La navaja de Ockham de la política española

La llamada ‘navaja de Ockham’ o ley de la parsimonia es un principio filosófico enunciado por Guillermo de Ockham, monje franciscano y filósofo del siglo XIV que defendía el principio, de forma resumida, por el que la explicación más sencilla suele ser la correcta. Esta ley se popularizó mucho con el paso del tiempo y ha acabado aplicándose en campos muy variados como la economía y por qué no, la política.

Lo ocurrido entre Ciudadanos y el PSOE la pasada semana es fácil de explicar aplicando la navaja de Ockham y es que “si grazna como un pato, camina como un pato y se comporta como un pato, entonces, ¡seguramente es un pato!”, en lenguaje terrenal de la actuaidad, traición. 

Más allá de que lo de Murcia haya acabado como ha acabado, lo sucedido ha sido el reflejo de una traición y ambición desmedida. Lo que ha guiado este coitus interruptus entre los líderes de ambos partidos, expertos como son en faltar a la palabra dada. El proyecto de ataque total a los gobiernos de centro derecha de varias CCAA estaba claro. 

Por un lado, Arrimadas precisaba y precisa, mantener su chollo en un partido al borde de la desaparición y por otro Sánchez apenas arriesgaba dado que las tortas en cualquier caso se las llevarían los de C,s como así va a ser, pues al fin y al cabo la traición es algo natural en el nuevo sanchismo.

Al punto en que estamos hoy, está claro que este intento de pacto murciano pergeñado con alevosía y nocturnidad entre Abalos y una líder cuestionada en su propio partido, desvela que los políticos de estos dos partidos están a cosas personales que poco tienen que ver con lo que a los ciudadanos nos interesa.

El resto de los movimientos en gobiernos autonómicos, en los que niegan el “pacto por la traición”, pero que obviamente formaban parte de ello, probablemente quedará abortado principalmente por la rápida y eficaz puesta en escena de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso.

Aun con todo, lo ocurrido ha puesto de manifiesto la pobreza intelectual de muchos de nuestros políticos y el escaso interés que estos tienen por los ciudadanos a los que dicen representar. Si ya la imagen de los políticos en este país era de absoluto menosprecio, este movimiento ha dejado claro que en términos de confianza los políticos patrios están hundidos hasta el cuello.

Reducido al sentido de la navaja de Ockham podemos asegurar que España pasa por el periodo más negro de su historia en lo que a política y políticos se refiere. Gente que en su mayoría no da la medida ocupan los sillones de quienes han de dirigirnos en medio de este infortunio de la pandemia.

Este es un periodo tan negro que somos nosotros, los ciudadanos, los que realmente hemos de protegernos del virus que nos mata, pues como resulta evidente los políticos están a lo suyo, y lo suyo resulta impresentable. Para muestra un botón, el Ministro de Sanidad no dudó un segundo en abandonar el ministerio en plena pandemia por acudir a la llamada socialista en las elecciones catalanas. Lamentable.

Los ataques a las instituciones por parte de Podemos, la convocatoria de elecciones catalanas con “epis”, las negociaciones independentistas para alzarse con el gobierno catalán, y ahora la traición de Arrimadas, dejan claro que el interés real de los políticos por nuestra salud es mínimo, por no decir nulo.

La mayoría de los políticos en este país son merecedores de una patada allá donde más duele,  de mandarles callar y que dejen de gastar recursos del Estado gratuitamente, y se dediquen a arreglar lo que realmente afecta a la gente, que para eso se les vota.

Esta sociedad hipócritamente dirigida por cuatro advenedizos a la política promociona lo malo en vez de lo bueno. Si los políticos trabajasen como Dios manda, a favor de la ciudadanía y no únicamente para sus intereses personales este país vencería antes a la pandemia y ganaría su futuro.

Pero cada vez hay más políticos novatos, advenidos en dirigentes, impresentables que no aguantarían una semana en un país serio y que tan solo van a lo suyo, a hacer de su capa un sayo, mantenerse en el machito y de paso ganar amistades entre los altos personajes económicos, en busca de una cómoda ubicación con la que seguir una vez políticamente jubilados. 

Y mientras tanto en la calle se sufre día sí y día también la desgracia pandémica de ciudadanos con hambre, autónomos sin futuro y pequeños empresarios cerrando sus negocios.

Solo atendiendo a ese querer mantenerse en el poder al precio que sea, es como se puede explicar por qué tenemos un gobierno tan inútil como el que tenemos o una oposición tan meliflua y débil a la que Sánchez se pasa por salva sea la parte, sabedor de su debilidad y de la falta de entidad de sus líderes.

Arrimadas solo ha puesto nombre a la ambición, por encima de los intereses de los ciudadanos. Su traición es un ejemplo de hasta donde están nuestros políticos en disposición de mandarnos al carajo mientras a ellos les vaya bien.

Por aquello de contribuir pienso que quizás a Arrimadas le sirva esta reflexión de Sir Winston Churchill: “La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra solo te matan una vez”. Aunque me temo que Arrimadas ya ha gastado su última muerte política.

Pues eso

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