Susana Díaz, el orgullo y la soberbia

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Al traslado masivo de afiliados y simpatizantes de un partido a una concentración del mismo, o a votar el día de las elecciones en Galicia lo llaman el “carreteo”. Susana Díaz carreteó la semana pasada a sus fieles para gritar contra quien ha llegado a la presidencia de la Junta mediante un proceso democrático legal y limpio y eso dice muy poco de su calidad democrática y mucho de su prepotencia.

Bajo la excusa de una voluntaria e improvisada queja feminista, Díaz lanzó a los suyos durante la toma de posesión de Moreno, tratando con ello de inducir la idea del cuestionamiento hacia los partidos que acceden a gobernar la Junta, no era solo contra Vox sino que era un ataque a la mayor, a los tres partidos de centroderecha.

Al promover el griterío y el ataque contra quien entra en la Junta de la mano de los votos, la socialista ha demostrado ostentar un record de vanidad y despotismo digno de un partido que ha pasado 40 años sentado en la poltrona andaluza y al que le duele levantarse y dejarla en manos de quien los andaluces han elegido libremente.

Así como mucha gente no está preparada para pasar de la riqueza a vivir en la clase media, en política Susana y el socialismo están demostrando que no están preparados para descender a la oposición y dejar de ostentar cargos de gobierno.

Es muy duro pasar la lubina a la sardina.

Acostumbrada a la lisonja diaria en la que vivía, Susana tiene ahora que vivir la vida real de los de a pie, le toca pasar a ser un político mas, y uno de los humildes. No tiene mas remedio que abandonar la soberbia y la prepotencia que, a fuerza de rodearse de un equipo de pelotas profesionales, le habían hecho creerse infalible y sabelotodo, hasta casi sentirse una “diosa del Olimpo”.

Sabe muy bien que se acercan tiempos duros a la intemperie política en los que muchos la señalarán y la dirán todo lo que no le habían dicho nunca. Le toca abandonar esa sensación de estar “iluminada” y sentir como la gente ya no le debe pleitesía y agradecimiento y descubrir que eso lo hacían sólo por el cargo y el poder que ostentaba y por lo elevado de su ego.

Susana en su loca y desesperada convocatoria de manifestaciones ante el Parlamento andaluz ha tratado de hacer verdad el famoso dicho en política de “si no puedes convencerlos, confúndelos”.

Aunque no sé si acudieron a esta cita convencidos, confundidos o aborregados, era evidente que la llamada de Susana a echarse a las calles no tenía como fin la reclamación de derechos de las mujeres, lo que buscaba Susana eran las imágenes de algo parecido a un levantamiento popular y para ello se buscó la percha del feminismo militante en la que apoyarse.

Haría bien Susana Díaz en asumir la realidad y darse cuenta de que los andaluces ya no le aguantan ni una más y ya de paso decirle a Pedro Sánchez que los españoles tampoco.

Al hilo de esto sería bueno que ambos se aplicaran aquella salida de Rajoy cuando le atizó en el Congreso de los Diputados a Pedro Sánchez, en agosto de 2016, cuando este andaba instalado en aquel machacón “no es no” que tanto daño hizo al PSOE: “No abuse, señor Sánchez. Me ha dicho que no y es suficiente. No hace falta que me lo argumente. He entendido todas las partes del no“. Le vendría bien a este país que ambos, Sánchez y Díaz, hubieran comprendido este inmenso “no es no” que les ha regalado una parte de España, mucho me temo que no será así.

Dicen los propios socialistas que Pedro Sánchez es un killer, que la mayoría está equivocada con él y que no es un tonto como parece, que es un aniquilador de todo aquel que está en contra suya. Pues otra más para que Susana abra bien los ojos

¿Cuantas veces no se habrá arrepentido Susana Díaz de no haber dado, cuando pudo, el golpe final a las expectativas de Sánchez?

Y cuantas veces no se lo habrán recordado los suyos. Esos que ahora, huérfanos de Susana, acosados por el nuevo gobierno y por las ganas de venganza de los de Sánchez, saben ya que su futuro no pasa ni por la Junta

ni por el partido, que dedicarse a recoger coquina resulta muy duro y que el invierno político a la espera de unas nuevas elecciones resulta muy frio para quien ha estado acostumbrado a marisco y mujeres de moral rebajada.

Al hilo de esto, tan solo una anécdota clarificadora, dice el saber popular que allá por 1875 en Málaga, unos cuantos jóvenes de la época con ganas de divertirse propagaron el rumor de que en cierta fonda de la calle Larios se pagaban a duro los votos para unas elecciones próximas. La falsa noticia se propagó como un reguero de pólvora por la ciudad y en poco tiempo la gente acudió en tropel pugnando por entrar en el edificio hasta tal punto que colapsó la propia ciudad. Comentaba un periódico de la época que los jóvenes, entre carcajada y carcajada, habían contado que idearon esta broma para demostrar de manera práctica «cómo estamos de sentido moral en estos tiempos». La moral ciertamente estaba ausente de la vida política. Hoy gracias a Dios todo ha cambiado, deberían tenerlo en cuenta los mandamases socialistas, incluidos los andaluces.

Pues eso

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