Iván Redondo, el gran visir que quiere ser califa

La máxima de que una legislatura del PP y una del PSOE se diferencian porque el PP produce gestión, gestión y gestión y de vez en cuando algo de comunicación, mientras que el socialismo es siempre comunicación, comunicación, comunicación y alguna vez gestión, cobra hoy una dimensión nueva con la designación de Iván Redondo como quinto vicepresidente, in pectore, en el gobierno Sánchez. 

Iván Redondo es ese asesor a quien Sánchez, pese a las críticas de aquellos que le culpaban de haberle empujado a la repetición electoral, ha reforzado, y mucho, visualizando de forma evidente que él, y no otro, es su hombre fuerte.

Sánchez ha concentrado detrás del despacho de este nuevo Rasputín con mando en plaza,además del propio Gabinete presidencial, la Secretaría General de la Presidencia, la Secretaría de Estado de Comunicación, la Dirección Adjunta del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, el Alto Comisionado para la Lucha contra la Pobreza Infantil, el Alto Comisionado para España Nación Emprendedora y la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo. En otras palabras, Redondo tendrá bajo su mando dos secretarios de Estado, cuatro subsecretarios y 21 directores generales. Ahí es na. 

Su poder será mayor que el de muchos ministros, casi como el de un quinto vicepresidente, pero desde luego con mas mando que alguno de los 17 existentes en este gobierno. Su influencia en la política de este gobierno se verá con el tiempo, pero su presencia no deja duda alguna de el tipo de legislatura hacia la que se dirigen Sánchez y los suyos: Habrá fotos, mucho titular, mucho tuit, mucho blablabla pero si alguien espera gestión eficaz en pro del ciudadano mucho me temo que tendrá que esperar y mucho. 

Que la comunicación es vital ya lo demostró el PP con su bisoñez y su falta de la misma, pero tan malo es que no haya como que sea el eje de la legislatura. 

Con un gabinete de comunicación con tanto predicamento y tan poderoso cabe preguntarse si quien va a dirigir el país es Sánchez o Redondo. Y es que la presencia de un consultor de comunicación no debería ser tan evidente, ni estar todos los días en los medios. Hará bien el ciudadano en preguntarse cada vez que pase algo en el gobierno si es por designio del presidente o por indicaciones de Redondo. 

Dicen las malas lenguas que en esta pasada crisis de Abalos y la tal Delcy Rodríguez, Iván Redondo pidió la cabeza de el de Fomento y que cuando el ministro, visiblemente mosqueado dijo aquello de “a mí no me echa nadie” aludía al jefe de gabinete, cosa que se hizo evidente cuando tiró de frente aquello de “quienes están de paso en la política”. En última instancia Sánchez salvó a Abalos porque según él “ha prestado un servicio al país”, veremos cuanto dura.

Abandonado a su suerte por Redondo, Abalos maniobró yendo a explicar lo ocurrido al diario La Razón, o bueno a dar otra de las múltiples versiones de lo ocurrido. Tal movimiento responde a una regla no escrita pero conocida en comunicación y es que si quieres parecer mínimamente verosímil, debes salir a la palestra en un medio no afín para que la versión gane algo de credibilidad. Redondo mientras, ausente, se lavaba las manos como Pilatos.

Mas allá de las movidas de palacio, Redondo se ha hecho dueño y señor de la Moncloa. Su reptar es diferente al de Soraya Sáez de Santamaría, gran reina de la fontanería monclovita en tiempos de Rajoy, pero mucho me temo que, aunque con herramientas diferentes, tendrá una influencia similar.

Redondo pudo ser una estrella de la televisión como otros que han aterrizado en los platós con mucho menos méritos que el, pero no le bastaba con ser colaborador en el programa de Susana Griso. El aspiraba a llegar al ala oeste de La Moncloa y se metió a asesorar políticos del PP acompañando a Albiol y a Monago. 

Pero este último casi entierra su carrera cuando no supo como maniobrar en aquella crisis que se produjo cuando se supo que Monago tenía una amiga en Canarias y que fue a visitarla a cuenta del erario. Aquello arrastró la carrera política del extremeño a un punto sin retorno del que el PP aun no se ha dado cuenta y Redondo no supo protegerle. 

Redondo es de esa clase de tipos que sobreviven incluso a si mismos. Y es que, si el éxito se mide en función de las expectativas generadas, el pasado 10-N el PSOE realmente fracasó. El protegido de Sánchez había convencido a este de que la repetición electoral -volando todos los puentes y negociaciones posibles con Unidas Podemos – le garantizaría una nueva elección que le elevaría hasta un umbral de 140 los escaños al PSOE.

Parece ser que el gran gurú de la Moncloa cifró su previsión en tres escenarios posibles: los réditos del efecto Moncloa -la imagen presidencial de Sánchez -, el castigo de los votantes de Pablo Iglesias por su actitud “obstruccionista” a la hora de facilitar la investidura del líder del PSOE y la desbandada de los simpatizantes de Ciudadanos tras la espantada de su sector socialdemócrata.

La cosa, como se vio, no salió como lo tenia previsto y Redondo se encontró obligado a reaccionar de urgencia aquella noche electoral, en un escenario nada favorable, poniendo en marcha un plan B surgido al calor del mal fario que vaticinaban en la última semana los sondeos internos del visir. A la desesperada y por la puerta de atrás, Sánchez asumió sus mentiras y presento este Frankenstein de Gobierno al que ha puesto a Igor, digo a Iván, a vigilar.

De lo que no cabe la menor duda es de la capacidad de pervivir de el valido Iván Redondo. Ha sobrevivido a los enemigos que tiene, que son muchos, dentro del PSOE, a sus enemigos en la oposición, a los medios de comunicación con los que, a nadie le quepa duda alguna, acabará a tortas y a sus propios, y nada despreciables, errores. 

Por encima de todo eso Redondo se ha constituido en el quinto vicepresidente “in pectore” de España. Queda pues este país, en gran parte, en manos de un asesor de comunicación, henchido de ambición, visir de una corte de la que en realidad quiere ser Califa.

Pues eso

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