Viaje a ninguna parte

Hoy me he sentado a desayunar con la noticia de que Casado y Egea han puesto en venta la sede del PP de Génova. Dicen que para romper con el pasado. Es decir que para evitar la muerte han puesto a la venta el cementerio. No se enteran estos novatos en eso de morir políticamente hablando, no hay que vender el cementerio, lo que hay que hacer es evitar la muerte. 

Y es que el peor muerto que existe es aquel que estándolo no lo sabe, ni es consciente de que lo está. En política se dan muchos de estos casos y la mayoría de ellos siguen andando, aun siendo cadáveres, porque a otros, sus acólitos interesados, les interesa mantener al muñeco de pie. 

El PP definitivamente tendrá que esperar mucho para superar su estado terminal. Ese convencimiento existente, que comparto, de que la solución a este país y sus problemas está en manos de la derecha no va a bastar en esta ocasión para cambiar la tendencia autodestructiva de un país incapaz de separar lo anecdótico de lo vital.

Pero es que la derecha, los llamados conservadores, caminan como gallo sin cabeza y, aun descabezado, continúa corriendo de una parte a otra sin rumbo fijo hasta que cae rendido.

Casado nunca fue el líder necesario y lo demuestra cada día en ese vivir un rato más para morir más tiempo que ha elegido como forma de mantenerse al mando de Génova. 

Casado fue la elección menos mala entonces por eliminación de Soraya, la cual resultaba altamente peligrosa debido a su pasado manipulador. Nadie quería a la hija política de Rajoy que había acumulado tanto poder en la sombra, desde la policía hasta el CESID.

Soraya mandaba más que el gallego en ocasiones y algunos veían en ello un peligro inminente y con razón, así que se pusieron a la labor de sacar adelante lo que quedaba; Casado.

Pero Casado ha demostrado que no es solución, lo ha hecho desde el primer día. Ciego está el que no lo vio venir, ciego o es que le convenía mantener el muñeco para sabe Dios que fin.

Como si de la fábula del emperador desnudo se tratara, todos los “apasionados” del líder del PP lo halagan y admiran su vestimenta y el ufano se deja querer, pero mientras la gente en la calle ya se ha dado cuenta de que está en pelotas y eso es lo que le han dicho los catalanes en estas elecciones.

Ha saltado, como no, Teodoro García Egea a culpar a Bárcenas, a la fiscalía y a Sánchez, y puede que algo de razón tenga. Pero malo es ver la paja en el ojo ajeno y  no la viga en el propio.

Y es que Casado es un pésimo líder. Sin empaque, sin discurso, en un permanente estado de nervios, saliendo al paso de los demás, pero nunca liderando el mensaje, por cierto, sin relato alguno, sin argumento de oposición sólido y sobre todo dando la sensación de que tras él no hay nada, nada en absoluto, ni plan, ni equipo, ni partido… solo Teodoro.

En estas condiciones lo sorprendente no es que haya habido el tremendo varapalo del sorpasso de VOX, sino que haya conservado tres diputados. Y es que hay que tener mucha fe o ser muy leal, o muy mayor, para votar hoy en día al PP… si no eres gallego.

Nadie sabe a qué juega el PP con tanto cambio de posicionamiento y reposicionamiento que Casado y Egea anuncian día si y día también. Y traigo a colación a Egea porque mucho me temo que parte del desastre le corresponde a este hombre. 

Comprendí quién era Teodoro el día que le vi en YouTube tocando la guitarra acompañando un villancico en Navidad. Estaba allí serio, circunspecto, como si su dominio sobre el instrumento fuera magistral, con la pose del que piensa lo estupendo que es y es que creo que así se ve: estupendo y Teodoro…No hay para tanto.

Este partido, sinceramente, no se merece a este dúo de la bencina. Lo que ha dejado claro este tiempo de legislatura “sanchista” es que nuestra solución como país pasa por un gobierno fuerte y claro y una oposición de peso y estado, pues ni lo uno ni lo otro, todo lo contrario de lo que hay.

No estamos para decisiones de estómago, ni de agradecidos ni de los llenos de odio. Pero desde luego el PP no está para jugar al cluedo político por más que huela a muerto. 

El PP necesita como el respirar recuperar la coherencia en el mensaje, la cohesión de un partido de gobierno, el compromiso con el país, pero sobre todo un liderazgo con visión que no mire a los lados, que no reaccione a los cebos de la oposición, sino que sea proactivo, que tenga claro el futuro, que prime el compromiso con los ciudadanos y que no sea solo de boquilla, sino que lo demuestre.

¿Qué cuando ocurrirá eso? Ay lector, tal y como están las cosas, no lo sé, pero lo que si sé es que resulta más que triste, preocupante, ver la tendencia de Pablo Casado hacia el ridículo y la irrelevancia.

Siempre la caída de un líder está inevitablemente rodeada de un halo trágico. Pocas veces estos se tornan conscientes de lo banal de las victorias temporales y lo efímero de esa gloria a la que se creían llamados. 

Casado se abraza inevitablemente a la fugacidad del tiempo que lo está quemando poco a poco. Tengamos pues paciencia y esperanza de que su viaje a ninguna parte sea breve y que quien le sustituya sea de verdad un hombre de estado. Por cierto ¿Conoce usted lector a alguien así?

Pues eso

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