda de la CUP por medio de su abstención, que no su voto y eso que los “cuperos” son independentistas natos y que el tal Torra habla de España peor que ellos. Pero me temo que la CUP ve venir el desastre y poco o nada le hace gracia colocarse del lado de “el pelele” que ha seleccionado el sumo sacerdote catalán.

Torra es un absurdo hooligan que el de Berlín ha impuesto a sabiendas de lo que hacía. La aportación “filosófica política “ de este hombre en su visión sobre España y los españoles le debe hacer gracia al felón fugado: “Vergüenza es una palabra que los españoles hace años que han eliminado de su vocabulario” / “Los españoles solo saben expoliar” / “Fuera bromas. Señores, si seguimos aquí algunos años más corremos el riesgo de acabar tan locos como los mismos españoles” / “Los españoles en Catalunya son como la energía: no desaparecen, se transforman”… son algunas de las flores, quizás las más suaves, que se pueden recoger del jardín de sandeces del que hoy pasea por Cataluña en el coche oficial de President.

Para Quim, la Presidencia de la Generalitat es el premio a su pleitesía a Puigdemont durante los meses del exilio. Pero también un reconocimiento por su paso por las plataformas sociales que desde 2012 han mantenido vivo en las calles el desafío de los secesionistas, En su curriculum figura el haber formado parte de la junta directiva de la ANC y vicepresidente de Omnium Cultural.

Pero lo que de verdad ha decidido a Puigdemont para otorgarle el titulo de president títere a Quim es su declarada y dilatada pleitesía y su entrega sin fisuras a la causa de Puchi.

Esa entrega incondicional y su vocación decidida a decir si a todas las propuestas de Puigdemont, le ha garantizado a Torra la privilegiada situación que ocupa sabiendo que, realmente, el que ejercerá el oficio de manda más en Cataluña será el amado líder, Puchi.

Torra, si pasa a la historia, pasará como un simple muñeco de ventrílocuo, el Monchito de Puigdemont. Un presidente de la Generalitat sin independencia ni talento reconocido y, como evidencian sus mensajes en la red, sin intención de dialogar que tan solo seguirá ordenes, mientras su jefe lo apoya en sus rodillas y le mete la mano por los bajos para hacer que habla ante el público.

Sentarlo a la mesa a negociar es inútil siempre habrá una misma repuesta. “mañana te digo, cuando consulte” o en el mejor de los casos “me das un segundo que llamo por teléfono”. Lo dicho un mediocre melifluo sin capacidad de decisión metido a político inútil

Decía Frank Sinatra que el “no vendía una voz o discos, vendía un estilo”. Pues bien si de estilo va la cosa, el de Torrá es vulgar, para llorar y lo malo es que contamina todo aquello donde aparece, como su propia toma de posesión, “un esperpento” que, como leí en algún sitio, ha “degradado la dignidad” de la institución de la Generalitat.

A estas alturas el lector ya habrá adivinado que el tal Torra no me gusta y así es. Creo que Cataluña se merece más respeto del que sus partidos, el huido” y su Monchito le otorgan.

Francamente ante lo visto pienso que De Gaulle tenía razón cuando dijo “He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”.

Pues eso