Cuando languidece el Estado de Derecho

Al hilo de lo ocurrido con la nueva retahíla de imputaciones que han acompañado a las de Aguirre y Cifuentes, una vez más se ha puesto de manifiesto la cuestionable relación entre juzgados y periodistas.

Por lo que sé, los confidenciales digitales tenían mucho antes que los que iban a ser declarados investigados tanto el auto del juez de 85 paginas, como  las fechas y citaciones a declarar de estos investigados, con lo que para cuando los abogados y procuradores recibieron el detalle de los mismos, los medios ya habían emitido juicio y sentencia, mandado a la mierda la presunción de inocencia y manipulado a  la opinión pública poco dada a analizar las cosas con objetividad.

Una vez más la casquería se impone a la justicia, una vez más la pena de telediario se convierte en algo más atemorizante y demoledor que la investigación judicial, una vez más para cuando el juez emita dictamen sobre su investigación, sea este el que sea, ya la calle habrá pisoteado el nombre del señalado gracias a los titulares de los medios y al absoluto desprecio continuo de ciertos plumillas que escriben de cosas que apenas conocen, sin interés por la verdad, dando por probado lo que solo son indicios y buscando el escándalo sin esperar a que la investigación confirme o deseche.  

Sea como fuere, la vida de mucha gente habrá sido destripada en plaza pública. Lo mismo dará si resultan culpables o inocentes, el caso es ganar lectores, televidentes, inversores, likes o adeptos a este periodismo amarillo que ha saltado de los cotilleos a la casquería judicial favorecido por una lucha continua entre políticos con ganas de destruirse los unos a los otros.

Desde diez días antes de que el juez imputara a Esperanza Aguirre, los medios ya presionaban asegurando que el juez así obraría, que siempre seguía el dictamen de la fiscalía y que no cabía duda alguna de que lo haría; así día sí y día también, deseando con ello que lo hiciera, de forma que se aseguraran durante días el morbo  y las secuelas constantes, y así fue.

Pero lo más sorprendente es que en la tarde/noche del día en el que el juez firma el auto, un medio, un confidencial, adjuntaba ese auto íntegramente en su pagina digital, lo que induce a pensar que lo tenía con anterioridad, con mucha anterioridad.

Cabe preguntarse cómo lo hizo. ¿Cómo logró ese confidencial tener el lunes, antes que los implicados, aquel auto firmado a mediodía por el juez? ¿Por qué los investigados fueron sorprendidos con su imputación a través de ese confidencial, 24 horas antes de que oficialmente les informara el juzgado? ¿Cómo es posible que el medio desmenuzara nombres, empresas y cargos, en ocasiones erróneos, de quienes no sabían que sus vidas estaban siendo puestas en entredicho? Y como remate ¿Cómo otro medio digital listaba a continuación los nombres y cuándo tenía que ir a declarar cada uno de los investigados?

¿Justicia?, ¿Libertad de prensa?,¿Presunción de inocencia?,¿Estado de derecho? ¿Quién puede garantizar eso en España? La presunción de inocencia y el Estado de derecho deberían prevalecer y la justicia debería garantizarlo, pero es la cuestionable libertad de prensa la que prevalece, aunque el precio sea el honor y la vida de las personas, de esta forma el Estado de derecho queda diluido entre intereses mediáticos espurios. 

Sirva como explicación grafica sobre lo aquí dicho el siguiente ejemplo histórico:

Con ocasión de un viaje que el arzobispo de Canterbury hizo en 1905 a Nueva York, sus secretarios le avisaron de que tuviese cuidado con la prensa americana. El prelado los tranquilizó diciéndoles que estaba acostumbrado a tratar con periodistas.

Al llegar a Nueva York se celebró, en el mismo trasatlántico en que el arzobispo viajaba, una conferencia de prensa. 

Uno de los periodistas le preguntó:
¿Qué piensa Vuestra Eminencia de los prostíbulos de los barrios del este de Manhattan?
El arzobispo quedó perplejo un momento y preguntó a su vez:
¿Hay prostíbulos en los barrios del este de Manhattan?
Al día siguiente, la prensa de Nueva York titulaba en primera página:
“Primera pregunta del arzobispo de Canterbury al llegar a Nueva York: ¿Hay prostíbulos en los barrios del este de Manhattan?”

En este país quedan muchas cosas por hacer, entre otras una ley que castigara duramente la filtración de documentos y declaraciones judiciales. Eso siempre que algún día consigamos que se forme gobierno y que el Congreso arranque a trabajar.

Pues eso

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